martes, 19 de noviembre de 2019

LA VUELTA


Hay un momento de "la vuelta",
es un momento sonoro,
que marca el fin del viaje.
Es cuando el conductor mete un rebaje de quinta al llegar a la urbanización,
se siente un ruido muy particular,
hasta se percibe visceralmente.

De ahí en adelante el motor empieza a sonar distinto,
ya no volverá a estar en quinta.
Ahora luchará entre primera y como mucho tercera hasta llegar a destino.
La quinta dice "chau, hasta la próxima aventura, llegaste a Rosario".
Abrís la puerta para bajar y entra una bocanada de humedad,
saludas a los que quedan en el auto que portan siniestros rostros de preocupación....

Por Juan Manuel Aronna

jueves, 7 de noviembre de 2019

MI GORILA PREFERIDO

Esta historia transcurre a fines de la maravillosa década del ochenta, entre colores encendidos, música, alegría futbolera, aires frescos de libertad e hiperinflación.
El escenario es la ciudad de Rosario, un año antes de los saqueos a los supermercados y tiene como protagonista a mi amigo, el profesor Alejandro Viscuso.
Por lo general, al escribir, trato de partir de una idea, una historia que me contaron, una vivencia personal o un sueño y luego comienzo lo que puede ser una crónica o un relato con introducción, nudo y desenlace.
Por única y última vez

martes, 15 de octubre de 2019

"En fin de año no debe organizarse nada"


Pero nada, nada de nada, incluso prohibirlo por ordenanza, una vez lo hablé con unos concejales, y se me cagaban de la risa,.
Yo propongo descentralizar los festejos de esa época porque nadie la termina pasando bien.
 Los salones salen mas caros, te transpira el culo cuando te vestís para una graduación, no hay taxis, gastas 4 lucas por día, comés 5 mil o 6 mil calorías por día entre canapés y comida chatarra, chupas toooodos los días, dormís mal. Cualquier boludo que tiene un pyme de 2 empleados organiza su despedida de año "de la empresa", se junta con las mesas de exámenes lo que genera estrés en el ambiente junto a  los cierres de balances.  A los camarógrafos les piden un "videito" con los bloopers para poner en las redes y que los vean 15 personas, lo que no cobrás en diciembre, no lo cobras hasta mediados de febrero, colapsan las rutas, el centro se convierte en una caldera, todas las señoras amontonadas comprando regalos de mierda para sus parientes como  medias a los haitianos y anillos de bijou, "los pibes" juegan la final de futsal y hay que ir, Juan Carlos presenta su nuevo disco y hay que ir, La Raíz, la galería de arte presenta una muestra de tampones usados y hay que ir, en el medio  se casan Tito y Tita y como si fuera poco tenés el cumpleaños del Pillo, Belén, Leo, Oreja, Ale Dipa, Bruno Z, ,Martín Mie, Sandra Beta, Raquel Gomez,  Esteban Perez y el Colo Parenti. 
Aaah y, a todo esto sumale que Centralito tiene que ganar o se va a la B.

Este texto es de mi amigo Pil

domingo, 13 de octubre de 2019

LOS PENALES DESDE LA CÁRCEL

El Lito tiene muchas historias de cancha.
Una que algún día podría ser un libro es la del viaje más largo de la hinchada de Central en colectivo.
Estuvo diez días viviendo adentro de un micro cuando en San Pablo Central disputó un partido en el estadio Morumbí por cuartos de finales de la Copa Libertadores. Corría el año 2004.
Pasó de todo. Estuvieron presos en Brasil y en Argentina.
Conocieron las cataratas. Estuvieron en la playa y llegaron al estadio en traffic sin dinero.

Dos días estuvo guardado en Mendoza, éramos los mejores amigos de la fiscal y creo que el comisario no me soportaba más el último día que estuvo Lito allí, ya que estuvimos todo el día en la puerta y no le paré de hablar
Realmente no fue gracioso entrar y ver en el lugar que estaba. Era una jaula oscura, compartida.

Si el policía declaraba tener lesiones su situación podía complicarse.
Finalmente el accionar del hermano de León, el abogado fue preponderante para que recuperase la libertad. Lo habíamos conocido hace una semana y en chiste el Lito le dijo "el trabajo que vas a tener la semana que viene  cuando venga la gente de Rosario"
El fue en el entretiempo del partido a contarle los procedimientos que tenía que hacer al otro día y cual era el panorama.
Antes de marcharse le dijo, "ah, una cosa más, tu equipo va ganando uno a cero".

Continuamos los festejos ese  viernes a la noche en calle Arístides donde aún quedaban grupos de Canallas y nos contó como vivió el partido ya que el comisario le iba relatando los sucesos.
Tras haberse enterado del triunfo parcial el comisario se acercó a la celda una vez que el abogado se retiró y le dijo: "Gol de Gimnasia."
El Lito sospechó.
Al rato volvió y le dijo "van a penales". El Lito paró sus orejas en una conducta animal.
Finalmente,  cuando el policía le dijo que había ganado Rosario por 4 a 1 en penales no le dio la cuenta, pensó que lo estaban boludeando.
"Cómo puede salir 4 a 1?", pensó, "tiene que terminar antes".
Para colmo el estadio estaba en un 60 por ciento de hinchas de Central y el resto de Gimnasia.
Las bombas que escuchaba post partido podían ser de cualquiera de las dos parcialidades festejando.
Entre la confusión, el encierro el cansancio durmió esa noche con la duda pero  al otro día se dio cuenta que podía ser y sonrió.
Cuando pude entrar a visitarlo, pasando entre pasillos y celdas lo vi parado junto a cuatro personas.
Desde el otro lado de la reja se alegró al verme y se adelantó antes de que yo le haga cualquier pregunta y me dijo "contame del partido".

ARROYITO

El año 2019 va llegando a su fin y fue muy convulsionado en lo que que respecta a la política institucional, algo que está muy ligado a la historia de Central.
El equipo pelea el descenso e inició la temporada con una racha histórica de empates.
Viene a mi recuerdo la noche que volvimos en el auto con el astrónomo desde Mendoza, primero con el cordobés de las aceitunas que nos dejó en Córdoba junto al hincha de Gimnasia y luego rescatando el coche de Fechu que había dejado abandonado en el aeropuerto de la docta, ya que el voló desde Mendoza a Buenos Aires para luego conectar  Rosario junto al Lito. Un quilombo.
Recuperamos el auto y manejamos por la autopista escuchando Attaque 77 y alguna música de mierda que se le pegó al astrónomo de cuando vivió en Uruguay.
Miraba el cielo inmenso estrellado con las dos manos sujetas al volante, Leandro.
Cada tanto como buen copiloto le decía que preste atención..
Llegamos a la Avenida Pte Perón, tomamos Avellaneda, el viaducto y seguimos hasta Arroyito donde queda mi casa y desde donde hoy estoy escribiendo este último capítulo.
Cuando estábamos tomando la curva del paseo ribereño el astrónomo detuvo el coche y me pidió que bajase del auto.
Le hice caso, realmente no sabía con que me iba a salir, incluso me pareció riesgoso frenar ahí, por la curva pero era madrugada de lunes y Rosario descansaba un rato de los festejos prolongadísimos desde el miércoles anterior.
Desplegó el telescopio en medio de la Avenida y apuntó al Gigante de Arroyito.
Se agachó apoyando una rodilla en el pavimento y posó la vista en el aparato.
"Ahi está, me dijo", vení Guille, vení que aca está, acá esta!!!por fin!, agregó totalmente exaltado y feliz algo como si tuviese la relajación de quien logra un objetivo tras buscarlo una y otra vez.
me acerqué al telescopio que apuntaba arriba de nuestro estadio y empecé a sonreír.
Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida.
La sexta estrella del Club Atlético Rosario Central.

martes, 1 de octubre de 2019

EL PARTIDO

El encuentro empezó muy disputado.
La pelota pasaba mayormente en la mitad del terreno con muy pocas jugadas de riesgo.
Hasta que Central en la primer llegada a los 19 minutos pudo abrir el marcador por intermedio de Fernando Zampedri que en dos tiempos, tras rebotar primero su remate en el palo, pudo conectar y mandarla al fondo de la red.
Gol, y locura. El abrazo con los desconocidos.
Pudimos aumentar al instante la diferencia tras centro del chileno Alfonso Parot y un cabezazo del centrodelantero Zampedri.
Fuimos al descanso.
Desde donde estaba era difícil bajar, pensé en mear desde arriba de la popular para afuera pero había mucha gente abajo de tertulia. Me pareció algo que iba en detrimento de la moral y las buenas costumbres.
Me armé de paciencia y bajé entre la muchedumbre.
Antes el hombre mayor me dijo "mirá que tenés que volver acá, al mismo lugar"
No encontraba la puerta de salida.
Me pasé todo el entretiempo caminando por la popular, realmente era muy difícil.
Entre las ganas de ir al baño y la desesperación por no hallar la boca de salida me obnubilaba.
Le preguntaba a la gente y nadie me sabía indicar, o miraban para los costados y me señalaban lugares diferentes. Realmente era difícil hallar la salida.
Lo vi al astrónomo cerca de los bombos y las trompetas con un telescopio apuntando al cielo. Buscaba algo de forma concentrada. Sacaba la lengua con la boca hacia un costado, un ojo cerrado y el otro apostado en su instrumento por excelencia en búsqueda de algo.
Cuando logré hallar la puerta de salida estaba por empezar el segundo tiempo.
Fui y volví rápido y quedé ni bien entré a la popular atrás del arco.
Vi el empate del Lobo en mis narices.
El Colo Gil que estaba jugando lesionado y todos los que estábamos en la popular sabíamos que tenía que ser sustituido, perdió una pelota en el medio de la cancha, la cual fue robada por el ex jugador e hincha de Newells Lorenzo Favarelli quien se la entregó a Santiago Silva y tras un centro el mismo Favarelli decretó el empate, saliendo a gritar el gol de forma efusiva contra el banco de Rosario Central.
El Doctor Marcos Diez atinó a reaccionar pero fue frenado por uno de los colaboradores.
Otra vez a remar.
Pedro Troglio y Bauza movieron el banco de suplentes y el partido quedó abierto.
Gimnasia pudo ponerse en ventaja pero Ledesma nos salvó.
Otra vez el fantasma de las finales perdidas acechaba.
Pude volver al lugar donde vi el primer tiempo, mis compañeros circunstanciales ya no estaban.
Estaba más cerca de mi grupo de amigos.
El árbitro Patricio Loustau pitó el final del partido.
Se venían los penales, casi toda la copa, salvo el primer partido y el clásico avanzamos por esa vía.
Gimnasia le había ganado a River desde los doce pasos en semis. 
Troglio y Bauza juntaron a sus jugadores.
El arco elegido para la definición fue el de nuestra tribuna.

