domingo, 11 de noviembre de 2018
COMUNICACIÓN
Otra vez la misma sensación de que alguien va a entrar a la casa
Estoy en la parte de arriba, es de noche.
Afuera solo hay oscuridad
Las ventanas no tienen rejas.
Escucho a la abuela que baja las negras escaleras de mármol que resisten las reformas que una y otra vez le hicieron a la casa. Baja arrastrando el camisón con sus pantuflas.
Las copas de los árboles se mueven en la negritud y contrastan con el cielo.
El viento sopla inclemente
Hay presencias merodeando la casa y el jardín no tiene cerca.
Todo es de un tiempo en el que no hacía falta el resguardo.
Tapiales sin rejas ni arbustos.
Y ella sigue bajando las escaleras mientras la noche nos acecha.
Yo se que no estamos más en esa época.
Y comienzan a surgir las voces. Y el ruido de una ventana que intenta abrirse.
Y la abuela pide ayuda y me llama.
Bajo las escaleras con prisa y el miedo me oprime los músculos de las piernas.
Llego al teléfono del comedor que no existe más como era y comienzo a discar con un dedo.
El número de la policía no se si es el 911 en ese tiempo.
Pienso lo que voy a decir rápido en esos microsegundos, ser claro, que es la casa de Rondeau y Vucetich, la esquina sur, la numeración 2824 o 3092 según la época.
Decir que alguien quiere entrar a la casa, contarlo rápido.
Seguro me van a pedir más precisiones, no se que más les voy a poder decir, apurado y consternado.
Pero no llego a hacer esa llamada y todo se evapora al despertar.
Una vez más ella me quiere decir algo desde el más allá.
miércoles, 7 de noviembre de 2018
MERCA
Estábamos sentado en unos sillones, en el medio de la peatonal Cordoba, entre Corrientes y Entre Rios a la altura de Yogurt Time.
Allí estábamos en ronda, Hans a mi lado izquierdo y luego siguiendo las agujas del reloj, Eloy, Tito, Leandro, Coki y más al lado mio Popono.
Hablábamos sobre la fiesta de carnaval en el club Regatas. Todos daban su punto de vista.
Yo que tenía de frente a Eloy y a Tito pensaba en el estilo de ambos para tocar el bajo.
La convesarción corría, Popono, ponía dosis de humor y alegría.
Yo di mi parecer, entusiasta, sobre como debería ser esa fecha, y hablé tanto y rápido que se acercó uno que pasaba y me preguntó si tenía merca. Asi de directo.
La noche en cuestión llegó, Regatas explotaba de gente, el parque estaba copado por una multitud, el escenario armado mirando al sur.
El Flaco Pérez corría de un lado a otro.
Subieron las bandas más conocidas y nosotros, los bacorales, quedamos atrás del escenario.
Empezaron al revés.
Hans mostraba signos de preocupación, pintaba para que no tocáramos.
Leandro estaba indiferente a la situación y Tito estaba en pedo.
Tras bambalinas esperábamos nuestro turno.
Las bandas que pasaron ante la buena recepción del ecléctico público lo hicieron por un lapso breve.
Cuando estaban Los Vándalos en escena, Popono me hizo señas para que suba a cantar con el.
Subí y comencé a correr de una punta a otra del escenario con el micrófono cantando El Principito.
Popono reía, la gente bailaba. Era una fiesta.
"Si subimos acá con Los Bacorales nos matan, cagamos todo, no tiene nada que ver", pensaba mientras cantaba.
Y ni siquiera nos dieron a elegir, el Flaco Pérez dio la orden desde un megáfono.
"Listo, basta de bandas", asi sin nada de carpa. Nada de cuchicheos ni órdenes por walkie talkie.
Cuestion que el disc jockey metío música y se vino la pachanga.
Para mi eso fue un alivio.
Hans me miraba en el camarino improvisado entre juegos para niños con cierto enojo.
Un enojo sin sustancia. Un enojo con él, el típico enojo para conmigo por no hacer nada.
