miércoles, 10 de mayo de 2023

CINES DEL CENTRO

 Me quedé en la sala solo, viendo el final de los créditos en la pantalla para no perder ningún detalle de la película hasta que se apagó y la sala quedó en  silencio. Había quedado solo en ella, pero... estaba realmente solo?.

El público, que minutos antes había agotado las localidades y estaba amontonado ahí entre esas sillas que no son del todo confortables, haciendo ruido a papeles que se desenvuelven, a toses y otros  asquerosos sonidos laríngeos, incluso mirando a veces las luces de las pantallas de sus teléfonos, no estaba más.

El mismo público que antes me imaginé que podía estar muerto.

 Me pasa mucho volar con la imaginación mientras miro cine y por esas cosas de la mente en un momento, por la mitad de la película, me los imaginé así. 

Contemplé a  la gente que estaba en la filas de adelante de las cuales solo podía ver el contorno negro y la luz de la pantalla que se proyectaba frente a ellos, a las viejas que tenía a un costado antes del pasillo y al enfermo que se sentó a mi derecha y puso su brazo en el apoyabrazos que se comparte haciendo uso total sin despegarlo ni un segundo en lo que duró la proyección del film. Lo vi cadáver. Yo estaba en medio de todos ellos hasta que la película volvió a llamar mi atención y terminó este pensamiento.

Con la película terminada Zoel corrió al baño y me quedé en mi butaca, ahora si, usando ambos apoyabrazos, revisando actores, locaciones, municipalidades, agradecimientos, guionistas, camarógrafos, maquilladores, seguros, intérpretes, canciones y autores hasta que la música de tensión se apagó y con ella la imagen.

Y ahí quedé, en la sala 4 del Cine del Centro, sólo con un montón de ideas sobre los espacios donde confluyen personas de forma masiva y asidua.

 Eso es energía y la energía es movimiento. 

Y las personas mueren. 

Y la energía se transforma.

Me paré y contemplé la sala en la penumbra, con apenas unas luces de emergencia encendidas.

Habían pasado varios minutos desde el final de la película y la idea de que cierren el cine, olvidándose de mi, me invadió.

Salí al pasillo y me detuve frente a un afiche de una vieja película cuando escuché el sonido de unos pasos crujientes en, lo que me pareció, el techo.

Eso precipitó más aún mi salida.

Al llegar a la boletería donde una empleada comenzaba a cerrar la puerta, me detuve con una inquietud que surgió de forma espontánea. Zoel me esperaba desde afuera, del lado del shopping 

- Disculpá, te hago una consulta: Cuánto hace que trabajas acá?

- Seis meses -respondió un tanto desconcertada ante mi requerimiento.

- Y alguna vez alguien te comentó sobre la existencia de un fantasma, de algo paranormal? -Zoel que miraba la escena se alejó de mi vista.

- Si, hay una señora.

- Posta?, es muy común escuchar historias así de lugares donde pasa mucha gente. Y  qué te contaron?

- Nadie me dijo nada, lo vi yo - y luego agregó- Cuándo proyectamos películas acá por más que haya una sola entrada vendida la pasamos igual, y fue que revisé y había una señora viendo. Mi compañero me vino a decir que iba a cerrar la sala porque no había nadie y ante mi comentario, al haber chequeado antes que él, me hizo volver a mirar y cuando fui me encontré que no había nadie.

- En qué sala fue eso?

- Fue en la sala 2.

Saludé y me reencontré en el pasillo del luminoso shopping vacío y de vidrieras apagadas con Zoel. 

Le dije que ni se imaginaba lo que me acababan de contar . Me arremangué y le mostré la piel erizada.

- No me cuentes nada - me dijo.

Me quedé con la idea rondando mi cabeza hasta que las luces y colores del Mc Donalds me hicieron olvidar lo que pasó.

En la breve cena comentamos la película de Szifron.