ANTESALA DEL PARTIDO

Entramos una hora antes y comenzamos a cruzarnos entre Canallas.
El  Chino Nosky bailaba agitando una sombrilla auriazul.
El Doctor Facundo Osia que debería haber viajado con nosotros lo hizo con unos desconocidos con quienes alquiló una casa. Me mostraba con su celular las fotos de lo que habían cocinado en la previa.
Una cagada al lado de lo que veníamos tirando a la parrilla u horno de barro de la Familia Buhler los últimos diez días  en la finca. Ya teníamos tonada mendocina y todo, hasta hablábamos pausado y decíamos "culiao".
El Odontólogo Didoménica paseaba por el playón previo al ingreso a la popular sur, estaba con todos y con nadie al mismo tiempo.
La gente se reencontraba, se saludaba, se sacaba fotos.
Contaba como fue el viaje, si se quedaba o no, cuando había llegado.
Nos reunimos todos los que estuvimos esos días en la finca más los amigos que nos encontramos y nos sacamos una hermosa foto con el estadio atrás.
Nuestras caras eran de incertidumbre, un poco de cagazo, normal. Previa de una final. Tres perdidas.
Venía la cuarta, las cosas que sólo le pasan a Rosario Central.
Como la Conmebol, como el partido recordado en Cali por citar las buenas también.
En la platea estaba el Pocho Lavezi, el periodista Gerardo Rozín y la maravillosa banda de Felix que vino en avioneta.
Un amigo de él es piloto y se vinieron el mismo día junto al Doctor y músico Guillermo Rodriguez de la banda de punk rock Zona 84.
Ni bien prendieron los motores quisieron tomarse una foto con el avión de fondo y a Félix se le voló una remera de Central que tenía en el hombro que fue a parar a la hélice donde fue triturada. Así empezaron un viaje de locos.

Entramos a la popular y nos apostamos arriba de todo,  debajo del tablero.
En un momento por la cantidad de gente y buscando lugar quedé al lado de un señor muy mayor y un joven.
Estábamos tres generaciones de Canallas desconocidos preparados para presenciar la final contra la barra de contención para no caer de la popular.
El señor había visto todos los títulos de Central en la era profesional, desde el Nacional de 1971 con la palomita recordada de Aldo Poy. Empecé a sospechar si no se trataba de El Cabezón, el hijo del viejo Casale que buscábamos llamando por teléfono la semana anterior desde la finca.
Algo le dije al respecto pero no había mucho espacio para el humor en ese momento. Estábamos muy concentrados.
Por mi parte sólo había estado presente en lo que a títulos respecta  en la Conmebol del 95 y el muchacho que tenía al otro costado no lo había visto coronarse a Central y como dato no había ido a ninguna de las tres finales de copa argentina anteriores en las que caímos.

Frente a nosotros estaba la hinchada de Gimnasia.
A nuestros costados las plateas, con predominio Canalla.

Se apagó la iluminación de las torres y comenzó un juego de luces led en el césped mientras salían los equipos.
Lluvia de papelitos, realmente fue una fiesta. En eso la organización de la Copa Argentina no falla.
Cada hinchada cantando por su equipo, los jugadores de ambos clubes saliendo juntos saludando a la gente, entre ellos, foto de equipo y comienzo del partido.

INCIDENTES Y TRAGEDIA

Comenzaron a sonar las detonaciones como producto de la ráfaga de balas de goma que tiró el escuadrón motorizado a donde estábamos nosotros por lo cual corrimos desenfrenados por el parque.
Fechu cortó la video llamada que dejó muy preocupado a su familia, el astrónomo corría detrás mío, le sacamos una ventaja considerable al resto por estar un poco más alejados de la zona del conflicto.
El manual en estos casos dice que hay que dar la espalda y taparse los ojos.
El Lito enfrentaba los balazos a los insultos.
Los muchachos comenzaron a llegar a donde frenamos cuando cesaron los sonidos de las balas.
Estaban todos llenos de perdigones y hematomas productos de los disparos.
En la espalda de uno de los chicos contamos ocho. Una locura.
El Kito había ligado también.
La adrenalina corría por nuestras venas en medio del caos y la confusión.
El gobierno de Mendoza en ese momento estaba alineado con Cambiemos,  el color político que gobernaba en el país y, a través del lineamiento propuesto por la ministra de seguridad Patricia Bullrich, estaba la idea de la "tolerancia cero". Ya nos habían anticipado sobre la policía en Mendoza.
Más allá de una ideología la policía en la cancha siempre es complicada y esto es algo que no es exclusivo de esta hermosa provincia, esto se extiende a lo largo y ancho de todo el territorio nacional.
Se mezclan las masas, el alcohol, los caballos como si fuese la edad media, cachiporras, escudos, ithacas, niños y gente mayor.
Muchísimas veces son causales de los conflictos por impericia y también por temor.
La gente a veces no colabora, es cierto, y ante situaciones que se están por desbordar muchas veces el comportamiento de la masa es tirar fuego a la situación.
Se llegó al punto de no poder viajar en condición de visitante por el torneo regular argentino, algo que está normalizado y es bajo todo punto de vista una locura.
Los disturbios se siguen generando igual en los estadios con público del mismo equipo.
La seguridad también es un negocio y hay intereses políticos y económicos por detrás.

Vemos que el Lito corre e increpa a los policías. El Flaco Pérez lo sigue, El Lito se acerca a un grupo de uniformados.
Viene una ambulancia a la cual le hace seña y la misma prosigue a toda velocidad.
Al Lito le entró una bala de goma en un orificio nasal y le quedó allí alojada. Si, bizarro y loco. Pero real,
Luego nos enteraríamos que  la ambulancia transportaba el cuerpo de un Canalla que había fallecido de un infarto, se trata de Sergio Angel Confalonieri, de 55 años, quien sufrió un paro cardíaco en otro incidente que se produjo en el ingreso al estadio cuando estaba en la cola junto a sus hijos y la policía avanzó sobre la gente con caballos, golpes y gas pimienta.
Según cuenta el diario La Capital Sergio comenzó a gritar contra los uniformados porque uno de sus hijos había recibido el golpe de un caballo y en ese momento se descompensó.
"Los familiares remarcaron que el hombre no sufría ninguna enfermedad", escribe el decano de la prensa argentina en la edición del viernes 7 de diciembre del 2018.
Muy triste, condolencias por siempre y paz para esta familia Guerrera.

El Lito fuera de si insultaba y comenzó a recibir palazos, estaba totalmente rodeado por la policía. En un momento intentó zafarse cuando lo tenían tomado de los brazos y un agente, al cual empujó cayó al piso.
Esto enfureció aún más a la fuerza de seguridad y se lo llevaron preso.

jueves, 5 de septiembre de 2019

EL CHUECO Y LA COLIMBA





El sabe todo y más. Y lo que no  sabe o se le olvidó lo busca rápido en Google.
Sabe perfectamente quien es y fue Carlos.
Lo sabe porque se lo dijeron los profesores de la facultad, lo charló con sus compañeros, lo analizó con amigos en noches de borracheras que resuelven el mundo y porque le contaron.
Todo el universo concluye en que los diez años de Carlos Menem como presidente de Argentina fueron nefastos. Terribles. Una mierda.
Toda la información recolectada a través del tiempo lo lleva a esa conclusión. Una vida hablando al pedo de política en cualquier lado, menos en su casa donde jamás se tocó el tema.
El no sabe ni se imaginó jamás que su familia lo votó porque que nadie votó a Menem.
Las tres veces que se presentó a presidente y sacó más votos que el resto fue una obra divina.
Fue gracias al Corán o a la Biblia, a la fe  musulmana o a la cristiana que adoptó después. Pero no fue por ser el más votado, es imposible que gane alguien que nadie votó.
Es más, nadie sabe como estuvo una década en el poder, asumiendo antes de lo establecido en la constitución cuando Alfonsín le entregó el país en llamas entre saqueos e hiperinflación.
Claro, Alfonsín es el padre de la democracia. Un padrazo, che. Un ejemplo.
Pero Menem no, a Menem nada.
Incluso él es culpable del estallido del año 2001, culpable total porque convengamos que Chupete no tuvo nada que ver. El culpable es él que le entregó la banda presidencial tres años antes.
Nada tiene que ver un señor al que le decían Chupete y hablaba lento y, al menos en lo estrictamente mediático, mostraba pocos signos de lucidez.
Sabe todo El Chueco y sabe más.
Porque estudió y se recibió, porque es Licenciado en Ciencias Políticas.
Porque leía esas fotocopias horrendas que subrayaba con fibrones fluorescentes de colores naranja y amarillo.
Esas que compraba con monedas en la copistería de la Siberia.
Hegel, Marx, Durkheim, Smidt y cientos de miles de muertos que dieron sus recetas tiempo atrás y se las hacen atragantar a los estudiantes que llegan en bicicleta.
Y Menem es una mierda. Hasta es mufa, yeta. Mató al hijo e "hizo volar Río Tercero".
Porque una mañana de los noventas se levantó re loco, en pantuflas y una bata roja al estilo Hugh Hefner y, hablando con un movicom gigantesco de esos que tenias que tener pulso de cirujano para abrirle la antenita, mandó a volar todo. Llamó a Corach y le dijo "volemos Río Tercero a la mierda".
Y así, todo esto y mucho más, es culpa de él.
Si hasta el video con la canción que está en youtube es risible. Porque lo que dice la canción es todo mentira, él no hizo nada. Menem no lo hizo.
Ni siquiera sacó la colimba, no señor. La colimba "se sacó por el soldado Carrasco", no fue él quien la eliminó.

Pero hay un secreto.
Este relato esconde un secreto de El  Chueco, algo  que nunca va a contar.
El todas las mañanas se levanta y mira una foto que tiene en el velador en la que está Carlos en la cual se lo ve sonriente, con el traje con el que recibió a los Rolling Stones, levantando una copa de champán.
El chueco lo ve y sonríe.
Lo mira a Carlitos y sonríe porque, convengamos, uno cuando ve una foto o una entrevista de Il Carlo es inevitable que le transmita un hálito de alegría. Incluso, 20 años después de turbulencias políticas y económicas hay historias de esa época que parecen surrealistas o naif.
Y agradece, el Chueco agradece viendo la foto.
Cada tanto y,  sobre todo cuando es verano, se cuela un viento al amanecer por su ventana del barrio que lleva el nombre del rosarino Lisandro de La Torre. Su casa está ahí, cerca del Parque Leandro Nicéfaro Alem, tan cerca el parque de su casa como sus ideas radichetas, porque todo tiene que ver con todo.
Y en ese viento tan placentero con aroma a río que solo tiene ese excepcional barrio bañado en sol, a veces  suena una cumbia de Gilda, se oye una carcajada del programa Video Match o llega el humo de su primer porro en Brasil, cuando empezaba a viajar por el "uno a uno".
Y a veces se queda pensando si Menem era tan malo y le agradece no haber tenido que ir a la colimba. El no está hecho para correr, para limpiar y para barrer, él está para analizar cómo se debería hacer eso en función de lo que, a su vez, otros tipos pensaron y escribieron en textos extensos y redundantes.
Vuelve a mirar la foto y agradece, incluso lo dice la voz de su conciencia que es la voz del alma.
Pero se le olvida cuando se sube a la bicicleta rumbo al trabajo, se le olvida rápido porque no está bien visto  ni es decoroso hablar bien de Carlos.

