lunes, 17 de julio de 2023

¿QUIÉN TIENE REALMENTE EL PODER?

 


Ayer, cuando cerró la votación me fui a esperar los resultados de las elecciones a la sala de un hotel céntrico junto a Miguel Ángel Tessandori.

No era un búnker, como muy mal se llama por esas costumbres extrañas de la comunicación por repetición. El búnker es un lugar subterráneo y húmedo donde se esconden los genocidas o, más acá en el tiempo y en Rosario nos lleva a un lugar que forma parte de una cadena que baña la ciudad en sangre.

En la sala en cuestión había un ambiente calmo, cálido y tranquilo. Unos sillones, alfombra, una mesa con agua y café y un televisor encendido con el canal cinco.

Estaban sus familiares, amigos, allegados y la gente que conforma su equipo.

Pasadas las 19.30 hs. llegó Miguel y saludó uno por uno a los que estábamos hasta que se dio cuenta que faltaba Belén. Belén es su hija.

Lo acompañé a Mauro a buscarla al barrio de Miguel, a una calle oscura que choca contra el Viaducto Avellaneda, la espera en el auto fue breve y eterna.

Volvimos al hotel.

Estaban todos los que tenían que estar: sus hijos,  Mauro, Luciano y Belén. 

En realidad faltaba uno más pero al cielo – todavía- no lo podemos ir a buscar.

Estaban  sus nueras y su nieta muy pequeña a la cual Miguel simplemente mira y le saca una sonrisa.

Eso es Poder.

Actualizábamos los datos permanentemente en nuestros teléfonos  e íbamos viendo el recuento de voto en el momento. Estábamos a diez puntos, después a ocho, después a cinco, después a tres. Nos pusimos contentos. Miguel sonreía. Se iba sentando en distintos lugares, fuimos rotando como en el vóley,  aunque en realidad era como en el tenis tal como lo había dicho él a la mañana. Es punto a punto. Y es verdad.

Nos llegaron datos de mesas testigos.

Estábamos cerca, estábamos  a menos de un punto. La política puede no parecer muy interesante, pero les aseguro que en ese momento hay adrenalina tipo cuando Central da vuelta esos partidos que no los hace nadie. Estábamos todos ahí, todos pendiente. Reímos, nos pusimos serios, nos volvimos a reír. Todo era en un ambiente de mucho respeto que cada tanto se cortaba con un chiste. Para mi, comenté, había que poner algo en Netflix ahí, alguna de las pocas buenas películas que cada tanto encontrás.  Miguel me miró, creo que le gustó mi idea, es fanático del cine.

Comimos sandwichitos y les avisé que si llegaba a ver que se daba vuelta el recuento me iba a ir a buscar una birra.

Había un poquito de entusiasmo mesurado. 

Luciano me dijo que lo acompañe a comprar pañales. No puede ser tan árbitro pero no le puedo decir que no. Caminamos hasta una farmacia de turno y otra vez el miedo. Todo roto, sucio, poca luz y feo. Las motos cruzaban las calles en la mano que querían y no se distingue vereda de calle. Es imposible no tener miedo más allá que no lo decimos.

 A la vuelta de la farmacia Luciano sacó el teléfono para hablar con su esposa como si nada  en otra actitud de árbitro, para explicarle que no conseguimos pañales “bombachitas”.  

Antes de volver al hotel me comentó que por un lado estaba bueno que su viejo no gane, que piensa  mucho en el desgaste que es para la salud, que se ahorraría un montón de problemas y que él no podría atender tranquilo su negocio. Está brava Rosario.

Llegamos, los votos seguían ahí cerquita,  estábamos dos puntos abajo. Me acequé al tele con Belén para que vea la foto de su papá ahí en la pantalla con el numero 39.47%, porque a ella le cuesta ver de lejos. Vio eso y sonrío, estábamos ahí nomás. 

No iba a durar mucho más Belén ahi porque es una persona altamente sensible y después le empezó a doler la cabeza. Mauro la llevó a su casa.

En ese momento estábamos tres puntos abajo. Lucho lo veía difícil.