Pero bueno, ahi estaba el ruborizado, mirada triste.
Tito no se enteró que no tocamos. Leandro ya estaba bailando con un sombrero de color, anteojos y bigotes de cotillón, bailaba con su esposa y sus 7 cuñadas.
No tenía sentido que toquemos, íbamos a cagar la fiesta. Creo que Pérez lo entendió.
Nos salvó la campana, sin dudas. Son cuestiones energéticas del momento que uno debe saber leer.
A Hans el entusiasmo de colgarse la guitarra y salir a escena no lo deja ver esto.
Al cabo de unas horas estábamos todos en la pista hasta que sobrevino el ataque de platos voladores.
Existían entonces, pensé.
Desde el lado del río comenzaron a acercarse naves espaciales, tal como las vemos en filmes.
Me asusté, me aferré al flaco perez que reía.
Emepezaron a disparar rayos láseres y a romper parte de las estructuras del club.
La heladería, los parrilleros, la pared contigua al paseo ribereño.
Rajemos, por favor rajemos., dije.
La gente húía despavorida para buscando la salida por cordiviola.
Ale me dijo tranqui, es un holograma, no pasa nada.
Era todo muy real.
Fue una maniobra disuasiva para echar a la gente, sino se quedan en el club y arman lío.
Pero era muy real el efecto ,esas naves hologramas que vinieron desde el cielo parecian reales, incluso los daños.
No existen me dijo ale, ya cuando estábamos cerca del bebedero contiguo a las canchas de tenis.
Me tranquilicé y mientras tomaba aire, ale me comento lo que existe es esto.. y en ese momento tomó un pedazó de mapostería que había en el suelo y la arrrojó sobre una de las canchas que a esa hora tenía la luz encendida y habia gente jugando.
alli estaba mi viejo que iba a buscar una pelota al fondo cuando esquivó el proyectil de gran tamaño.
le hubiera roto la cabeza.
de todas maneras, en el trayecto en que corría buscando la pelotita tuvo la reacción como para esquivarlo.
me miró en silencio, enojado, pero no dijo nada. quiza era desubicada esa hora de la madrugada pra estar jugando.
decidí irme, la fiesta me había hecho pasar momentos confusos y hasta de miedo y preocupación por cosas que no dependían de mi.
con esa sensacion de agobio tome mi moto zanella y me escapé al cordón industrial, para la zona de fray luis beltrán.
ya amanecía y encontré un quiosco atendido por un muchacho joven que tenia un tatuaje en su brazo.
le pedí una coca que me cobro cinco pesos.
eso es lo bueno de alejarse de rosario, es todo mas barato afuera, pense mientras le daba el billete.
mientras me habría la botella el muchacho me preguntó
vos tenes merca?
a lo que respondí que no tomaba.
tal ves el gesto que hago de que me toco cada tanto la nariz haga pensar eso, o sea algun código oculto y por eso me piden, pense.
o tal vez porque sueño este tipo de cosas locas.
Allí estábamos en ronda, Hans a mi lado izquierdo y luego siguiendo las agujas del reloj, Eloy, Tito, Leandro, Coki y más al lado mio Popono.
Hablábamos sobre la fiesta de carnaval en el club Regatas. Todos daban su punto de vista.
Yo que tenía de frente a Eloy y a Tito pensaba en el estilo de ambos para tocar el bajo.
La convesarción corría, Popono, ponía dosis de humor y alegría.
Yo di mi parecer, entusiasta, sobre como debería ser esa fecha, y hablé tanto y rápido que se acercó uno que pasaba y me preguntó si tenía merca. Asi de directo.
La noche en cuestión llegó, Regatas explotaba de gente, el parque estaba copado por una multitud, el escenario armado mirando al sur.
El Flaco Pérez corría de un lado a otro.
Subieron las bandas más conocidas y nosotros, los bacorales, quedamos atrás del escenario.
Empezaron al revés.
Hans mostraba signos de preocupación, pintaba para que no tocáramos.
Leandro estaba indiferente a la situación y Tito estaba en pedo.