miércoles, 7 de agosto de 2019

EL SUEÑO DE JOSÉ




José trabaja junto a su amigo Manuel en el Hostel de Leo.
A ambos los une la misma historia, la de escaparse de un régimen hostil hacia sus compatriotas.
Ambos son venezolanos.
Uno, José, tiene 30 años. El otro, Manuel, un poco más.
Llegaron a Rosario con sueños, esperanzas y una alegría innata.
En el hostel de Leo se sienten bien, tienen cama, comida y agua caliente.
Y tienen un sueldo por trabajar en turnos que van rotando.
Saben hacer un poco de todo y lo que no saben hacer lo miran y  lo aprenden.
Leo es, además del jefe del hostel, un buen carpintero.
Con cualquier madera te hace un mueble entre puchos y cervezas.
Y José lo mira con su tez morena y sus lentes de aumento atento, ayudándolo cuando Leo lo requiere y de a poco se va soltando y toma el serrucho o martilla un clavo.
El Manu se acerca con un mate. Le encanta el mate.
José sonríe mientras encorvado corta un pallet y le comenta a los dos "qué bueno, ahora que estoy aprendiendo esto cuando vuelva a Venezuela me voy a hacer unas cabañas para alquilar".
Y van pasando sus días,  haciendo refacciones en el hostel, encargándose de la limpieza, de hacer las camas, hacer las reservas, recibir  a los huéspedes, atenderlos y cobrarles.
También les gusta mucho cocinar, la cocina del lugar es amplísima y tienen todos los elementos necesarios para el arte culinario.
Con poco dinero se la rebuscan en un almacén y hacen platos venezolanos que comparten con Leo.
Arepas que pueden comerse a toda hora, catalana frita y el pabellón criollo, el que comían "allá" cuando llegaban de una larga noche de juerga.
Cuando Leo se copa les afloja un billete mientras toca la viola y fuma y los dos amigos se van de compras. Infaltable que traigan puchos y latas de cerveza.
Por las noches miran alguna serie de Netflix, José se enganchó con una de Bolivar y al terminarla se puso a ver una de San Martín, dice que no puede creer lo groso que era ese tipo.
A los dos le gusta mucho la historia y leer.
El Manu es "Ingeniero mecánico con mención en mantenimiento" y tuvo varias entrevistas, las cuales  fue sorteando, para ingresar al frigorífico Swift. Estuvo ahí nomás, incluso lo habían designado líder en las pruebas que se hicieron en grupos. Dice que no se le dio porque le faltaba experiencia en ese rubro específico y que, si no mejora  la cosa, para fin de año se va para Barcelona.
En lo que si tuvo experiencia aquí fue en la construcción y en un bar de la isla, frente a La Florida.
Tiene más rodaje en Rosario que su amigo y ya conoce bien la idiosincracia, si hasta estuvo un miéRColes en nuestro caribe, el Canalla.

José vino después, quizá por eso paga derecho de piso y está en el turno noche.
Aunque está bastante tranquilo, sobre todo entre semana, que se tira a dormir en el sofá o se pone en la recepción con la compu, custodiado por el cuadro del señor Burns, quien mira juntando sus manos con un gesto codicioso  sobre la palabra "excelent", su latiguillo.
Sentado allí, lee noticias de su país, se escribe con amigos o con alguna novia que quedó "allá".
Intercambia opiniones, se preocupa, e integra un grupo de Facebook de venezolanos en Rosario.

Hace unos días me contó, muy contento, sobre un sueño que tuvo.
Me dijo que estaba con el Manu y con el Leo en la cocina, tratando de resolver algo del gas, que no se acuerda bien si era un caño o el calefón, la cuestión es que estaban los tres bien concentrados y serios tratando de resolver y que, en un momento dado abrió la puerta del patio de atrás, el que conecta con la escalera donde se va al segundo piso, entrepiso y terraza del inmenso Hostel Point, a las partes donde Leo cada vez va menos y que, en vez de ver en ese patio la parrilla, los tachos, las maderas, los serruchos y las sillas apiladas vio su playa, la playa Zaragoza del Valle Pedro González.
Que tras abrir las viejas puertas de madera recién barnizadas  puso un pie en la arena y de frente tenía el mar caribe.
Que ahí estaban todos sus amigos y estaba su papá, de 96 años. Que se tomaron un cuba libre y se quedaron hablando.
Y también me contó que se levantó con una sonrisa.



lunes, 22 de julio de 2019

JESSE PINKMAN EN EL RIEL




Yo, con mis límites autoimpuestos por el trabajo, se un montón sobre relaciones duales. Se de parejas, de músicos, de amigos y de gente de negocios, entre muchas.
Desde que Beltrán se propuso, junto al Tío Iván, continuar la tradición de este lugar centenario, acá, en el Bar y Bodegón El Riel, en la esquina de la Avenida Rivadavia y Pueyrredón,  en el ex populoso y hoy emblemático barrio de Pichincha, con presente de auge gastronómico e inmobiliario y pasado vinculado al hampa, burdeles y conventillos, es que aprendí mucho.

Las veo enfrente mio, desde el otro lado de la barra, entre cervezas, tragos y sidras que despacho.
Se de vínculos humanos como espectador de privilegio, como confidente y, a veces incluso, como consejero mientras paso el trapo sobre la madera laqueada.

Desde el otro lado desfilan todos los estereotipos, acompañados o solos.
El abogado charlatán como Goodman, el médico inoxidable al inexorable paso del tiempo y a la bebida como Paiva, el futbolista que está de vacaciones como Guzmán, el periodista ávido de vincularse con desconocidos como Gavira, el matón a sueldo con ética, otrora en el tiempo y habitué de aqui como El Paisano Díaz hoy Mike Ehrmantraut o el pelado alcahuete de la DEA, tal el caso de Hank Schrader. A propósito de él, hace un tiempo que no aparece, no sólo por El Riel, sino también por su hogar. Así me lo hizo saber su esposa, quien me vino a preguntar si sabía donde estaba hace unos días. La escuché mientras le preparaba un Bloody Mary intentando suavizar su tristeza que mezclaba crispación en un cocktail desesperado.
Tal vez podría haberla ayudado pero ese no es mi trabajo.

Si tuviese que elegir, entre todos los clientes, uno de mis preferidos es Jesse Pinkman, porque me deja propina en dólares sin escatimar y es el tipo de personas que no vienen en serie.

Sin dudas una de las cosas que más me gusta de la profesión de bartender, es que uno va aprendiendo detalles que hacen el todo y no se enseñan en ningún lado. Incluso a veces dudo si es verdad la afirmación que asevera que la experiencia es intransferible.

Con sólo ver llegar a un parroquiano, yo ya sé, por ejemplo, que es lo que tengo que servirle apenas pone un pie en el bar.

Y con alguno de todos ellos, uno, inevitablemente compatibiliza porque por más que viva muchas experiencias ajenas al mismo tiempo, la misma noche, por sobre y, ante todo, tiene la suya.
Y con Jesse siempre me sentí identificado, y esto fue, creo ahora,  porque siempre hallé algunas concordancias con su historia de vida y, además, por su Moral.

Cómo no sentirme identificado con un tipo al cual su familia lo hizo de lado de joven y tuvo que salir a inventarse.
Cómo no ver la búsqueda de una figura paterna de forma constante a través de este flagelo.
Si las marcas pasajeras de los golpes que a veces trae marcados en su rostro no son nada en comparación a los que tiene grabados eternamente en su alma.
Cómo no entender la búsqueda de familias a lo largo de su existencia en pos de hallar contención.

Y ahí está él, sentado en la barra, contándome un montón de sinceridades mientras le sirvo un vaso más.

A veces me quiere cambiar la música, me pide que ponga Eminen, en la computadora, pero yo le explico que, en Rosario, escuchamos Los Vándalos, Fito Paéz y Bulldog.
Le jode. Y no le gusta.
Le digo que si quiere escuchar ese tipo de música puede ir a uno de esos bares de cerveza artesanal que son todos parecidos, de hecho pusieron un montón en la zona.
En El Riel lo más similar a un rap que ponemos es la canción Tumbas de la Gloria.
No es que lo boludee, es que hay confianza. Pobrecito de aquel que lo haga.
Con Jesse hablamos un montón.
Yo le cuento y el me cuenta.
Hablamos del trabajo.
Una vez me contó que su jefe, un tal  Gus, lo tenía  a maltraer, que con su socio en la cocina Whalt Withman le estaban buscando la vuelta. Finalmente lo resolvieron, pero la felicidad le duró poco.
Es una constante verlo contrariado y por momentos alienado.
Cómo no entenderlo.
Si el Tío cada vez que viene a la mañana a hacer la reposición de mercaderías y recibir a los proveedores siempre tiene algo para decirme, junto a Beltrán, sobre como dejé el bar la noche anterior.
Entiendo a Jesse cuando me comenta que él siente que está para algo más grande.
Si yo podría ser el dueño de este bar si me lo propusiese.
Comprendo que le rompa soberanamente las bolas estar tantas horas adentro de la cocina, si yo veo lo que hacen los pibes acá, atrás mio, y todos los cruces de egos entre comandas, aceite hirviendo y cuchillos afilados al borde de la detonación
Algunos términos técnicos en su dicción acelerada no los entiendo pero reconozco su preocupación en sus gestos que denotan importancia. Los mezcla entre el latiguillo "bitch", que reitera cuando pasa el quinto liso de cerveza Santa Fe.
El me siente un par y habla con soltura sobre fósforo, yodo y gas butano.
Yo le hablo de las empanadas de quinoa, del aperol, la absenta  e incluso de algo tan trivial para mi y desconocido para él como lo es el fernet con coca.
Es que la expresión es todo, y los términos no hacen al meollo del intercambio de nuestras preocupaciones.

La última vez que lo vi lo vino a buscar Whalt. Se paró en la puerta que da a la esquina, y yo me quedé en silencio mientra Jesse hablaba.

Whalt Whitman estuvo parado un rato mirando fijo al interior del bar,  a donde nosotros estábamos. Lógicamente Jesse no podía verlo al estar de espaldas.
Whalt me clavó la mirada que penetraba el vidrio de la puerta de El Riel y el de sus lentes, con un apósito que le cruzaba horizontalmente la nariz, la cabeza rapada, encorvado pero a la vez firme, vestido con jean y camisa a cuadrillé.

Quizá por mi desatención hacia él fue que Jesse giró el cuerpo desde la banqueta y posó la vista en la calle.
Y supo que no debía hablar más y retirarse.
Le cambió el semblante de forma instantánea. Bajó la mirada, dejó de hablar como lo venía haciendo en forma enérgica, sacó dólares en bollos que arrojó en la barra y se fue sin saludar.

Se retiró por la puerta de Pueyrredón y Rivadavia y se quedó  en la esquina  un rato parado, oyéndolo a Whalt hablar como si este estuviese tratando de convencerlo de algo, antes de que se marcharan juntos.

