lunes, 16 de mayo de 2022

EL ECLIPSE TOTAL DE SOL

Estamos apostados frente al paseo ribereño a la espera del eclipse total de sol, resguardado detrás de los alambres y arbustos, dentro del club.

El fenómeno empieza a suceder y realmente es fascinante por demás asombroso e inesperado en su cualidad.

Ni por asomo se compara lo que estamos viendo al lado de la vez que me senté con la reposera por iniciativa de mi abuela en la terraza a la espera del paso del cometa Halley u otros eclipses anteriores, como el anterior a este que me encontró entrando al negocio de zapatillas de Génova y Alberdi mientras el cielo se oscurecía de forma repentina y un brillo nos acaparaba. La recomendación es no mirarlo sin protección, algo que no pude acatar, ya que la curiosidad fue mayor, y escondido entre Flechas, Topper y Pamperos lo espié.

Perdí la vista por un momento y caí convulsionando sobre la alfombra del histórico local. La asistencia de su propietario, Eduardo Colón, fue crucial, quien leyendo un extracto del libro "Sinceramente"  que tiene escondido en la caja registradora me hizo recobrar la conciencia.

Pero lo que estamos viendo acá es inusitado ya que el cielo comienza a oscurecerse tornándose grisáceo y unas luces comienzan a dibujarse en él, algo que jamás, nadie ha visto a la fecha.

Vemos dibujado el planeta Saturno, solo podemos ver su contorno lumínico que pasa surcando el horizonte como un satélite veloz.

Se encienden las estrellas que se mueven de un lado a otro. Nuestro asombro comienza a transformarse en encantamiento y pequeñas dosis de pánico el cual decididamente se apodera de nuestras mentes cuando vemos que sobre el río, a la vera de donde nos encontramos, viendo el fenómeno natural, hasta escasos minutos maravillados y entusiasmados, aparecen y quedan estáticas por un momento un conjunto de tres naves espaciales.

Luego de esto comienzan a salir de ellas cables cual tentáculos que se dirigen hacia donde estamos.

Ahora si el pánico y el caos es total y empezamos a correr despavoridos para cualquier lado, sin  ningún tipo de sentido, buscando un resguardo. Una voz robótica dirige los tentáculos y dice a quienes debe buscar.

Es cuando me anoticio que soy uno de los elegidos algo que se sin comunicación verbal, es una vibración interna que me hace saber que están en mi búsqueda.

Estoy apoyado a una pared con ambas manos en ella, de espaldas, con las canchas de tenis delante mio, trato de pensar con algo de tranquilidad mi próximo movimiento.

Espío el paseo ribereño y veo un tumulto de gente, luego de ellos noto como están entre varios zapateando a un alienígena.

El pueblo tomo la callé, y camina buscando apoderarse o vengarse con lo primero que aparezca a mano. Lo veo entre remeras de fútbol que se asoman por abajo de los buzos y vino en tetrabrick cortado que pasa de mano en mano.

Maccarone se acerca a mi lado en la misma y comparte mi actitud sigilosa.

Tiene una chomba y chaleco tipo sweater además de lentes de ver, barba cuidada y mirada celeste.

"A mi también me están buscando" - me comenta entre el pavor y los gritos.

No lo creo nada, siempre quiere ser protagonista. Tampoco llego a contestarle ya que veo entrar una columna de gente por el medio de las canchas de tenis que luego comienzan a romper con palos la puerta del buffet que está próxima a nosotros. Lo terminan logrando y entre decenas de brazos comienzan a pasarse botellas de Quilmes.

La voz que sucumbe al vibrar en mi interior dice que solo falto yo por lo que en un rapto de sagacidad corro hacia el vestuario de mujeres ante la clara visibilidad por parte de las naves de mi huida, ocasión en que los tentáculos comienzan a esparcirse entre el polvo de ladrillo, llevándose puesto todo en el camino tras mis pasos sin poder llegar a mis talones ha pesar de estar a milímetros.

Logro antes bajar por el túnel que conecta al vestuario de damas, entre la oscuridad y la escasa claridad lumínica que entra por las ventanas, entre la humedad y las paredes descascaradas, entre el olor a cloro y a edificio viejo.

Logro llegar al cuarto y último subsuelo en la mejor decisión que puedo tomar y allí me encuentro con el silencio y la quietud de desconocidos que tratan de esconderse de la situación.

Los veo sentados sobre un banco de hormigón, la comunicación solo son los semblantes de nuestra preocupación a excepción de una pequeña persona que me mira y sonríe y noto que está iluminada desde adentro.

Es un humanoide que está advirtiendo a las naves que me encuentro allí.

Lo comienzo abrazar apretándolo con toda la fuerza posible, algo que aumenta al sumarse la ayuda de quienes estaban allí junto a mi.

Luego de ello el humanoide explota, desintegrándose, dejando solamente polvo en el aire y es cuando finalmente cedemos en nuestro esfuerzo.

Escucho en mi interior como las naves deciden abortar mi búsqueda y emprenden la retirada, es cuando siento algo de tranquilidad y me dejo caer al suelo, sentando contra la pared.

Las pulsaciones comienzan a desacelerarse de y la sudoración se seca.

Del hueco que está bien arriba y oficia de ventana entra, decididamente, un rayo de luz solar.

Comienzo a buscarlo de forma ascendente por las escaleras.

El miedo se diluyó no así la cautela.

Finalmente llego a ella y puedo ver el paseo ribereño, con su río e islas por detrás.

La calle me devuelve al pueblo movilizado, con palos y con antorchas, rompiendo la reja y atravesando los arbustos, el límite entre la calle y este club.

miércoles, 13 de abril de 2022

EL BORRACHO AZUL


El borracho azul está en la barra

A nadie le importa que esté solo y que esté borracho.