De repente sonó el celular de Miguel y dijo “Pablo, ¿cómo va?” y se fue a otro cuarto.

Es el intendente quien llamó para felicitarlo por la muy buena elección y le avisó que según las mesas testigos de su partido tenía una diferencia muy amplia e iba a salir a avisar que ganó la interna. Esto es tener Poder.

 El “Partido”,  gente de la militancia dura, de años, de trabajo estatal, de familiares, de amigos, de la facultad, de los barrios, intelectuales.

Son muchos y muchos viven por y para  eso.

No hay juicio de valor en mis palabras, es data. Son apasionados, los hay buenos y, claro, quieren una sociedad mejor. Como quiere Miguel también, que no es lo que se denomina un animal político (esa definición si está buena) como lo es su contrincante Pablo.

Nos contó Miguel que hablaron mientras un asesor escribía algo en twitter. 

¿Qué querés qué le diga qué haga? nos dijo.

Creo que se bajoneo un poco, pero hasta ahí.

Se sentó, se puso los lentes, miró su celular, miró la tele. 

Pablo festejaba abrazado a mucha gente en un escenario y dijo que ganó, que su Partido ganó.

 Estaban todos sonrientes y saltaban al son de la  música de Fito Paez.

A mi no me parece que haya algo que festejar, tal vez este sea otro error de la forma de comunicar. En Rosario impera el miedo y los que la caminamos vamos mirando a todos lados. A la hora que sea y en el barrio que sea.

Bajamos un poco el volumen de la tele, estában muy fuertes esos festejos.

Miguel volvió a mirar el celular y pasó un rato hasta que cruzamos miradas y, de repente, sonrió.

A Miguel Angel Tessandori un día de invierno del año 2023 casi cien mil rosarinos de todas las edades, de todos los estratos sociales, leprosos y canayas le depositaron su confianza en una urna.

 “Perdió” por apenas 4600 votos la posibilidad de ser el próximo intendente de la ciudad que tanto ama, donde nació y va morir, en el mismo barrio, barrio del cual muy probablemente se hubiese tenido que ir de haber “ganado”.

Hoy lunes siguió caminando tranquilo por la calle y la gente lo siguió parando para saludar, para decirle algo lindo o para sacarse una foto.

Entonces es que yo, ahora, me pregunto, ¿quién es realmente el que tiene el poder?

 

                                           Guillermo Morales

jueves, 29 de junio de 2023

I.A.

 El día de la bandera salimos con Leo de Gorostarzu caminando por Catamarca hasta España cuando sentenció: "la mejor estación para vivir en Rosario es la primavera".

El feriado llegaba a su fin y al otro día comenzaría el invierno más largo de la historia.

Las calles estarían más frías que nunca y los vientos se llevarían puesto nuestros cálidos encuentros en los bares de la ciudad.

-¿Quién le compite a Miguel en las internas de elecciones?-

- Ni se Leo, alguno que debe ser menos conocido que yo...... ¡ese! - exclamé porque justo frente a la casa de Antonio Berni había un cartel con propaganda política que decía "Charly Cardozo". ¡Es  ese!, no tengo ni idea quien es, agregué.

- Ah entonces ya está, va él- musitó acelerando el tranco con las manos en los bolsillos y la última bola de humo otoñal de ese año que salía de su boca.

- Es muy probable, afirmé. Para mi los gobiernos tendrían que ser regidos por una inteligencia artificial y todo decidirse por ahí.

Leo detuvo su paso con una sonrisa mostrando interés en mi ocurrencia por lo cual desarrollé de forma entusiasta:

- Claro imaginate, sería una verdadera democracia, ahí si el pueblo realmente formaría parte de las decisiones. Imaginate todos vinculados con nuestros teléfonos mediante una aplicación en la cual vayamos votando las medidas de una gestión, donde destinar presupuestos, a qué darle prioridad.

¡Eso sería realmente la democracia!, ¿acaso no se decide siempre en función de lo que desean la mayorías?, bueno, acá sería en una gestión del pueblo durante todos los dias, los 365 días del año. Todos los celulares homologados, bien identificados asi como está el dni. Y dejamos todo en manos de una gran máquina que vaya arrojando los resultados y en función de eso los funcionarios, la burocracia, actúe

- Ah la mierda - dijo y se quedó pensando.