Tras bambalinas esperábamos nuestro turno.
Las bandas que pasaron ante la buena recepción del ecléctico público lo hicieron por un lapso breve.
Cuando estaban Los Vándalos en escena, Popono me hizo señas para que suba a cantar con el.
Subí y comencé a correr de una punta a otra del escenario con el micrófono cantando El Principito.
Popono reía, la gente bailaba. Era una fiesta.
"Si subimos acá con Los Bacorales nos matan, cagamos todo, no tiene nada que ver", pensaba mientras cantaba.
Y ni siquiera nos dieron a elegir, el Flaco Pérez dio la orden desde un megáfono.
"Listo, basta de bandas", asi sin nada de carpa. Nada de cuchicheos ni órdenes por walkie talkie.
Cuestion que el disc jockey metío música y se vino la pachanga.
Para mi eso fue un alivio.
Hans me miraba en el camarino improvisado entre juegos para niños con cierto enojo.
Un enojo sin sustancia. Un enojo con él, el típico enojo para conmigo por no hacer nada.
Pero bueno, ahi estaba el ruborizado, mirada triste.
Tito no se enteró que no tocamos. Leandro ya estaba bailando con un sombrero de color, anteojos y bigotes de cotillón, bailaba con su esposa y sus 7 cuñadas.
No tenía sentido que toquemos, íbamos a cagar la fiesta. Creo que Pérez lo entendió.
Nos salvó la campana, sin dudas. Son cuestiones energéticas del momento que uno debe saber leer.
A Hans el entusiasmo de colgarse la guitarra y salir a escena no lo deja ver esto.
Al cabo de unas horas estábamos todos en la pista hasta que sobrevino el ataque de platos voladores.
Existían entonces, pensé.
Desde el lado del río comenzaron a acercarse naves espaciales, tal como las vemos en filmes.
Me asusté, me aferré al flaco perez que reía.
Emepezaron a disparar rayos láseres y a romper parte de las estructuras del club.
La heladería, los parrilleros, la pared contigua al paseo ribereño.
Rajemos, por favor rajemos., dije.
La gente húía despavorida para buscando la salida por cordiviola.
Ale me dijo tranqui, es un holograma, no pasa nada.
Era todo muy real.
Fue una maniobra disuasiva para echar a la gente, sino se quedan en el club y arman lío.
Pero era muy real el efecto ,esas naves hologramas que vinieron desde el cielo parecian reales, incluso los daños.
No existen me dijo ale, ya cuando estábamos cerca del bebedero contiguo a las canchas de tenis.
Me tranquilicé y mientras tomaba aire, ale me comento lo que existe es esto.. y en ese momento tomó un pedazó de mapostería que había en el suelo y la arrrojó sobre una de las canchas que a esa hora tenía la luz encendida y habia gente jugando.
alli estaba mi viejo que iba a buscar una pelota al fondo cuando esquivó el proyectil de gran tamaño.
le hubiera roto la cabeza.
de todas maneras, en el trayecto en que corría buscando la pelotita tuvo la reacción como para esquivarlo.
me miró en silencio, enojado, pero no dijo nada. quiza era desubicada esa hora de la madrugada pra estar jugando.
decidí irme, la fiesta me había hecho pasar momentos confusos y hasta de miedo y preocupación por cosas que no dependían de mi.
con esa sensacion de agobio tome mi moto zanella y me escapé al cordón industrial, para la zona de fray luis beltrán.
ya amanecía y encontré un quiosco atendido por un muchacho joven que tenia un tatuaje en su brazo.
le pedí una coca que me cobro cinco pesos.
eso es lo bueno de alejarse de rosario, es todo mas barato afuera, pense mientras le daba el billete.
mientras me habría la botella el muchacho me preguntó
vos tenes merca?
a lo que respondí que no tomaba.
tal ves el gesto que hago de que me toco cada tanto la nariz haga pensar eso, o sea algun código oculto y por eso me piden, pense.
o tal vez porque sueño este tipo de cosas locas.
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