domingo, 11 de noviembre de 2018

COMUNICACIÓN


Otra vez la misma sensación de que alguien va a entrar a la casa
Estoy en la parte de arriba, es de noche.
Afuera solo hay oscuridad
Las ventanas no tienen rejas.
Escucho a la abuela que baja las negras escaleras de mármol que resisten las reformas que una y otra vez le hicieron a la casa. Baja arrastrando el camisón con sus pantuflas.
Las copas de los árboles se mueven en la negritud y contrastan con el cielo.
El viento sopla inclemente
Hay presencias merodeando la casa y el jardín no tiene cerca.
Todo es de un tiempo en el que no hacía falta el resguardo.
Tapiales sin rejas ni arbustos.
Y ella sigue bajando las escaleras mientras la noche nos acecha.
Yo se que no estamos más en esa época.
Y comienzan a surgir las voces. Y el ruido de una ventana que intenta abrirse.
Y la abuela pide ayuda y me llama.
Bajo las escaleras con prisa y el miedo me oprime los músculos de las piernas.
Llego al teléfono del comedor que no existe más como era y comienzo a discar con un dedo.
El número de la policía no se si es el 911 en ese tiempo.
Pienso lo que voy a decir rápido en esos microsegundos, ser claro, que es la casa de Rondeau y Vucetich, la esquina sur, la numeración 2824 o 3092 según la época.
Decir que alguien quiere entrar a la casa, contarlo rápido.
Seguro me van a pedir más precisiones, no se que más les voy a poder decir, apurado y consternado.
Pero no llego a hacer esa llamada y todo se evapora al despertar.
Una vez más ella me quiere decir algo desde el más allá.

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