Luego retomamos el paso por la vereda apurando la llegada a cada uno de nuestros hogares antes que el día sea hábil.

Cuando llegamos a calle Jujuy donde nuestros caminos se bifurcan y, tras saludarnos, dejó una idea pendiente que seguramente retomaremos cuando termine el invierno más largo de la historia: - Morales Intendente, con el apoyo de la Inteligencia Artificial.

Luego sonrió, por última vez, y su figura desapareció en la noche.


miércoles, 10 de mayo de 2023

CINES DEL CENTRO

 Me quedé en la sala solo, viendo el final de los créditos en la pantalla para no perder ningún detalle de la película hasta que se apagó y la sala quedó en  silencio. Había quedado solo en ella, pero... estaba realmente solo?.

El público, que minutos antes había agotado las localidades y estaba amontonado ahí entre esas sillas que no son del todo confortables, haciendo ruido a papeles que se desenvuelven, a toses y otros  asquerosos sonidos laríngeos, incluso mirando a veces las luces de las pantallas de sus teléfonos, no estaba más.

El mismo público que antes me imaginé que podía estar muerto.

 Me pasa mucho volar con la imaginación mientras miro cine y por esas cosas de la mente en un momento, por la mitad de la película, me los imaginé así. 

Contemplé a  la gente que estaba en la filas de adelante de las cuales solo podía ver el contorno negro y la luz de la pantalla que se proyectaba frente a ellos, a las viejas que tenía a un costado antes del pasillo y al enfermo que se sentó a mi derecha y puso su brazo en el apoyabrazos que se comparte haciendo uso total sin despegarlo ni un segundo en lo que duró la proyección del film. Lo vi cadáver. Yo estaba en medio de todos ellos hasta que la película volvió a llamar mi atención y terminó este pensamiento.

Con la película terminada Zoel corrió al baño y me quedé en mi butaca, ahora si, usando ambos apoyabrazos, revisando actores, locaciones, municipalidades, agradecimientos, guionistas, camarógrafos, maquilladores, seguros, intérpretes, canciones y autores hasta que la música de tensión se apagó y con ella la imagen.

Y ahí quedé, en la sala 4 del Cine del Centro, sólo con un montón de ideas sobre los espacios donde confluyen personas de forma masiva y asidua.

 Eso es energía y la energía es movimiento. 

Y las personas mueren. 

Y la energía se transforma.

Me paré y contemplé la sala en la penumbra, con apenas unas luces de emergencia encendidas.

Habían pasado varios minutos desde el final de la película y la idea de que cierren el cine, olvidándose de mi, me invadió.

Salí al pasillo y me detuve frente a un afiche de una vieja película cuando escuché el sonido de unos pasos crujientes en, lo que me pareció, el techo.

Eso precipitó más aún mi salida.

Al llegar a la boletería donde una empleada comenzaba a cerrar la puerta, me detuve con una inquietud que surgió de forma espontánea. Zoel me esperaba desde afuera, del lado del shopping 

- Disculpá, te hago una consulta: Cuánto hace que trabajas acá?

- Seis meses -respondió un tanto desconcertada ante mi requerimiento.

- Y alguna vez alguien te comentó sobre la existencia de un fantasma, de algo paranormal? -Zoel que miraba la escena se alejó de mi vista.

- Si, hay una señora.

- Posta?, es muy común escuchar historias así de lugares donde pasa mucha gente. Y  qué te contaron?

- Nadie me dijo nada, lo vi yo - y luego agregó- Cuándo proyectamos películas acá por más que haya una sola entrada vendida la pasamos igual, y fue que revisé y había una señora viendo. Mi compañero me vino a decir que iba a cerrar la sala porque no había nadie y ante mi comentario, al haber chequeado antes que él, me hizo volver a mirar y cuando fui me encontré que no había nadie.

- En qué sala fue eso?

- Fue en la sala 2.

