martes, 17 de abril de 2018

LA VACUNA





CIRCO FREAK
“UN VIAJE AL PARAGUAY”

CAPÍTULO UNO

Todo empezó con que me tenía que pinchar. Yo, que no tomo ni una aspirineta porque me da miedo a un posible efecto colateral.
Pero me vi atrapado es que tenía miedo a que me pinchen en un edificio público feo. Pero por otro lado  lado también tenía miedo de que me pique un mosquito en Asunción del  Paraguay.
Estoy atrapado en mis propias paranoias.
Entonces no tuve más opción que elegir entre alguna de las dos.
Creo que elegí bien en vacunarme porque el pinchazo es menos de un segundo y después tratar de no pensar.
Pero estar cinco días en Asunción totalmente abrigado y embadurnado con repelente con temor a ser picado no era negocio. Hubiese sido un martirio el viaje. Y la idea era disfrutar y tratar de alguna manera de descansar dentro del extenso itinerario.
Entonces esa mañana me aventuré, tomé valor, me preparé psicológicamente. Me levanté temprano en la casa de Silvana, quien es médica en el Hospital Provincial.
Dejamos el auto en el parque Urquiza porque dice que sino se la pasa dando vueltas y nunca consigue lugar para estacionar.
Es sacrificada la vida de un profesional de la salud. Y más si es de la pública.
Ya de temprano estaba puteando a todos.
Un salame tocaba bocina a la altura del Monumento para pasarnos e ir a purado a ningún lado. Tal vez iba en busca de su propia muerte.
“Ese es igual de hijo de puta del que mató al colectivero”, comenta. “Igual de violento”, agrega.
La sociedad por estos días está más consternada que nunca.
Vive en una guerra sin sentido. Dialéctica y física.
 Hay un audio del Baby Etchecopar que se hizo viral sobre la inseguridad y todos están que trinan.
Yo trato de armarme mi micromundo. 
Ni bien nos levantamos me puse a tocar la guitarra, la cual estoy tratando de aprender a tocar desde que nací, pero ahora la cosa parece que viene en serio porque me compré una nueva.
Pequeñas lagunas de tranquilidad en el mundo que vivimos.
Caminamos las cuadras hasta calle Alem y ahí nos topamos con una larga cola, “naaaaa”, le digo.
Quedate, me sugiere.
Al rato aparece una morocha con los turnos, que  son hojas tipo  “A 4” que hay que completar.
“Sólo hay 70 dosis”, acota.
La miro a Silvana, me vuelve a decir que me quede.
Yo no puedo creer. Salgo con una persona que es médica  de acá y no me consigue una onda para que me vacunen.
Si yo fuera camillero de este lugar tendría una organización con una red de abogados contadores y tráfico de órganos
Finalmente le hago caso pero empiezo a dudar cuando me llegan los mensajes de whatsapp y los llamados.
Vidrios rotos de autos. Clausulas de no repetición en un certificado de A.R.T.
Cosas que le pasan a los productores de seguros.
Hoy más que nunca todo es aquí y ahora. Y no hay tiempo de esperar.
Nadie quiere esperar.
Y menos yo la mañana de un martes. Porque cualquier cosa que tenga que hacer es más importante que esto. Esperar entre gente común.
La intendenta Mónica Fein hará cola para irse a vacunar?, pienso.
 Para colmo de males comienzan los comentarios de pobres:
"Yo ahora me voy a ir a poner la del tétano y la de la fiebre hemorrágica"
"Están desalentando que la gente se vacune, por eso  se demoran"
"Uyyy tengo que ir a hacer unos estantes porque necesito plata "
No tengo dudas, me voy a la mierda.
Le aviso a Silvana por whatsapp.
Me manda un audio: “Quedate, ya que estas acá quédate”
Tiene razón, sino no lo hago más.
Me empiezo a entretener. Una pareja al lado me cuenta que se van a San Pablo a ver a Central. Hablamos de fútbol.
Después aparece la miseria humana. Se quieren colar. Aprovechan cuando la morocha se acerca a contarnos sobre los posibles efectos de inyectarse la dosis para neutralizar la fiebre amarilla.