Lo llamativo  es que es azul

Bebe solo y reflexiona.

Del otro lado de la barra los empleados hacen sus tareas

Él no habla con nadie, pero todos saben que está ahí. Más por ser azul que por ser borracho.

Fue un muchacho jovial y alegre el que se le acercó y le preguntó: "Hey tú, borracho, ¿sabes que eres azul? a lo cual respondió: "pero porque no te vas a la puta que te parió".

Siguió tomando aquel borracho solitario y azul ante la lejanía en el sentimiento de las personas hacia él.

Y fueron noches, semanas y meses que estuvo parado frente a la barra de aquel viejo bar hasta que una noche llegó un nuevo borracho, fosforescente.

Fue la primera vez que se interesó en algo más que en la carga de su vaso y pensar en su derrotero.


G.M.

jueves, 6 de enero de 2022

EL PRESIDENTE

 - Señor presidente, mire, lo más conveniente va a ser que usted desvíe su camino. 

Tenemos todo organizado para trasladarlo en  limousine y que empiece hoy su descanso en la quinta. Aquí puede ver el plano, este es dibujo del coche y vamos a ir por esta línea de puntos - apuntó  George sobre uno de los mostradores de madera con un papel que sacó de su bolsillo en el cual hizo unos trazos infantiles con una lapicera de tinta azul ante la mirada desorbitada del presidente.

El presidente se quedó pensando, apoyado de espaldas en el mostrador de enfrente y analizaba esa posibilidad. El garabato de auto alargado en el papel con esa línea le transmitía algo de seguridad.

Pero no podía evitar desconfiar como lo fue haciendo cada vez más desde los tiempos de campaña en los cuales todo había sido muy intenso y estresante.

Los viajes, la presión de las corporaciones, las operaciones políticas y las redes sociales. 

Los años en el poder, luego, habían sido desgastantes, casi no había tomado vacaciones a no ser por ese fin de año en Aspen del cual tuvo que regresar antes de lo previsto por la amenaza de misiles rusos que llegarían desde Cuba.

 Había perdido vida, en poco tiempo envejeció y su aspecto estaba desalineado.

- Creo que son estas - dijo Wil tras estar hurgando en una estantería plagada de cajitas de cartón de muchos colores desde una escalera portátil de tres peldaños.

George lo miró desde el mostrador. El presidente, siempre atento a cualquier estímulo estaba alerta. El cortisol corría por sus venas y parecía emanar de sus poros.

Will se acercó a George y, tras sacar un papel de adentro de la pequeña caja que traía del estante, e inclinarse sobre él  para que pueda verlo leyó en voz alta, acomodándose los lentes: "Benzodiazepinas".

El presidente se asustó al sentir que algo se le estaba ocultando y tembló para sus adentros, tomándose el pecho con ambas manos en señal de auto resguardo.

Will y George hablaban susurando detrás del mostrador y lo miraban de frente, como analizándolo. Los ojos de Will parecían agrandarse detrás de sus cuadrados lentes y sus enormes cejas grises.

- ¿Qué está pasando?,-preguntó a ambos-, puedo sentir que algo está pasando y no me lo están diciendo.

- Tranquilícese señor presidente, estoy organizando la retirada - trató de transmitir tranquilidad George.

El presidente pareció recomponerse y caminó haciendo crujir el piso de parquet del viejo recinto y traspasó el mostrador por un costado, frente al ventanal que da a la calle.

- Díganme la verdad , está pasando algo , insistió más calmo.

- Tranquilícese señor presidente, ya nos vamos a ir.

El presidente comenzó a caminar por el interior del local  entre las estanterías plagadas de cajitas y espejos que le devolvían su rostro sumido en la enajenación. Notaba como era analizado por Will quien  a sus exagerados lentes cuadrados le había sumaba una lupa que hacía que su ojo se viese impactante.

Mientras caminaba por el salón a paso firme y con ambas manos cruzadas en su espalda sentía la respiración de Will quien lo perseguía con lupa como un fantasma con su blanco y pulcro delantal.

El presidente farfullaba palabras sobre la posibilidad de establecer una cuarentena y un cerco naval sobre la isla de Cuba. Hablaba sobre una posible guerra nuclear y misiles balísticos.

Comenzó a transpirar y a pegarle a uno de los mostradores.

George se le acercó y le pidió tranquilidad algo que logrón con escuetas palabras: Ya todo fue resuelto en la conferencia de Helsinki.

El mandatario buscó por encima de los hombros de su asesor a Will quien misteriosamente se había esfumado.

Pareció volver en si y, sonriendo cómplice con su interlocutor bromeó: "Los rusos, podríamos bombardearlos en cinco minutos".

Luego se cruzó de brazos volviéndose a apoyar, esta vez, sobre el mostrador de la caja registradora, desde donde inmediatamente George lo retiró.

Volvió a ponerse serio mientras George se dispuso a revisar unos papeles que tenía en un bibliorato. 

Se mantuvieron unos minutos en silencio hasta que una luz roja y azul giratoria invadió la parquedad del local.

A los pocos segundos dos uniformados ingresaron al local y miraron a George quien asintió sin mediar palabras y tomaron de ambos brazos al presidente a quien invitaron a retirarse.

El presidente subió al asiento de atrás del móvil de la policía metropolitana mirando la fachada del local vidriado desde donde divisó, tras la puerta de entrada, la figura de Will quien lo contemplaba una vez más con sus exagerados lentes y su gran lupa.

Ya estaba oscureciendo. George quedó solo en su vieja ferretería de la Old Brompton Road de Londres y comenzó a cerrar el negocio predispuesto a irse al pub