Saludé y me reencontré en el pasillo del luminoso shopping vacío y de vidrieras apagadas con Zoel. 

Le dije que ni se imaginaba lo que me acababan de contar . Me arremangué y le mostré la piel erizada.

- No me cuentes nada - me dijo.

Me quedé con la idea rondando mi cabeza hasta que las luces y colores del Mc Donalds me hicieron olvidar lo que pasó.

En la breve cena comentamos la película de Szifron.

miércoles, 29 de marzo de 2023

ME ARDE, ME QUEMA

 Andrés Calamaro canta con un sombrero texano y un tapado de piel detrás de sus característicos lentes negros.

Es el programa de Mirtha Legrand y yo estoy detrás de cámara siguiendo las instancias. 

Canta, sólo, sobre una pista "Diez años después", canción perteneciente a la extinta banda hispano argentina "Los Rodriguez".

La atención sobre él es total, es un momento televisivo que será histórico en el final de este programa.

Es cuando se me ocurre la idea: que siga cantando, si podemos extendernos una hora más, sino importa el programa que viene después, una serie vieja enlatada en blanco y negro. 

Quésiga si nadie se va a quejar, si a nadie le va a importar y estamos en un momento único.

Entre tiracables, camarógrafos, técnicos, productores y asistentes voy sembrando rápidamente la idea hasta que una voz autorizada me dice: armálo afuera.

Salgo al parque del canal donde hay una colina verde y más allá, detrás de las rejas, los fans esperando a su  ídolo.

Empiezo a correr del estudio al exterior y desde el exterior al estudio junto a un malón de asistentes y armamos el backline sobre la colina y luego voy depositando listas, bebidas y sandwichs a los costados. 

Un amigo, Esteban, se ríe y me mira, me controla si es que toco algo del catering. Qué boludos son los pensamientos de control cuando alguien cree ejercerlos y no tiene ningún tipo de autoridad moral. 

Me río de los que se rien y creen que se están riendo de algo. Porque nada de eso sucede, sólo quiero que ocurra e  show y por eso corro contra el tiempo mientras Calamaro prolonga su actuación y la transmisión ya se metió en un horario no correspondiente.

Abrimos las puertas y el público invade el parque, Calamaro sale a la colina con sus músicos, que ahora si aparecen.

Vuelven a sonar los acordes de "Diez años después" , ahora en vivo  y la banda arranca.

Contemplo la actuación desde abajo mientras los temas se van sucediendo uno tras otro. 

Cada vez llega más público.

En un momento la actuación frena por un inconveniente entre el artista y un micrófono. Me busca un productor y del brazo me lleva hasta el escenario y como si me depositara volando aparezco en medio del conflicto técnico, la mirada del músico, la ansiedad del público y los silencios que intimidan.

Calamaro me exige que conecte el plug del micrófono del cual sale fuego. Me quedo dudando frente al equipo de sonido.

Agita el micrófono y el fuego se propaga aún más por el cable. Decido no hacer esa estupidez.

Ante mi actitud pasiva el músico vuelve a agitar la base del micrófono desde la cual se desprende un líquido caliente que pega en mi frente y en el momento me provoca una quemadura por lo cual salgo corriendo hacia el baño en busca de agua.

El ardor es insoportable, no me quiero mirar en el espejo. Tiro agua sobre la herida y me quedo un momento frente a una ventana que me refleja fantasmalmente. La herida se va propagando, me está comiendo la piel, es como si fuera ácido sulfúrico.

Corro en busca de Noel a mostrarle. La encuentro entre el público que murmura ante la ausencia de música, los golpes estúpidos e intermitente del baterista, alguna guitarra espaciada que tira distorsión y los los ruidos de acoples. Noel está ahí, atrás de todo, esperando como el resto del público que el espectáculo se reanude.

Me le acercó y le cuento lo que me acaba de pasar, me dice que no es nada, que es como cuando me sacaron la raíz del diente y después de unos días la encía se me regeneró. No me tranquilizan sus palabras y es por eso que levanto mi flequillo y le muestro la herida.

Veo sus ojos verdes que se abren preocupados, preocupación que logro sentir, no lo puede ocultar ella ante la magnitud del hecho.