Yo se algunas cosas de Whitman que él no sabe y nunca se las voy a decir, porque yo, acá, atrás de la barra se mucho de relaciones duales, pero también las se separar e inmiscuirme hasta donde me compete.
Al fin de cuentas, esto, no deja de ser sólo un trabajo.







jueves, 13 de junio de 2019

MERMELADAS





Oh amigo Ferni tu que duermes en la vieja casa de las cinco esquinas, en ese sector escondido del barrio Lisandro de la Torre, donde se juntan las calles Pedro Tuella y Reconquista, donde ellas bajan hacia el río con un diverso follaje que asoma desde las veredas que ofician de plateas.
Oh amigo Ferni tu duermes y es madrugada y el viento otoñal sopla y hace bailar las hojas de las acantáceas y sus periantos que quieren irse.
Y sueñas. Pero no sueñas con mundo mejor.
Simplemente sueñas para descansar y reponer energías de tu rutina.
Atrás quedaron lamentos, frustraciones y depresiones.
Todo lo que hay es paz y por eso tu sueño es relajado y natural.
Hasta roncas, tu no lo sabes pero toda tu familia que habita en la planta inferior si.
Y tienes sexo con Susana Gimenez. Es un sexo fugaz y hermoso donde la sensación está a flor de piel.
Es primavera y el aroma dulce del jacarandá invade ese cuadro, incluso pétalos de rosa decoran tu lecho y hacen un camino hacia la puerta de la habitación que en ese momento está en la penumbra, decorada con un póster de Kiss y un retrato de tu abuela Chiné, arriba del televisor cuadrado de 20 pulgadas.
Oh amigo Ferni, sonríes plácidamente y la luz de la  luna que se cuela por la ventana que da al patio interno  te ilumina.
Eres pleno y has acabado. Nadie se puede interponer entre ti y el universo.
El astro magnánime de la noche está contigo.
Pero luego ocurre algo más y la escena vira hacia otro lugar donde debes exhibir destreza y por ende, movimiento.
Y como es todo muy rápido no llegas a cambiarte y vas desnudo.
Acudes a jugar un partido de fútbol con el Flaco Landucci.
Y tu que no sabes de posiciones, de esperar en un sector del campo de juego con las manos en jarra, corres detrás de la pelota. Y el Flaco que es un midfielder con mucha lucha, y también está desnudo, no te deja tocar el balón.
E insistes, una y otra vez insistes.
Y caes, caes al piso.
Pero no al verde césped del field.
Caes sobre tus frascos con mermelada.
Porque acostumbras dormir rodeado de ellos.
Hay de todos los gustos destacándose los que tienen  frutilla, durazno, fresas, guyaba y pomelo.
La mermelada es preparada y envasadas por tu abuela.
Constituyen un verdadero manjar que ella se toma el trabajo de elaborar exclusivamente para ti, que luego las rotulas con su imagen y la frase "Abuelita".
Es que tus dotes como diseñador gráfico no sólo los aplicas a lo estrictamente comercial.
Y en la caída, amigo Ferni, despiertas y sientes un dolor muy profundo en una de tus costillas.
Está quebrada.
Deberás hacer reposo por un tiempo, sentirás como si la misma te tocase un órgano y lamentarás no poder jugar al fútbol ni tener sexo con libertad absoluta.
Paradojas de lo onírico y lo real.
Y ante la consulta sobre qué mierda hacías durmiendo al lado de unos frascos de mermelada contestarás que te encanta lo dulce y dirás que es como que le pregunten a un borracho que es lo que hace durmiendo al lado de un vino envasado en tetrabrick, pero al mismo tiempo reflexionarás y pensarás que es más sano esto último, dado que un cartón hubiese amortiguado la caída.

Fin

martes, 21 de mayo de 2019

CHISPITA VA A LA CLUBING


A mediados del dos mil comenzaron las fiestas en la isla, destacándose la llamada "Clubing", la cual fue creciendo en cantidad de asistentes a través de los años.
El Chispita era un joven que acostumbraba ir al río los fines de semana en verano y un día se topó con esta fiesta en la zona de las islas frente a Rosario, precisamente en el lugar conocido como El Embudo.
Fue con sus amigos que ese día navegaban sin norte en una lancha atiborrada de latitas de cerveza.
Y ahí estaba Chispita, riendo y bailando mientras su amigos nadaban alrededor con la alegría de las doce mil latas bebidas desde las doce del mediodía.
Con el placer efímero de hacer algo nuevo.
Sintiéndose por momentos en esas fiestas que aparecen en las películas norteamericanas o en algún comercial de Gancia.
Y anocheció, y nadó a la costa, donde estaba el gentío amontonado. Lo hizo porque en la oscuridad era más fácil colarse, evadiendo el acceso en el pontón en el cual debía comprar una pulsera.
Ya en la arena movió el esqueleto rodeado de cuerpos esculturales al son de la música electrónica.
Mujeres en bikinis diminutas se paseaban como ángeles y sus ojos titilaban de emoción.
La vida es una fiesta.
Hasta cantó la canción de moda a los gritos, levantando sus manos a la noche estrellada.

"I crashed my car into the bridge

I don't care, I love it, I don't care"

Bailaba y sonreía, moviendo su panza que sobresalía del short de fútbol adidas trucho que tenía el número 8.
Era feliz.
Y así contó a quien lo escuchase la semana siguiente sobre la novedad, entre visitas a almacenes como preventista. Habló sobre las minas que había y lo bien que la había pasado en esa fiesta.
Y  un día volvió, pero de forma planificada y pagó.
Vió un par de culos. Intentó bailar.
No tenía doce mil latas a cuesta ni estaba en el río desde las doce.
Y  todo le pareció una cagada.

G. Morales.

miércoles, 15 de mayo de 2019

UN JEQUE CANALLA

                                                     



Por más que esta gaseosa se empeñe en decirme que inventó la navidad, que se quiera arrogar el simbolismo de la reunión familiar y quiera sustraernos a un mundo mágico en el que un señor gordo bonachón baja por las chimeneas y deja regalos no va a lograr nunca separar lo que siento al ver su etiqueta en el envase.
Me podrán  contar historias fantásticas del polo norte, de gnomos que trabajan en talleres fabricando juguetes, podrán mostrarme, incluso, el gps de como va entregando este buen hombre de pómulos enrojecidos y carcajadas grotescas, los regalos alrededor del mundo en un trineo acarreado por renos voladores pero no señor, conmigo no podrá.
Para mi, esta gaseosa, representa a Rosario Central y una historia mucho más fantástica que todo lo que hasta aquí nos han contado.

Toda comenzó una semana en la cual Germán, por motivos laborales, se encontraba en Qatar.

En ese entonces era el gerente general de Coca Cola en Argentina, Paraguay y Uruguay y, como estaba próximo a disputarse el mundial de fútbol en ese país, viajó para hablar con distintos empresarios.
Hacía muy poco que había sido designado en esa función y, con otros representantes de la empresa en sudamérica, más la participación del Ceo Muthar Kent, conformaron una delegación con la cual estuvieron una semana de reuniones en la cual hubo momentos para el ocio y la distensión.
Desde el primer momento sus ojos se maravillaron con la excentricidad y el lujo del país asiático.
La comitiva fue alojada en el hotel Sheraton Doha donde todo iba más allá de lo que hasta ahí había visto en el mundo. 
Los mozos, vestidos con túnicas, le sirvieron café desde una tetera de oro ni bien llegaron, tras dejar sus pertenencias en la habitación y dirigirse a la recepción.
No podía salir de su asombro, estaba completamente maravillado.
Si bien hacía rato que estaba acostumbrado a las "grandes ligas" allí todo era demasiado, y más.
Y él que, si bien estaba acostumbrado a codearse con personas de poder y dinero, nunca dejó de ser un muchacho de barrio. Y eso le daba un plus a la hora de vincularse o entablar negociaciones, dada su capacidad camaleónica.
Sus comienzos en la empresa fueron desde muy abajo.
Estando en los últimos años del secundario, en la Escuela Pestalozzi, comenzó a trabajar en la recordada "Rosario Refrescos" que era la representación de la Coca Cola en Rosario. Su papá era amigo de Juan Campagna, el presidente, y "le llevó al pibe" para que vaya conociendo el mundo  del trabajo.
Desde chico siempre le gustó esa gaseosa, con toda esa mística familiar y navideña que la envuelve.
El era de la época en que una botella de vidrio de un litro retornable bancaba la cena para toda la familia.
Y se enganchó, luego, cuando comenzó a estudiar economía en el trabajo de esa empresa.
Con apenas 20 años se encargaba de casi todo, logística, facturación, relaciones institucionales y otras yerbas. Era una época donde todo era un poco más artesanal.
Además, y esto es muy importante también en esta historia, Coca Cola desde pibe le permitió entrar a la cancha, ya que Campagna le habilitaba a su papá siempre alguna platea. Incluso cumplió el sueño de ingresar al campo de juego una noche de invierno ante Chaco For Ever.
Aún conserva, orgulloso, la foto junto a David Bisconti y Sergio Protti.
Quería una con Lanari, su otro ídolo junto al diez, pero por esas cosas del destino el arquero devenido en médico ese día no pudo jugar.
Por eso más que orgulloso estuvo el día que quedó efectivo en la empresa. Es que lo remitía a todo, a su familia y a Central.
Le recordaba esos vasos de plástico de colores amarillos, azules y verdes que repartían para el centenario Canalla.
Y su carrera en Coca Cola fue meteórica.
Antes de que cierre Rosario Refrescos e, incluso, antes de recibirse, fue llamado desde la planta de Buenos Aires.
Así fue que finalizó la carrera en la UBA mientras iba ascendiendo en la empresa.
Por supuesto, aún viviendo allí, no se perdía las campañas de Central en el estadio que jugase cada quince días, ya sea La Paternal, Sarandí o el Bajo Flores. Allí estaba él , escapándose un rato de sus obligaciones, que eran muchas.
Jamás perdió la humildad y eso es algo clave para cualquier empresa exitosa que uno se proponga en la vida.
Y así lo sabían sus amigos del barrio de Arroyito y de su escuela, porque cada tanto, por supuesto él volvía.

Y con toda esa historia a cuestas estaba Germán usando un traje Dolce Gabana, rodeado de abundancia y empresarios petroleros, tomando café.
Pero llevando siempre en su piel el tatuaje con el escudo de Central, las Malvinas argentinas y el de Patricio Rey.

El siempre fue consciente que la vida es muy loca y que está bueno dejarse sorprender.
En esa ocasión, tras el ágape de bienvenida, un jeque con quien entablaron diálogo, traductor mediante, lo invitó a él y a otro de sus compañeros al partido por la final de la copa de Arabia Saudita que se disputaría al otro día.

Sin dudarlo aceptó la invitación.
Fue recibido en un palco del  Estadio Internacional Jalifa, donde hace las veces de local el All Duhaii y lo esperaban con una mesa en la que había carne asada, makbus, tabbouleh, humus y el infaltable mezze.
Vieron el partido con entusiasmo y exaltación, bebiendo Dom Perignom luminoso. El equipo All Duhaii se floreó y salió campeón.
Todo era algarabía.
Esa noche continuaron los festejos en la mansión del jeque, a donde no pude negarse asistir y, entre charlas y emociones exaltadas no pudo evitar contarle sobre la existencia de Rosario Central.
Y así fue que toda la noche le contó sobre el equipo de Arroyito.
Que su estadio está al lado del Paraná, el cual es un río mucho más groso  que el Nilo para la historia de la humanidad, que tiene un montón de predios y hasta un restaurant, le habló de la paloma del Aldo, del partido que le ganó en Italia al Nápoles de Maradona, le contó detalladamente sobre la hazaña de la Conmebol y, también del milagro de Cali. Incluso le dijo que El Che Guevara, que odiaba a los yankees, era Canalla, como para entrar en la onda pro-arábiga. Inclusive le dijo que un turco, de apellido Espip, una vez hizo un boquete en el alambrado y evitó que a Central le hicieran un gol entrando desde la tribuna, y que salió jugando y todo.
En resumen, le transmitió todas esas cosas que decimos los canallas cuando nos entusiasmamos, toda nuestra locura.
Y el árabe que es fana del fútbol, se empezó a contagiar con el entusiasmo y a escucharlo con atención entre el humo del narguile y las burbujas del champán.