Yo no quiero escuchar nada. Ya que me digan que me van a infectar parte del virus me aterra. Eso es lo único que se y es demasiada información.
Hay cosas que es mejor no saber.
Tampoco me importa si se me colan.
Justificaría mi cobarde huída.
Me entretiene cuando estoy relajado ver las miserias humanas.
Una mujer que bien podría ser una doña Florinda que cree que no es de  la chusma, se adelanta por un costado, con un niño en brazos,  y con aires de importante.
Una amiga la secunda y hace ademanes. Doña Florinda le dice que mejor se van que no pueden perder tiempo, que luego lo arreglan, que que se yo. A nadie le importan.
Hacen circo. Los de la fila miramos. Llegaron una hora después. Esto si que es Argentina.
Automáticamente la pareja de canallas la pone en su lugar. Físico y ético.
Se acerca la morocha tras filtrar embarazadas, viejos, o gente ya vacunada. Increiblemente quedan cuatro turnos y yo soy el 70.
Aparece un tipo con un papel que le dice “este es el que le dieron a mi señora, yo estaba con ella llegué después”.
La morocha lo limpia porque tiene que estar presencialmente. Re plantada. Este es el tipo de gente que construye un país.
Y si, tenia que ser.
Tenia que vacunarme hoy.
No hay dudas. Es el mundo. Es la magia.
Salís con una médica que trabaja en el Provincial. Te lleva a su lugar, te alienta. Te apoya moralmente.
Y a pesar de amargar varias veces en irte te quedás y sos el último de todos. El último número.
Nunca en mi vida gané nada de sorteos. Y me toca esto.
Adentro sigue la cola depurada, somos  “los setentas”. Bien al estilo como los números de las tragedias. Los minerso, el ara san juan. O bien de serie de ficción al estilo Lost.
Todos por una dosis.
Como se que se va a seguir demorando pero ya el turno lo tengo me voy al bar de la esquina a ponerme a laburar.
“En cuanto te parece que vaya”, le escribo a Silvana.
“Volvé ya”, me responde esfumando con ese  mensaje mi última excusa de zafar, que ya no vacunen cuando vuelva o que haya una amenaza de bomba en el Hospital. Cosas comunes que pasan en la civilización.
Vuelvo. La cola es más corta. Aparece Sil. Está contrariada con el teléfono, planillas y anotaciones.
Faltan colchones, le dicen.  Además falleció un  gordo que se mueren y tienen que llamar a bombeos y defensa civil para que sea trasladado.
Cosas cotidianas para ella como para mi lo es una abrochadora o un cortapapeles.
En la cola hay otra gente que se viene a vacunar para otras cosas,  pero se ven obligados a dejarme pasar porque “primero van los del turno de la fiebre amarilla”.
Y si se confunden y me ponen otra cosa?
Una vieja que recién llega, tose, se adelanta y dice “estoy mareada”, déjenme pasar asi me siento.
Porque la cola va desde un patio a una sala de espera.  Una mujer le dice “siéntese en el banco de ahí” señora, señalando uno contiguo a la sala. La vieja no tiene opción. Lo intentó. Argentina señores, estamos todos curtidos.
Finalmente me toca, ingreso, son tres las verdugos. Me saco la camisa porque tiene mangas largas.
Quiere mostrar los musculos dice una.
Les aclaro que soy un cagón que hagan lo que tengan que hacer pero que tengan en cuenta que soy un cagón.
Me inyectan. Siento cosquillas en los dedos de la mano derecha. Hago la v de la victoria con la otra mano al aire y grito Viva Peron. Me chupa un huevo Perón. Son gritos de guerra. Podria haber gritado Nisman.

Misión cumplida, les doy las gracias. Pienso en mis amigos, Beltran y Ale Perez que alguna noche trasnochados en el Bar El Riel seguro se les ocurrió viajar 20 horas a Paraguay para patear una pelota y por eso yo me tengo que hacer pinchar por una señora con cara de fumadora en un edificio público y feo.
Por suerte aparece Silvana y el sol la ilumina. Es mediodía.
Le digo de ir a fumar a un pucho y me lleva a un patio de atrás. Parece una cárcel.
Me cuenta que no tiene sentido esa vacuna por el viaje a Asunción en si, que el mayor riesgo lo tengo acá. Que hay que vacunarse contra la fiebre hemorrágica, esa es la que va. Que en lo que va del año en ese hospital murieron dos.
Podría terminar este capítulo acá porque parece un chiste pero no quiero dejar pasar que antes de irme le pregunté exactamente por donde no tenía que pasar.
No vayas por ahí, me respondió señalándome un sendero que hay en un jardín.
Una  vez me contó que si pasas por ese lugar te viene la mala suerte. Es algo que solo saben los que trabajan en ese lugar.
No me iba arriesgar y menos después del hecho heroico que fue vacunarme.
Caminé hacia la zona del río, en zigzag entre las calles del centro  porque parece mas corto.
Habia mucha vida. Movimiento. Bicisendas. Negocios.
Pasé por Calle San Juan, Laprida, Mendoza, 1 de mayo, entre otras. Bien podría ser cualquier ciudad de Europa.
Me chupa un huevo Europa.
Lo que quiero decir es  lo lindo que está Rosario.