Vamos ya a un hospital, le digo. Me toma de la mano y corremos entre el público rumbo a la salida e inevitablemente tenemos que pasar frente a Calamaro que está arriba de la colina.

Dice boludeces frente al micrófono, la está canchereando.

Aprovecho el silencio para descargar toda mi ira: La concha de tu madre Calamaro, andate bien a la puta que te parió, anda a hacerte el canchero a otro lado gil, ya nos vamos a encontrar hijo de mil puta, vamos a ver si te la bancas solo.

A Noel no le gusta esta situación y también me lo hace saber con la mirada pero la urgencia nos apremia y me arranca del lugar con un tirón de la mano.

Calamaro creo que no me escuchó porque siguió balbuceando frases inconexas bajo el sombrero texano, detrás de sus lentes negros.


lunes, 16 de mayo de 2022

EL ECLIPSE TOTAL DE SOL

Estamos apostados frente al paseo ribereño a la espera del eclipse total de sol, resguardado detrás de los alambres y arbustos, dentro del club.

El fenómeno empieza a suceder y realmente es fascinante por demás asombroso e inesperado en su cualidad.

Ni por asomo se compara lo que estamos viendo al lado de la vez que me senté con la reposera por iniciativa de mi abuela en la terraza a la espera del paso del cometa Halley u otros eclipses anteriores, como el anterior a este que me encontró entrando al negocio de zapatillas de Génova y Alberdi mientras el cielo se oscurecía de forma repentina y un brillo nos acaparaba. La recomendación es no mirarlo sin protección, algo que no pude acatar, ya que la curiosidad fue mayor, y escondido entre Flechas, Topper y Pamperos lo espié.

Perdí la vista por un momento y caí convulsionando sobre la alfombra del histórico local. La asistencia de su propietario, Eduardo Colón, fue crucial, quien leyendo un extracto del libro "Sinceramente"  que tiene escondido en la caja registradora me hizo recobrar la conciencia.

Pero lo que estamos viendo acá es inusitado ya que el cielo comienza a oscurecerse tornándose grisáceo y unas luces comienzan a dibujarse en él, algo que jamás, nadie ha visto a la fecha.

Vemos dibujado el planeta Saturno, solo podemos ver su contorno lumínico que pasa surcando el horizonte como un satélite veloz.

Se encienden las estrellas que se mueven de un lado a otro. Nuestro asombro comienza a transformarse en encantamiento y pequeñas dosis de pánico el cual decididamente se apodera de nuestras mentes cuando vemos que sobre el río, a la vera de donde nos encontramos, viendo el fenómeno natural, hasta escasos minutos maravillados y entusiasmados, aparecen y quedan estáticas por un momento un conjunto de tres naves espaciales.

Luego de esto comienzan a salir de ellas cables cual tentáculos que se dirigen hacia donde estamos.

Ahora si el pánico y el caos es total y empezamos a correr despavoridos para cualquier lado, sin  ningún tipo de sentido, buscando un resguardo. Una voz robótica dirige los tentáculos y dice a quienes debe buscar.

Es cuando me anoticio que soy uno de los elegidos algo que se sin comunicación verbal, es una vibración interna que me hace saber que están en mi búsqueda.

Estoy apoyado a una pared con ambas manos en ella, de espaldas, con las canchas de tenis delante mio, trato de pensar con algo de tranquilidad mi próximo movimiento.

Espío el paseo ribereño y veo un tumulto de gente, luego de ellos noto como están entre varios zapateando a un alienígena.

El pueblo tomo la callé, y camina buscando apoderarse o vengarse con lo primero que aparezca a mano. Lo veo entre remeras de fútbol que se asoman por abajo de los buzos y vino en tetrabrick cortado que pasa de mano en mano.

Maccarone se acerca a mi lado en la misma y comparte mi actitud sigilosa.

Tiene una chomba y chaleco tipo sweater además de lentes de ver, barba cuidada y mirada celeste.

"A mi también me están buscando" - me comenta entre el pavor y los gritos.