Al día siguiente, en el cual no había actividades durante la mañana, Germán se levantó porque un llamado a su habitación solicitaba que bajase.
El jeque quería invertir dinero en ese maravilloso Club del cual le había contado nuestro amigo la noche anterior.
Germán recordó en flashes todo el día anterior de forma instantánea.
Creyó haber escuchado mal lo que el traductor le decía.
Pero no había ninguna duda. El Jeque, el empresario petrolero, ese fanático el fútbol que usaba túnica y turbante, lo estaba despertando y con una sonrisa de oreja a oreja le decía a él, que lo observaba con cara de dormido y dolor de cabeza, producto de una jornada épica, que quería invertir en el club de Arroyito. Le decía todo esto a él que sólo estaba allí con la intención de negociar contratos de Coca Cola.
Pero no había dudas, el jeque, incluso se antepuso al traductor y con un inglés poco fluido dijo algo así como "I want to know more about that crazy thing that you call Rosario Central"

Entre la confusión y la sorpresa, Germán, pidió un café de los que sirven con tetera de oro y, tras colocar las dos palmas de sus manos, tapándose la cara y subir y bajarlas repetidamente e inhalar y exhalar una gran bocanada de aire le dijo : "Yo te voy a hacer el contacto".

Y ahí empezó su preocupación.
La semana estaba plagada de reuniones, había mucho por cerrar. Publicidad en los países de sudamérica por el mundial, viajes, estáticas, entre miles de situaciones que tenían a Coca Cola como su principal responsabilidad.

Pero así y todo el jeque casi que lo acosaba, con miradas en medio de las reuniones, con mensajes al celular. Estaba totalmente obsesionado.
Incluso en una conferencia en la cual estaban sentados en mesas acomodadas como un cuadrado, desde enfrente le hizo el característico saludo de los cuatro dedos, algo bien identificado con el folclore canalla, por el partido en el cual los dirigidos, en ese entonces, por Miguel Angel Russo le hicieron cuatro goles al rival de toda la vida que decidió irse antes que finalizara.

Todo era una locura, claro, es que el jeque tenía todo estudiado por internet. Y cada vez sabía más.
Finalmente, el último día en Dubai, le pasó el celular del presidente de Central con quien Germán venía chateando por whatsapp comentándole sobre esta posibilidad.
Antes de saludarlo le aclaró que él no se hacía responsable ni quería participar de nada referido a la negociación que entablase. Que el sólo estaba allí por su empresa.

El jeque lo entendió y tras realizar ambos una reverencia se despidieron pero, mientras caminaba Germán apurado para tomar su vuelo hizo una pausa, dio media vuelta y chistó al jeque, quien miró sorprendido y sonriente mientras unos chinos le mostraban unas víboras fluorescentes que sacaban de un maletín.
Germán volvió a remarcar, mirando al traductor, algo que le había dicho la noche del festejo del campeonato del All Duhaii "mirá que es una locura".
Lo dijo serio, señalándolo con su dedo índice derecho.
El jeque volvió a sonreír.

Al año de este suceso, allá por mediados del 2020 la noticia rompió todo.
Central , una vez más, era el primer club en lograr algo.
Así como fue uno de los primeros clubes en fundarse en el país, el primer campeón argentino e internacional del interior entre tantísimas hazañas, en este caso, iba a ser el primer equipo de Argentina que sería manejado por un jeque árabe, el Jeque Canalla, como lo llamarían los titulares de todos los medios.

Rosario fue una revolución.
 La gente andaba con túnicas azules y amarillas por la Peatonal Córdoba.
El Chino Nosky fumaba un narguille en el Castillo de Grayskul, la casona señoral de alto ubicada en la esquina de Catamarca y  Dorrego. Aunque ahora que lo pienso, El Chino, siempre hizo eso del narguile, con jeque o sin jeque.
Y para la dirigencia la oferta fue imposible de rechazar al igual que cada vez que llegaba una oferta por un pibe que pintaba o ya era crack y los medios repetían "Central recibió una oferta que no puede rechazar" mientras los hinchas hacían lo propio, como si no se pudieran rechazar ofertas en el mundo.


Pero esta vez era en serio.
El club estaba sumido en una de sus tantas crisis, las inferiores no sacaban a ninguna joya, y el pasivo se agigantaba cada vez más con el clásico déficit mensual.
Esta vez, la oferta no se podía rechazar en serio.

El árabe pidió algunas condiciones básicas antes de poner la tarasca.
En primer lugar mandar a la mierda el estatuto. Y en eso hubo consenso. Estábamos entregados.
Hubo alguna puteada del usuario El Pipaul de La People en twitter pero quedó ahí.

La gente más que nada estaba entusiasmada con la idea del equipo competitivo.
El Jeque agarró el club a final de temporada, Central había terminado en mitad de tabla y no clasificó a ninguna copa.
Equipos como Mandiyú de Corrientes jugarían la sudamericana.
Mandiyú por decreto presidencial volvió a primera en un homenaje del gobierno nacional al pueblo guaraní, al que tantas penurias le causamos en la guerra de la tripe alianza.

Pero si bien lo del estatuto fue polémico el bardo se desató cuando el Jeque se llevó puestas a la mierda todas las secretarías que no tenían que ver con el fútbol y el foco se hizo en el hecho de que borró, de un plumazo, actividades sociales, derechos humanos y la secretaría de la mujer.
Ahí si empezó el quilombo.
Las redes sociales desataron toda su furia y los medios nacionales e internacionales se hicieron eco.
Pasó a ser un tema de occidente versus oriente, casi.
El diario La Capital sacaba todos los días algo distinto en la tapa, desgastando su imagen.
El Jeque, que se había instalado en la ciudad deportiva donde planeaba un palacio estaba totalmente en la suya.
Aceptó la visita del diario para hacer una nota de esas largas, que salen en la sección deportiva ,pero no dejó hablar al periodista.
Ante las preguntas inquisitorias del Polaco Elbio Evangeliste, El Jeque sonreía y contaba sus proyectos.
Un hotel flotante en el Caribe Canalla, camellos en la playa de Granadero Baigorria, mega ultra archi palcos vips y, por supuesto, las figuras más importantes del fútbol mundial.
Quería traer a Messi.
El Polaco intentó agregar algo pero no hubo caso, El Jeque estaba convencido que sólo por el hecho de ser rosarino, vendría a Central.
Y ahí comenzaron los memes de los leprosos, las cargadas.
El Jeque, nuestro presidente o dueño, tenía incontinencia verbal y no sabía donde estaba.

Ya casi no se veían túnicas auriazules por la calle y estaba totalmente cuestionado.
La gente había perdido la confianza y la esperanza en él.
Para colmo los tan mentados refuerzos no llegaban.
El técnico, que también era árabe, decía que se arreglaba con lo que tenía. El promedio comenzaba a mirarse de reojo.
La pretemporada se hizo en El Cairo y, allí, promediando la misma, comenzaron a caer los nuevos jugadores que iban siendo presentados oportunamente en conferencia de prensa con las Pirámides de fondo.
El primero en llegar fue el Pocho Lavezzi y su solo nombre transmitió en la gente alegría y confianza.
Al Jeque una vez más se comenzaba a mirarlo con cariño.
Y ni hablar cuando Di María puso un mensaje con aire de suspenso en su cuenta de Instagram. Una foto suya con un un turbante en la cabeza.
Era la charla obligada de café, del bar, el pulso de la ciudad se aceleraba.
La muchachada del bar Mediterráneo de Alberdi estaba como loca. "Que de la mano del Loco Jeque todos la vuelta vamos a dar!" , cantaba el Loco de los Tarros.

Era imposible no ilusionarse, había apuestas sobre quien seria el próximo.
Y los de Newells.... nada, calladitos. No decían nada. Pero siempre esperando, atentos, porque en Central siempre, pasa algo más.

Con decirte que ya no se festejó tanto cuando presentaron a Javier Mascherano.
 Es que el hincha lo asociaba mucho con un jugador retirado, "que está de vuelta", "que viene a robar", decían.

Lo concreto es que los canales de Buenos Aires que sólo te hablan de los clubes de allá, ocupaban horas sobre el equipo que estaba armando  Central.
Y el hincha siempre pide, "falta un nueve", decían, " falta un nueve."
Y el nueve llegó.
Y llegó por recomendación de Sebastián Abreu,quien fue designado manager deportivo
El centro delantero que arribó cuando la delegación ya estaba en el último tramo de la pretemporada fue nada más y nada menos que Luis Suarez, el uruguayo.

Y nadie lo podía creer.
Ahí si hizo El Jeque la plancha. Terminó su palacio, el hotel  de siete estrellas en Arroyo Seco, eliminó la ordenanza de la municipalidad que prohibía animales en cautiverio, con la ayuda del concejal  Aldo Pedro Poy,  y llenó el club de camellos y aves exóticas.

Todo era una locura. Como es el mundo Central.

El primer partido jugamos contra Argentinos Juniors de local.
Empatamos cero a cero y, como al técnico no se le entendía nada y no teníamos traductores, en su lugar habló Abreu a la prensa y dijo que "el equipo recién se estaba conociendo".
La otra fecha fuimos contra Vélez y perdimos uno a cero.
No jugó mal Central, incluso tuvo llegadas muy claras. Suárez tiró un tiro en el palo y la mala noticia fue que Di María salió lesionado en el segundo tiempo.

El tercer partido de local la gente fue optimista pero sin euforia, a sabiendas que Central estaba para más pero no pudimos quebrar al pobrísimo Deportivo Mandiyú.
Desde la platea de Cordiviola bajaron algunos murmullos.
La gente insultaba al técnico.
Encima la jornada fue completa porque Mascherano erró un penal que nos habían regalado.
Para ese partido no estuvo Lavezzi que había sido borrado. "Está de joda", comentaban en la tribuna.
"Central sigue sin levantar cabeza", tituló La Capital.

Y para la quinta fecha vino el bochorno.
Sin Lavezzi por decisión del técnico, sin Di María por lesión y sin Luis Suárez, que tuvo que ir a hacer unos trámites personales a Barcelona, caímos goleados por 3 a 0 en el Monumental.

Arroyito iba a ser un hervidero la siguiente fecha de local ante el durísimo Arsenal.
Abreu renunció en la semana previa, "para descomprimir".
Para colmo, después de ese partido, venía el clásico.
La gente iba decididamente enojada. Y cualquier chispazo podría originar una explosión.
Central arrancó mucho mejor, muy superior, teniendo la pelota y jugando casi todo el primer tiempo en terreno del visitante, hasta que por fin vino el gol, antes de ir al descanso, marcado por
Francesco Lo Celso, tras una jugada individual exquisita.
Del joven Lo Celso se rumoreaba que un grupo paquistaní había comprado el 75 por ciento de una de sus medias. "Son los negocios que hace el Jeque", me dijo Román Didoménica en la platea, serio, en cuero mientras comía semillitas.
El gol trajo un poco de tranquilidad para el entretiempo, la gente despidió a los jugadores que iban rumbo al túnel para descansar con canciones vinculadas al clásico de la semana siguiente. De esas que se cantan con bronca, con el puño cerrado y las venas que se salen del cuello "que el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar".
El Jeque sonreía y tomaba champán en el palco oficial mientras era apantallado por un grupo de hinchas a los cuales les daba a cambio protocolos.

