miércoles, 7 de agosto de 2019
EL SUEÑO DE JOSÉ
José trabaja junto a su amigo Manuel en el Hostel de Leo.
A ambos los une la misma historia, la de escaparse de un régimen hostil hacia sus compatriotas.
Ambos son venezolanos.
Uno, José, tiene 30 años. El otro, Manuel, un poco más.
Llegaron a Rosario con sueños, esperanzas y una alegría innata.
En el hostel de Leo se sienten bien, tienen cama, comida y agua caliente.
Y tienen un sueldo por trabajar en turnos que van rotando.
Saben hacer un poco de todo y lo que no saben hacer lo miran y lo aprenden.
Leo es, además del jefe del hostel, un buen carpintero.
Con cualquier madera te hace un mueble entre puchos y cervezas.
Y José lo mira con su tez morena y sus lentes de aumento atento, ayudándolo cuando Leo lo requiere y de a poco se va soltando y toma el serrucho o martilla un clavo.
El Manu se acerca con un mate. Le encanta el mate.
José sonríe mientras encorvado corta un pallet y le comenta a los dos "qué bueno, ahora que estoy aprendiendo esto cuando vuelva a Venezuela me voy a hacer unas cabañas para alquilar".
Y van pasando sus días, haciendo refacciones en el hostel, encargándose de la limpieza, de hacer las camas, hacer las reservas, recibir a los huéspedes, atenderlos y cobrarles.
También les gusta mucho cocinar, la cocina del lugar es amplísima y tienen todos los elementos necesarios para el arte culinario.
Con poco dinero se la rebuscan en un almacén y hacen platos venezolanos que comparten con Leo.
Arepas que pueden comerse a toda hora, catalana frita y el pabellón criollo, el que comían "allá" cuando llegaban de una larga noche de juerga.
Cuando Leo se copa les afloja un billete mientras toca la viola y fuma y los dos amigos se van de compras. Infaltable que traigan puchos y latas de cerveza.
Por las noches miran alguna serie de Netflix, José se enganchó con una de Bolivar y al terminarla se puso a ver una de San Martín, dice que no puede creer lo groso que era ese tipo.
A los dos le gusta mucho la historia y leer.
El Manu es "Ingeniero mecánico con mención en mantenimiento" y tuvo varias entrevistas, las cuales fue sorteando, para ingresar al frigorífico Swift. Estuvo ahí nomás, incluso lo habían designado líder en las pruebas que se hicieron en grupos. Dice que no se le dio porque le faltaba experiencia en ese rubro específico y que, si no mejora la cosa, para fin de año se va para Barcelona.
En lo que si tuvo experiencia aquí fue en la construcción y en un bar de la isla, frente a La Florida.
Tiene más rodaje en Rosario que su amigo y ya conoce bien la idiosincracia, si hasta estuvo un miéRColes en nuestro caribe, el Canalla.
José vino después, quizá por eso paga derecho de piso y está en el turno noche.
Aunque está bastante tranquilo, sobre todo entre semana, que se tira a dormir en el sofá o se pone en la recepción con la compu, custodiado por el cuadro del señor Burns, quien mira juntando sus manos con un gesto codicioso sobre la palabra "excelent", su latiguillo.
Sentado allí, lee noticias de su país, se escribe con amigos o con alguna novia que quedó "allá".
Intercambia opiniones, se preocupa, e integra un grupo de Facebook de venezolanos en Rosario.
Hace unos días me contó, muy contento, sobre un sueño que tuvo.
Me dijo que estaba con el Manu y con el Leo en la cocina, tratando de resolver algo del gas, que no se acuerda bien si era un caño o el calefón, la cuestión es que estaban los tres bien concentrados y serios tratando de resolver y que, en un momento dado abrió la puerta del patio de atrás, el que conecta con la escalera donde se va al segundo piso, entrepiso y terraza del inmenso Hostel Point, a las partes donde Leo cada vez va menos y que, en vez de ver en ese patio la parrilla, los tachos, las maderas, los serruchos y las sillas apiladas vio su playa, la playa Zaragoza del Valle Pedro González.
Que tras abrir las viejas puertas de madera recién barnizadas puso un pie en la arena y de frente tenía el mar caribe.
Que ahí estaban todos sus amigos y estaba su papá, de 96 años. Que se tomaron un cuba libre y se quedaron hablando.
Y también me contó que se levantó con una sonrisa.
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