No lo creo nada, siempre quiere ser protagonista. Tampoco llego a contestarle ya que veo entrar una columna de gente por el medio de las canchas de tenis que luego comienzan a romper con palos la puerta del buffet que está próxima a nosotros. Lo terminan logrando y entre decenas de brazos comienzan a pasarse botellas de Quilmes.

La voz que sucumbe al vibrar en mi interior dice que solo falto yo por lo que en un rapto de sagacidad corro hacia el vestuario de mujeres ante la clara visibilidad por parte de las naves de mi huida, ocasión en que los tentáculos comienzan a esparcirse entre el polvo de ladrillo, llevándose puesto todo en el camino tras mis pasos sin poder llegar a mis talones ha pesar de estar a milímetros.

Logro antes bajar por el túnel que conecta al vestuario de damas, entre la oscuridad y la escasa claridad lumínica que entra por las ventanas, entre la humedad y las paredes descascaradas, entre el olor a cloro y a edificio viejo.

Logro llegar al cuarto y último subsuelo en la mejor decisión que puedo tomar y allí me encuentro con el silencio y la quietud de desconocidos que tratan de esconderse de la situación.

Los veo sentados sobre un banco de hormigón, la comunicación solo son los semblantes de nuestra preocupación a excepción de una pequeña persona que me mira y sonríe y noto que está iluminada desde adentro.

Es un humanoide que está advirtiendo a las naves que me encuentro allí.

Lo comienzo abrazar apretándolo con toda la fuerza posible, algo que aumenta al sumarse la ayuda de quienes estaban allí junto a mi.

Luego de ello el humanoide explota, desintegrándose, dejando solamente polvo en el aire y es cuando finalmente cedemos en nuestro esfuerzo.

Escucho en mi interior como las naves deciden abortar mi búsqueda y emprenden la retirada, es cuando siento algo de tranquilidad y me dejo caer al suelo, sentando contra la pared.

Las pulsaciones comienzan a desacelerarse de y la sudoración se seca.

Del hueco que está bien arriba y oficia de ventana entra, decididamente, un rayo de luz solar.

Comienzo a buscarlo de forma ascendente por las escaleras.

El miedo se diluyó no así la cautela.

Finalmente llego a ella y puedo ver el paseo ribereño, con su río e islas por detrás.

La calle me devuelve al pueblo movilizado, con palos y con antorchas, rompiendo la reja y atravesando los arbustos, el límite entre la calle y este club.

miércoles, 13 de abril de 2022

EL BORRACHO AZUL


El borracho azul está en la barra

A nadie le importa que esté solo y que esté borracho.

Lo llamativo  es que es azul

Bebe solo y reflexiona.

Del otro lado de la barra los empleados hacen sus tareas

Él no habla con nadie, pero todos saben que está ahí. Más por ser azul que por ser borracho.

Fue un muchacho jovial y alegre el que se le acercó y le preguntó: "Hey tú, borracho, ¿sabes que eres azul? a lo cual respondió: "pero porque no te vas a la puta que te parió".

Siguió tomando aquel borracho solitario y azul ante la lejanía en el sentimiento de las personas hacia él.

Y fueron noches, semanas y meses que estuvo parado frente a la barra de aquel viejo bar hasta que una noche llegó un nuevo borracho, fosforescente.

Fue la primera vez que se interesó en algo más que en la carga de su vaso y pensar en su derrotero.


G.M.

jueves, 6 de enero de 2022

EL PRESIDENTE

 - Señor presidente, mire, lo más conveniente va a ser que usted desvíe su camino. 

Tenemos todo organizado para trasladarlo en  limousine y que empiece hoy su descanso en la quinta. Aquí puede ver el plano, este es dibujo del coche y vamos a ir por esta línea de puntos - apuntó  George sobre uno de los mostradores de madera con un papel que sacó de su bolsillo en el cual hizo unos trazos infantiles con una lapicera de tinta azul ante la mirada desorbitada del presidente.

El presidente se quedó pensando, apoyado de espaldas en el mostrador de enfrente y analizaba esa posibilidad. El garabato de auto alargado en el papel con esa línea le transmitía algo de seguridad.