Pero la escena cambiaría en el segundo tiempo cuando increíblemente nos empataron ni bien sacaron del medio. Una cosa de locos.
El arquero dominicano Miguel Lloyd, quien había dejado el beísbol para dedicarse al fútbol y tenía el mismo representante que el suizo Dylan Gissy, acomodaba una cinta de papel cuando el cinco de Arsenal pateó tras la orden del referí y tomó por sorpresa a todos, acto seguido salió disparado a festejar el empate ante un Gigante colmado que comenzaba a impacientarse una vez más.
Pero en esta ocasión las miradas se dirigieron por primera vez hacia el palco oficial.
El Jeque era blanco de insultos desde la segunda bandeja y los costados.
"Yo quiero al club quiero la camiseta, que el Jeque loco se vuelva para Qatar", cantaban un puñado de hinchas en la platea del río hasta ir contagiando a todos los que estaban allí, y luego se sumaron los de la popular de Génova y así hasta que el estadio era un sólo grito. Nadie podía disimular.
Los que apantallaban al jeque fueron los primeros en mandarse a mudar.
Y eso al tipo no le gustó.
Por primera vez de su rostro se borró la sonrisa, la cual mutó a unos labios contraídos y cerrados, y sus cejas se enarcaron. Se había enojado.

Decidió irse del estadio antes que finalice el partido y se recluyo en su palacio de la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria.

Se venía la semana previa del clásico y la gente estaba muy ocupada como para pensar en él.

Y el día del derby llegó. Había tensa calma en la ciudad, los dos venían mal y nadie se animaba a augurar un resultado. En Central ninguno de los cuatro refuerzos estaría en cancha.
Por el lado de Newells eran todos jugadores desconocidos, casi ninguno era rosarino. Habían llegado muchos refuerzos de centroamérica y el resto eran todos familiares de Maxi Rodriguez.

Pero esa mañana una avioneta se estrelló contra el Coloso del Parque.
El partido estaba en duda.
La avioneta cayó contra la platea de la visera produciendo daños considerables.
El partido iba a demorarse por los peritajes.
Se especulaba con clausurar el sector.
TyC sports, TN, Crónica, TNT y Fox hablaban sobre si se jugaría o no el clásico.

Una vez más, reinaba la incertidumbre sobre la disputa de un partido en el fútbol argentino.
Desde la dirigencia de Newells aseguraban que estaban dadas todas las condiciones para la disputa del partido, que los restos de la avioneta no habían afectado el terreno de juego y que el humo del incendio producido no impedía la visibilidad, claro sabían que la visita no contaba para este partido con sus refuerzos, por lo cual lo querían jugar cuanto antes.
Pero desde Central, nadie se expedía.
El Jeque no estaba.
Ahí fue que todos se acordaron de él
Creo que fue  Miguel Angel Tessandori el primero que tiró la idea al aire en un llamado telefónico que le hicieron al aire por canal tres
"No se descarta la hipótesis de un atentado" dijo Miguel, el periodista distinguido, en pantuflas desde el sillón de su casa del populoso barrio del Viaducto,
En los foros de internet hablaban de una avioneta narco.

Pero la mayor parte de las sospechas apuntaban al Jeque Canalla.
Y  comenzaron a circular memes por whatsapp, que nunca tardan en llegar, con la cara de Bin Laden, un avión, el escudo Canalla, El Jeque.

Toda una locura, como el mundo Central.


Después de este malogrado clásico hubo problemas con el gobierno nacional al que se acusó de encubrir el atentado por el memorándum de Irán.
Estados Unidos pidió que se investigue el hecho y Venezuela dio su apoyo a la Argentina.

"Central te lleva a la ruina", le comentó el jeque a Germán mucho tiempo después, cuando se cruzaron nuevamente en el Sheraton, esta vez durante el mundial de Qatar. Fue un encuentro casual y breve y se lo dijo en un castellano claro. Había aprendido bastante.
Germán le comentó que tenía entradas para la final del mundo, que podían ir juntos pero el jeque le contestó negando con su cabeza, nervioso, contrariado y apurado, algo poco habitual en él y saludando con una mano, esta vez en inglés, repitió varias veces "no more football, no more football" y se adentró en una limusina que lo aguardaba en la puerta.






martes, 7 de mayo de 2019

LA PREVIA DE LA FINAL


Ese día amaneció soleado en Mendoza.
Llegamos al aeropuerto con Fechu, El Astrónomo y el Lito.
Tomamos un taxi rumbo a la finca.
El chofer era de la hinchada de Independiente de Rivadavia de Mendoza, a quien apodan "La Lepra", clásico de Godoy Cruz club que está en primera división.
Atravesamos la ciudad y encaramos para la zona de Reducción una vez más.
Entramos con el auto e invitamos al conductor a tomar unos mates, por lo cual se prolongó la charla de fútbol.
Nuestros amigos que habían llegado el día anterior y Juampi que nunca se fue comenzaban a levantarse y saludaban al desconocido.
Era el día de la final.
De a poco comenzaron a llegar más amigos de Rosario, chicos del club Regatas, entre ellos El Kito Lo Celso quien ya estaba practicando con el plantel de primera división de Central.
Empezaron los movimientos de idas y venidas, compras, encendido de fuego, armado de la mesa frente al lago, foto grupal, música y vaticinios sobre el partido.
Sonaba la voz cantante del Patón Bauza y el cuento del Negro Fontanarrosa una vez más.
Había que suavizar los nervios y la cerveza Los Andes era una buena compania con la Cordillera de fondo.
Por supuesto el vino Buhler no podía estar ausente ante la mirada orgullosa de los hermanos, Wally y Cristian y nuestro amigo León.
Tras el asado vino la sobre mesa y juegos en ronda. Nombrar arqueros de Central u otros puestos, apodos, que hayan jugado en determinados clubes, etc. La parte lúdica donde todos participamos sin importar la edad, el que repetía o no tenía respuesta iba quedando afuera hasta que los dos últimos llegaban a la final.
Me llamó mucho la atención el conocimiento de Kito a pesar de su juventud sobre la historia de Central.
Luego la efervescencia comenzó a subir, la adrenalina y la ansiedad que te hacen vibrar hasta los huesos y por ende los cánticos Canallas, las camisetas y las banderas desplegadas.
Un momento hermoso.
Siempre dijimos que Central es un viaje de ida.
Pero esta vez íbamos por la vuelta, también.
Y llegó la trafic nomás, la cual Wally había reservado con anticipación.
Nos subimos los 20, cargamos provisiones y nos fuimos rumbo al  estadio.
En el techo repiqueteaban las manos y las canciones de todas las épocas salían una atrás de otras.

"No soy pecho frío soy de la acadé, no tiro butacas no rompo carné, yo a Central lo llevo en el corazón... yo soy guerrero, no es un equipo es una pasión, es un sentimiento en el corazón,  y no es un chamuyo de televisión, es verdadero... Esta hinchada es así, la más loca del país, somos locos y borrachos como el Puma y como el Chacho y a alentar llegaron Los Guerreros, auriazul se pinta el carnaval... son de acá El Che y el Negro Olmedo, trajeron fiesta y carnaval.... así es Central"

Mientras cantamos y hago equilibrio para evitar verter el contenido del vaso desde la última fila de asientos se me aparece la voz de mi amigo Román Didoménica diciendo "no se dice fiesta, se dice furia, el che trajo furia y olmedo el carnaval, mirá si el che va a venir con una metralleta a traer fiesta",algo que  más de una vez expresó.
Es que "Máquina", como también le decimos es un estudioso de la hinchada al punto que está haciendo "una documental" con referentes de la tribuna de todos los tiempos, desde la época del Cabezón Fanta, pasando por el Lolo Schamun, al Turco Spid entre otros.


Ya llegando a la ciudad comenzamos a cruzarnos con el color del partido, viendo gente de ambas parcialidades. Hubo un intercambio de señas e insultos con un colectivo de hinchas de Gimnasia pero la cosa quedó ahí.
Incluso el Lito se bajó de la trafic y sacó de vuelo a uno con la remera de Central que se había acercado a la ventanilla baja del colectivo y convocaba a la gente que circulaba en ese momento por la zona, para que se acercase a agitar a los del Lobo.

El tránsito siguió su rumbo y buscamos donde estacionar, ya en la zona del parque donde estaba la entrada de hinchas de Central.

Nos bajamos y nos quedamos un rato con nuestros vasos de fernet bajo un árbol a unos cien metros de la zona de ingreso.
En eso vemos que se aproxima un colectivo y nos acercamos a la calle para ver quienes venían allí.
Era la delegación de Central que llegaba sonriente, saludando por la ventanilla.
Nuestro grupo de amigos, alegre y festivo, encanallados con gorros y remeras devolvió el saludo con cánticos.
El Patón Bauza nos miró feliz, agitando una de sus manos.
Justo, llegamos en el momento justo. Parecía todo cronometrado u organizado. Como esas cosas que te pasan en el centro de Rosario que te encontrás con alguien que hacía mucho que  querías ver, lo recordás y luego aparece. Y para que ello suceda ese día se tienen que dar un montón de combinaciones  y ocurren. Porque si ese día agarrabas una calle distinta, un trámite se demoraba un poco más o un poco menos no pasaba, pero ese día te tenías que cruzar con un amigo, un familiar o alguien que fue importante en tu vida.

Estábamos en la felicidad plena, tomando un aperitivo, al aire libre, en otra ciudad  y con amigos. El Fechu Van Tuyne hacía una video llamada con sus hijos y le mostraba el grato momento.
En eso estábamos cuando  vimos que se aproximaba otro colectivo.

Se me vino a la cabeza lo que acababa de ocurrir días atrás con la segunda final de la libertadores entre River y Boca, la cual fue suspendida por un botellazo al micro del plantel de Boca cuando iba en camino al Monumental.
Hice una asociación simple, un grupo de hinchas de Central, un micro con jugadores del equipo rival, la policía sugestionada que venía en motos por delante, costados y atrás como un escuadrón de la muerte.

Atiné, ni bien vi ese cuadro a decirle al astrónomo, "¡rajemos!"




sábado, 27 de abril de 2019

EL CUMPLEAÑOS DE FUNCHO




Funcho es Alfonso, una persona de luz, de ojos que brillan bondad, correcto, pulcro, eficiente, sincero, sin doble discurso.
Un sábado feliz comentó en el grupo de sus ex compañeros de secundario a quienes comenzó a frecuentar tras 20 años que esa noche iba a festejar su cumpleaños.
Se levantó temprano, compró la bebida y la comida.
Su esposa preparó la vajilla, vasos, servilletas y un mantel con niños felices pateando una pelota clásica de soccer. Se veían en ellos distintas peripecias  en los dibujos, un taco, una chilena, una rabona. Se trataba del dibujo animado nipón llamado "Los Supercampeones" donde Oliver Aton es el protagonista.
Las respuestas a su invitación no pararon de llegar justificándose.

"No puedo, es el cumpleaños de mi señora"
"Perdoná pero hoy tengo una cena a beneficencia de niños pobres por lo cual nos juntaremos a comer en abundancia", entre otros alegatos.

El forro prepotente del grupo dijo que "aquel que no quiere hacer algo busca excusas" y hubo un instante de pausa en ese grupo de whatsapp.

Charly avisó que tenía una fumada de porro comunal con la gente de la localidad de Andino y Tito, finalmente, fue el más elocuente en su justificación:

"Yo sé que va a sonar a verso pero tengo un gremlin en el cielorraso y no lo puedo sacar. En un rato vienen del EAMBHGTyOM (equipo anti magos, brujas, hadas, gremlins, trolsy otro seres mitológicos) a ver si lo sacan con algo,me dijeron q hay q prenderles una bolsa de papel con bosta de burro unicornio, acá en Argentina solo se consigue en Bialle Masse y el tipo q tiene los burros unicornios está jodido de la gota porque come mucho chivito y tiene alto el ácido úrico y se lo llevaron a capital Federal para un tratamiento. Mientras tanto el gremlin de mierda no me deja dormir y tengo q ver cómo lo saco y para colmo sale de noche y yo esta noche quería hacer un pollo al disco y no sé si voy a poder. En definitiva, si resuelvo el tema del gremlin chiflo."

Alfonso sonrió. Y esa noche a pesar de algunas ausencias notorias fue feliz igual soplando las 39 velitas en una torta con dos arcos y jugadores de su amado Newells vs Central.

viernes, 26 de abril de 2019

CENTRAL CAMPEÓN DE LA COPA ARGENTINA

Caruzzo patea el penal y se mete esquinado, abajo, y sale corriendo para un costado, en el trayecto al banderín del córner se da vuelta y llama a todos sus compañeros que están en el círculo central.

Comienza la carrera alocada y plagada de lágrimas de felicidad del capitán Marco Ruben, Néstor Ortigoza entre muchos.

Washington Camacho entra  con dos compañeros que le hacen una silla de brazos, no puede caminar porque se lesionó durante los noventa minutos.

Todos quieren abrazar a Caruzzo, en esa corrida va toda una ciudad, va todo un pueblo.
Van los obreros del ferrocarril que en la víspera de navidad, en un bar en el año 1889 decidieron fundar un club que tenía una cancha en la zona del cruce Alberdi donde un vagón oficiaba de vestuario y tribuna.

La popular y las plateas son un sólo abrazo y un sólo grito "dale campeón". Asi lo anuncia el autotrol del estadio malvinas argentinas.

Gente de todas las edades, clases sociales y sexo se abraza.
El Patón Edgardo Bauza dirá que esta es la mejor copa que ganó en su larga y rica trayectoria como entrenador por una razón muy simple "la gané con central".
El arquero  Jeremías Ledesma, uno de los héroes de la noche en la cual se recibió de ídolo dirá antes las cámaras llorando que " se lo dedica a toda la gente, que no tiene un mango y viaja igual,  a su familia y a su abuelo que lo está mirando desde el cielo".

Vendrá la premiación, los papelitos, alzarán la copa y darán la vuelta.
Nadie quiere que el tiempo se detenga.
Comienza a sonar la canción brillante sobre el mic de Fito Páez, todos sonríen y comienza un aplauso vikingo que es interminable.

El Patón avisa que la ciudad será una fiesta por varias semanas, que el sabe lo que es Rosario.
El epicentro de los festejos será nuestra ciudad en todas sus zonas pero también lo será la calle Aristides de Mendoza y en un montón de puntos del país y del mundo habrá un canalla festejando feliz.

La noche será muy larga, una moza pregunta si no venimos de otro país, todo es alegría, cánticos, bocinazos en Mendoza. Somos vikingos en ese momento, vikingos canallas re locos. hay algo de escocés en nuestro gen, país de origen de colin bail calder el primer presidente del club.

Esa noche no duerme nadie, algunos se quedan allí esa noche y el fin de semana, otros emprenden el regreso a Rosario.

Al otro día la Escribanía Battagliotti lucirá un cartel en su puerta que dice "cerrado por campeonato", aparecerá un video que se hará viral de un hincha que será apodado el chinvenguencha y será un fenómeno mundial, en el video luce un gorro tipo piluso, cual capitán, personaje de alberto olmedo que en algún lugar también se está riendo eternamente.

Aparecerá otro video del Colo Gil brindando de largo con una sidra marca 1889 que será la bebida por excelencia de ese fin de año en Rosario

El Noke restaurará el mural de Roberto Fontanarrosa en el lugar donde se fundó el club una vez más.
Diciembre es una fiesta de por si en fechas patriotas canallas.
Vendrá un partido a la semana entre el equipo campeón y viejas glorias. Estará Omar Palma, estará el Kily González y por supuesto el prócer Aldo Pedro Poy quien dará el puntapié inicial.

El espiritu de Don Ángel estará siempre latente desde el parque frente al gigante de Arroyito que lleva su nombre.

Cantará el Pájaro Gomez con Vilma Palma antes de ese partido.

A los quince días habrá una caravana desde el gigante hasta el monumento y luego se celebrará el cumpleaños en el caribe canalla y en el cruce Alberdi el cual es cortado para los fuegos artificiales y música en vivo. Al otro día se correrá una maratón.

Rosario vive una de las fiestas más grandes y duraderas en años.

Es que central salió campeón luego de 23 años y eso amerita un festejo a su altura.

miércoles, 24 de abril de 2019

SAINT LOUIS

Cruzamos la desértica y larga  ruta que une Mendoza con San Luis, territorio por excelencia de la familia de políticos Rodriguez Saá.
San Luis me remite a un viaje mano a mano con mi viejo a un hotel en Potrero de Los Funes, una maravillosa zona que es como una pileta gigante rodeada de montañas y de verde.
También me recuerda a una noche comiendo una pizza en cercanías de la típica plaza central, rodeada por una iglesia y algún edificio de la administración pública.
Recuerdo que aquella vez hubo un conflicto docente por el cual en un año casi no hubo clases.
Estoy hablando estimativamente del  2004. Además, aparentemente, hay algo referido a una carga impositiva menor para las empresas que figuran con domicilio legal allí, es por eso que es muy común observar al costado de la ruta plantas de distintas marcas que carecen de movimiento.


Al trasponer el límite entre las dos provincias nos paró un control policial que está apostado debajo de un arco de hormigón que está por encima de la ruta y nos da la bienvenida.
El cordobés aminoró la marcha y el policía miró el interior del auto.
Yo iba de copiloto y pensé "andá a saber que lleva este en el auto".
Le pidieron el carnet y el cordobés tiró su mejor sonrisa alegre, lo exhibió y seguimos camino.

Los temas que tocamos fueron  variados, a que se dedica cada uno, música, familia, la vida en general.
El hincha del lobo nos contó que se dedica al turismo, que trabaja en Córdoba pero que viaja por todos lados. Incluso nos hizo  una invitación a un hotel en Carlos Paz para el verano.

Después nos habló  de la idioscincracia del tripero, como también le dicen a los de Gimnasia, de la costumbre de no poder ganar nada, tan  sólo ese título de la Copa Centenario de la AFA ante River Plate en 1991.
Recordamos las formaciones, Enzo Noce, Dopazo, Ortiz, los mellizos Barros Schelotto y Hugo Guerra, entre otros.
Fue una copa que se disputó una sola vez y en la final los quisieron cagar y el arquero del lobo contuvo un penal que había sido mal sancionado.
Se sorprende lo que sabemos sobre su equipo, es que el fútbol también es cultura, son ciudades, momentos, estadios, hechos históricos, datos.
Por supuesto en la previa de la final en Mendoza me estudie todo lo referido a nuestro rival, lo cual reforzó aún más mis conocimientos preexistentes.

Le conté que una vez salí  del estadio del Bosque, como se conoce popularmente al estadio Juan Carmelo Zerillo, ubicado en 60 y 118 donde el Gimnasia hace las veces de local, con mi amigo, el escribano, Pablo Pucho Battagliotti luego de haberse armado lío en la tribuna, incluso habían tirado balas  de goma.
Eso fue al final de un partido estando ambos equipos en el Nacional  B y, al estar caminando solos por el bosque, nos dimos cuenta que bordear todo el estadio para buscar el auto, por una calle lateral. Quedamos regalados entre las miradas sospechosas de algunos hinchas locales que merodeaban la zona.  Fue el momento de correr ante la duda producto de la adrenalina de la cancha.

Con el astrónomo lo volvimos loco al tripero con la información. Nos reíamos los cuatro.

Luego nos contó que el d.t. Pedro Troglio es una eminencia en La Plata, tanto como su amigo Edgardo Bauza con quien compartió plantel en el mundial disputado en Italia en 1990 lo es en Central. Troglio, nos dice, es un ídolo de los grandes, que volvió siempre cuando más se lo necesitó, que está totalmente identificado con la hinchada, con su gente, que fue una pena que no se le dio en esta final, pero Central también lo merecía por todas las otras finales que no pudo conquistar.
En una parada a cargar nafta, compramos unas galletitas y agua mineral.
El platense nos siguió informando sobre la vida del Gran Pedro, nos dijo que él no era desde la cuna de Gimnasia pero que, a raíz del amor con la ciudad de La Plata, la hinchada y una pareja que tuvo o tiene allí se hizo del Lobo al que lleva, incluso, tatuado en la piel.

Evidentemente es un groso para su Club. Yo pienso un rato en el Patón Bauza y en lo charlado con mi amigo Pucho antes de la final. Si la ganábamos dijimos que íbamos a activar para hacerle una estatua en su homenaje.
Es que los números de Bauza en Central son más que elocuentes y tras esta final sumó un poroto más al ser la única persona en la historia del Canalla que salió campeón como jugador y como técnico.

Todo muy romántico hasta que el cordobés me mira y me dice hay que pagar dos lucas quinientes de la nafta.
El astronómo me mira y dice me dice "pagá vos".
Dudo un segundo pero pelo la tarjeta y pago la carga. Esta deuda con el astrónomo me persigue hasta el día de hoy que estoy escribiendo este libro, por supuesto con los otros dos amigos desconocidos no hubo problema al momento de hacer las cuentas cunado nos separamos en Córdoba.

Volvimos al auto para volver a emprender viaje y una falla no permitía que arrancase.
Otro cruce de miradas.
Que hacemos si se nos queda aca, pensé.
Se la venía bancando bastante el toyota modelo 95, no se si les conté, sin aire pero bajando la ventanilla zafaba. Pero cada tanto en el trayecto levantaba temperatura.

Arrancó nomás. El cordobés siempre para adelante sonrió y tiró algún chiste.
Todos volvimos a reír. Que argentinos somos, parece que nos conocieramos de toda la vida.
Volviendo por la ruta al atardecer, compartiendo anécdotas de nuestras vidas.

"Fue un partido duro, Gimansia por momentos propuso un poco más, el que la rompió fue Fito Rinaudo, el cinco nuestro, ese si que es un crack, otro ídolo de los máximos, ya  dijo que no se va más de Gimnasia, se va a retirar acá".

Luego el cordobés nos contó sobre como llevaba adelante la planta de producción de aceitunas, que el iba a mendoza todas las semanas y por eso estaba acostumbrado a tomar los vuelos de las empresas aéreas low cost, que era más conveniente que ir en auto.

Le gustaba mucho la caravana, nos contaba historias muy personales, era una persona muy alegre como uno ve habitualmente a la gente de su ciudad, al menos la imagen que a mi me representan.
Tenía que llegar a horario a su casa porque a la noche tenía el casamiento de un amigo.
Por lo cual comenzó a acelerar mientras sonaba uno de los compact disc que me pidió que yo elija de la guantera.
No lo dudé tenía depeche mode.