Pero no podía evitar desconfiar como lo fue haciendo cada vez más desde los tiempos de campaña en los cuales todo había sido muy intenso y estresante.

Los viajes, la presión de las corporaciones, las operaciones políticas y las redes sociales. 

Los años en el poder, luego, habían sido desgastantes, casi no había tomado vacaciones a no ser por ese fin de año en Aspen del cual tuvo que regresar antes de lo previsto por la amenaza de misiles rusos que llegarían desde Cuba.

 Había perdido vida, en poco tiempo envejeció y su aspecto estaba desalineado.

- Creo que son estas - dijo Wil tras estar hurgando en una estantería plagada de cajitas de cartón de muchos colores desde una escalera portátil de tres peldaños.

George lo miró desde el mostrador. El presidente, siempre atento a cualquier estímulo estaba alerta. El cortisol corría por sus venas y parecía emanar de sus poros.

Will se acercó a George y, tras sacar un papel de adentro de la pequeña caja que traía del estante, e inclinarse sobre él  para que pueda verlo leyó en voz alta, acomodándose los lentes: "Benzodiazepinas".

El presidente se asustó al sentir que algo se le estaba ocultando y tembló para sus adentros, tomándose el pecho con ambas manos en señal de auto resguardo.

Will y George hablaban susurando detrás del mostrador y lo miraban de frente, como analizándolo. Los ojos de Will parecían agrandarse detrás de sus cuadrados lentes y sus enormes cejas grises.

- ¿Qué está pasando?,-preguntó a ambos-, puedo sentir que algo está pasando y no me lo están diciendo.

- Tranquilícese señor presidente, estoy organizando la retirada - trató de transmitir tranquilidad George.

El presidente pareció recomponerse y caminó haciendo crujir el piso de parquet del viejo recinto y traspasó el mostrador por un costado, frente al ventanal que da a la calle.

- Díganme la verdad , está pasando algo , insistió más calmo.

- Tranquilícese señor presidente, ya nos vamos a ir.

El presidente comenzó a caminar por el interior del local  entre las estanterías plagadas de cajitas y espejos que le devolvían su rostro sumido en la enajenación. Notaba como era analizado por Will quien  a sus exagerados lentes cuadrados le había sumaba una lupa que hacía que su ojo se viese impactante.

Mientras caminaba por el salón a paso firme y con ambas manos cruzadas en su espalda sentía la respiración de Will quien lo perseguía con lupa como un fantasma con su blanco y pulcro delantal.

El presidente farfullaba palabras sobre la posibilidad de establecer una cuarentena y un cerco naval sobre la isla de Cuba. Hablaba sobre una posible guerra nuclear y misiles balísticos.

Comenzó a transpirar y a pegarle a uno de los mostradores.

George se le acercó y le pidió tranquilidad algo que logrón con escuetas palabras: Ya todo fue resuelto en la conferencia de Helsinki.

El mandatario buscó por encima de los hombros de su asesor a Will quien misteriosamente se había esfumado.

Pareció volver en si y, sonriendo cómplice con su interlocutor bromeó: "Los rusos, podríamos bombardearlos en cinco minutos".

Luego se cruzó de brazos volviéndose a apoyar, esta vez, sobre el mostrador de la caja registradora, desde donde inmediatamente George lo retiró.

Volvió a ponerse serio mientras George se dispuso a revisar unos papeles que tenía en un bibliorato. 

Se mantuvieron unos minutos en silencio hasta que una luz roja y azul giratoria invadió la parquedad del local.

A los pocos segundos dos uniformados ingresaron al local y miraron a George quien asintió sin mediar palabras y tomaron de ambos brazos al presidente a quien invitaron a retirarse.

El presidente subió al asiento de atrás del móvil de la policía metropolitana mirando la fachada del local vidriado desde donde divisó, tras la puerta de entrada, la figura de Will quien lo contemplaba una vez más con sus exagerados lentes y su gran lupa.

Ya estaba oscureciendo. George quedó solo en su vieja ferretería de la Old Brompton Road de Londres y comenzó a cerrar el negocio predispuesto a irse al pub