Y así mientras anochecía en el medio de una ruta argentina, dos rosarinos, un platense un cordobés movíann la cabeza y tarariabamos al palo la melodía de "I can t forget enough".
Un momento mágico.


Como corolario de este capítulo quiero recalcar algunas, la primera es que ambos técnicos Bauza Y Troglio fueron echados al mes de iniciarse el fútbol en el 2019 y que Fabián Fito Rinaudo, el héroe que jamás iba a dejar Gimnasia según nuestro amigo de viaje pasó a ser jugador nada más y nada menos que de Rosario Central....




BÁSQUET Y ACEITUNAS

Esperamos un taxi en el estacionamiento del aeropuerto. El calor era agobiante.
Apareció un taxi sin aire acondicionado que nos subió.
Ibamos a camino a no sé donde, en silencio los cuatro.
Pensé que me iba a desmayar.
Los festejos exacerbados de la noche anterior, el sol que fulminaba la chapa negra del auto y la lengua seca. Necesitaba agua.
Estaba apretado entre dos desconocidos. La estaba pasando mal.
Tomamos una ruta que no terminaba más.
Realmente fueron momentos de desconcierto total.
Luego de media hora llegamos donde estaba el auto.
Lo tenía en el lugar donde trabajaba, una planta de producción de aceitunas.
Allí estaba el hermano del cordobés.Lo primero que nos llamó la atención cuando nos bajamos fue que en la puerta había un paredón con un aro de básquet y por debajo las líneas de juego perfectamente marcadas.
La puerta de la planta estaba abierta y adentro podría divisarse la silueta de un hombre sentado, alto, con una pelota en la mano a la cual le pasaba un trapo. Era el hermano del cordobés, con quien trabajaba.

- Que haces aca vos no te ibas a un casamiento en córdoba, preguntó el hombre vestido íntegramente de basquetbolista, shorts blancos largos y musculosa de Chicago Bulls.
- si es que perdimos el avión y ahora nos vamos todos juntos en el auto hasta allá, contestó
Leandro le pidió la pelota prestada mientras yo me dirigía a una canilla al costado para tomar agua.

Al volver estaba Leandro con el hincha del Lobo picando la pelota y tirando tiros al arco.
Era todo realmente surrealista, tendríamos que estar llegando a Rosario a esa altura.
Me quedó viendo como esos dos hombres  con resaca, vestidos de remeras negras y jeans botaban la pelota y jugaban como si fuesen amigos de toda su vida.

El cordobés preparaba el auto. Luego el basquetbolista se acercó a quienes jugaban debajo del aro y les pidió que lo hicieran con otra pelota, la cual ofreció, cambiándolas.
Explicó que la que estaban usando estaba nueva y se dañaría en esa superficie de cemento.

El duelo basquetbolístico entre Rosario y La Plata siguió su curso.

Nos acomodamos luego en el auto, un Toyota Corolla modelo 95.
El hermano del córdobes, pelado  y de lentes, flaco, alto, que estaba vestido asi porque jugaba esa noche, no saludaba desde la puerta de la fábrica que tenía un cartel con el apellido de ellos y el dibujo de una aceituna feliz.

Comenzamos el rumbo hacia Córdoba, previo paso por San Luis.

DUDANDO EN EL AEROPUERTO


Mientras evaluábamos que hacer y sacábamos cuentas para volver a Rosario apareció un Cordobés que dijo, miren yo esta noche tengo que estar en Córdoba en un casamiento.
Los alcanzo hasta allá en el auto.
En Córdoba teníamos el auto de Fechu Van Tuyne.
Todos dudaron.
Lito continuó viendo combinaciones de vuelo hacia Buenos Aires y luego Rosario, para mi tenía culpa con el mismo por sus días encanado y la necesidad de estar en paz con su novia.
Fechu igual, pero por sus niños que esperaban.
Yo contemplaba la alternativa del micro pero me anoticiaron que recién había el lunes.
Estábamos todos complicados por boludos.
El córdobes hiperquinético insistía que vayamos todos juntos.
De atrás apareció otro muchacho que miraba toda la situación y muy tranquilo, nos aclaró, Muchachos yo si hay un lugar voy con ustedes.
El pibe era un hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata que se había quedado dormido en la puerta de una casa, no había conseguido alojamiento.
La situación comenzó a tornarse entre desconcertante, bizarra y graciosa.
Atrás nuestro Fechu y Lito encararon la boletería y sin asco pagaron un pasaje Buenos Aires.
Iban a volverse en avión. Una torta de guita.
Con Leandro no lo dudamos y aceptamos al invitación.
Quedábamos 4 justos para volvernos en auto, El cordobés, El hincha del Lobo y nosotros dos.

PATRICIA




Venía caminando por Dorrego y me aprestaba a cruzar  San Lorenzo, la cuadra donde vive mi mamá.
Me quedé pensando en todas las veces que pasé por ahí y no paré a visitarla.
Siempre estaba apurado y no tenía tiempo.
El no tener tiempo es un sinónimo de algo que no se quiere hacer.
Pensé en que que cambiará el día que ella no esté más, si es que yo no me voy antes.
Y la crucé.
Estaba hablando por teléfono en la puerta de la cochera de San Cristóbal Seguros.
Creo que es la segunda vez que veo a Patricia en el año.
La última vez había sido en la misma zona,  ocasión en que mandé al grupo de whatsapp que tengo con mis dos hermanos, Leandro y Patricio una foto que le saqué a ella. Estaba apurada saliendo de un supermercado de calle Santa Fe, con bolsas en la mano.  Tras enviar la foto, Patricio me hizo la salvedad sobre la cara de culo que tenía  ella. No sé si estaba enojada.
En esta ocasión la hallé hablando por teléfono, también con bolsas en la mano.
La saludé e iba a seguir mi camino rumbo a Tribunales pero me detuve a esperar que termine de hablar, algo que, en realidad, no ocurre nunca.
Cortó la comunicación y, acto seguido, comenzó a narrarme lo que acababa de hablar con su amiga que se encontraba en Carlos Paz.
"Me acaba de contar Blanca, que está en Carlos Paz, que allá hay una tormenta bárbara y que está todo cerrado porque se viene el rally".
Vos como estás, trabajando, preguntó respondiendo a lo cual asentí.
Después, acomodó su abrigo y me dijo: "Me voy a mi casa porque hace frío y ya estuve mucho tiempo afuera".
Nos volvimos a saludar y mientras nos dábamos la espalda me comentó: "Qué lindo sweater que tenés" y volviendo la vista comenté: "Me lo regaló Pato".
Seguí mi camino con la plaza San Martín de frente.
Estaba apurado por llegar a Tribunales


miércoles, 3 de abril de 2019

LUZ


Nos recibió el guía del estadio con el cual hablé previamente por teléfono para asegurar la visita.
Raúl es un mendocino, bostero, que nos atendió con mucha amabilidad.
Para mi, ni se imaginaba lo que iba a a pasar allí dentro de una semana.
Es más,  pensé que podía haber reticencias varias en esta visita, tales como entrar con la planta de ruda, agua bendita y pisar el césped entre otras yerbas.
Pero fue todo muy lejano a ello, faltaban aún  varios días para la final, es cierto, y éramos los únicos tarados de Rosario que estaban allí con tanta anticipación.

Primero pasamos por el museo donde están las viejas luminarias del mundial 78, el equipo de altavoces, butacas, imágenes e información  sobre la historia de su construcción ordenada de forma cronológica.
Sacamos fotos y me puse a transmitir por Facebook, algo que alteró a mis amigos, quienes a diferencia del guía están por momentos llenos de reticencias. Como las del Lito cuando se sube a un taxi en ciudades que no conoce, esa cosa de miradas, de cuchicheos y de paranoias. Muy de ciudad.
Que ojo lo que salga en la filmación, que ojo lo que decimos, fue todo medio confuso. Es cierto que lo del agua bendita y la ruda macho era un secreto pero mi intención., simplemente, era documentar lo que Raúl nos contaba acerca del estadio.
De alguna forma estaba haciendo un servicio a la comunidad, es que nuestra ciudad estaba ávida de noticias. Todo era importante, desde la capacidad del Malvinas Argentinas hasta el estado de la lesión del Colorado Gil, nuestro número cinco y lanzador.

El periodista Carlos Durand me preguntó por mensaje durante la transmisión  si había una rampa para personas con problemas motrices ya que quería llevar a su papá, y  Raúl contestó a su inquietud.
Miguel Angel Brulé, el Noke, nos mandó saludos y alguno de de sus habituales comentarios cómicos. Juampi me miraba con cierto recelo portando un bidón lleno de agua bendita.

Caminamos por los los vestuarios, por la zona mixta, la platea y, finalmente, el plato fuerte, el túnel, unos escalones y la luz.

Al final del túnel, La Luz.....el sol y sus rayos amarillos, el verde césped, el celeste cielo, el resplandor azul y rojo de las butacas del frente que en blanco forman la palabra Mendoza.
Estábamos adentro de una nave espacial gigante al pie de las montañas viajando mentalmente por una galaxia auriazul en busca de la sexta estrella.

Corrimos por toda la cancha. Corrimos y corrimos. Como hacen los chicos cuando están en un espacio abierto. Una reacción bien animal, como los perros, correr. Simplemente correr.

Y  luego nos sacamos fotos en el círculo central, en el banco de suplentes, con la platea que tiene el nombre de la ciudad de fondo, con la de enfrente techada, y fue, en el medio de tanto alboroto, que el Lito aprovechó para irse sólo detrás de un arco, sería el arco adonde iría la hinchada de Gimnasia y Esgrima de La plata exactamente una semana después, el 6 de diciembre del año 2018.
Allí, el Lito plantó la ruda macho.
Habíamos leído que para que esa planta active sus propiedades mágicas debía ubicarse a la izquierda del jardín por lo cual tomamos como referencia los bancos de suplentes, en uno de los cuales,  estaría sentado el Patón Bauza.


Mientras tanto Juampi diseminó los bidones por todo el campo de juego.

Estábamos "ultracanallas", como dice mi amigo el Odontólogo Román Máquina Didomenica, frotándose las manos.
La misión estaba cumplida.
Prometimos, si ganábamos la copa, obsequiar al guía una remera de Central y llevarle unos vinos Buhler.  Aquí, tal vez,  nos metimos solos en una nueva encrucijada, como aquellos que prometieron cosas antes de la final de la Copa Conmebol del año 1995.

Venía todo muy encaminado, no se jugaba en San Juan donde además de haber perdido una final tuvimos, estando en el Nacional B, dos partidos en una semana los cuales perdimos y no logramos el objetivo de ascender. Como decimos con Esteban son "cosas que sólo le pasan a Central", institución al cual, realmente, le ocurren cosas insólitas, de las buenas y de las no tanto.
Tampoco se jugaba en Córdoba donde perdimos las otras dos finales consecutivas.

Ahora estábamos en Mendoza, algo nuevo, donde estábamos jugando de local, parando en la finca de Wally, donde el vino es de excelencia, donde el aire de la cordillera baja purísimo, donde todo es buena onda, donde está todo bien.
Esta vez se tenía que dar.
Al menos de nuestra parte, más no podíamos hacer.