domingo, 28 de octubre de 2018
EL CAÑO DE CERVEZA
La cobra es el apodo que tiene las dos canillas vertedoras del Riel. Una expele chop Santa Fe y la otra Sidra 1889.
Este bodegón centenario fue el primero que trajo esta cerveza a Rosario. Una marca emblemática de la capital de nuestra provincia pero vaya a saber porqué cuestión marquetinera nunca pudo penetrar en nuestra ciudad.
Hasta que a Beltrán se le ocurrió traerla.
Tal vez haya costado esta marca por esa cuestión de que el rosarino no se siente santafesino. Por esa boludez de los límites o ese complejo de no ser capital de la provincia.
Pero en fin, hace unos años El Riel comenzó a venderla con mucho éxito a tal punto que otros bares empezaron a comercializarla e incluso apareció en almacenes y supermercados.
Hasta aquí la introducción bien podría ser de algún recorte periodístico de la sección economía y negocios del diario La Capital pero hay algo más que pocos saben y es la conexión que hay con el cervesoducto santafesino, algo que viene de principio de siglo pasado, cuando empezó el bar El Riel, hace mucho, mucho tiempo atrás, por supuesto ni Beltrán ni ninguno de nosotros estaban.
Al comprar la llave de negocio mi amigo fue notificado de este secreto, una especie de secreto de estado, como se enteran los presidentes de un país al asumir.
"Beltrán, hay algo que debo decirle" le dijo la anciana, dueña de la propiedad.
Esa tarde yo estaba acompañándolo a él y a su socio, El tío ivan dangelo.
Bajamos las escaleras del sótano.
El tío tiró "cagamos ahora nos va a decir algo de la humedad"
Pero la viejecilla iluminó con su linterna el rostro regordete y con bigote de Ivan y le asestó deteniendo su marcha mientras quedamos parados los cuatro en la escalera : "este es uno de los secretos mágicos que posee nuestra ciudad"
Nos quedamos absortos. no sabíamos con lo que nos íbamos a encontrar.
Resultó ser que por debajo de el riel hay un caño que une los 325 kilómetros que hay hasta la planta donde se fabrica la cerveza santa fe.
Es toda una atracción, en esa planta está el "cervesoducto" que es un caño que une la fabrica y cruza la calle hasta un patio cervecero.
Si ello es toda una atracción imagínense lo que será cuando esto se sepa, musitó Beltran!
Jamás!, dijo la anciana iluminándose el marchito y pálido rostro de bellos canosos y verruga en su nariz.
Nos quedamos atónitos. Al Tío Ivan se le doblaron los bigotes de forma curvilínea hacia arriba.
pero por qué, señora, atine a decir?
porque una maldición pesará sobre todo aquel que ose contar lo de este caño, solo los dueños del lugar pueden saberlo.
ya de movida estaba mal parado ante esta situación. yo no era dueño ni nada que se le parezca, solo soy el biógrafo de beltrán.
No quise decir nada al respecto, la viejecilla parecía desconocer esta condición.
Dos meses tardamos en acondicionar el bar para su inauguración. Muchos amigos participamos.
Se cambiaron los pisos y se colocaron espejos en una de las paredes.
El Riel fue una continuación del bistrot La Vie en Rose, en el libro que le dediqué a ese extinto slo anticipé.
Esta segunda parte fue distinta y en algún punto superó a la anterior contradiciendo la frase que dice que las segundas partes no son buenas.
Estábamos un poco más maduros y teníamos un plan de contingencia anti mutantes. El que traía a uno era responsable por tal, por lo cual las cosas fueron para mejor. ademas descubrimos que dos mutantes se anulan entre ellos y esa era otra táctica que aplicábamos.
lo unico que me incomodaba era que yo sabía el secreto de la cobra.
Del caño que venía desde Santa Fe capital.
Y tenía que lidiar cuando estaba en la barra de no contarle a ningún parroquiano.
Beltrán me alertó "de esto ninguna palabra a nadie".
Y le hice caso, no solo por el pedido de mi amigo sino porque aun resonaban las palabras de la viejecilla. "una maldicion pesara sobre aquel que ose contar lo de ese caño".
Y los bigotes del Tío hacían como un chiflido y se erguían en una imagen visual recurrente que yo tenía.
Una tarde tomaba una cerveza en una de las mesas de la vereda que está debajo del árbol por calle Pueyrredón y se acercó este viejecilla, la de la verruga, con un sombrero conífero y una escoba, estaba barriendo.
hicimos contacto visual. traté de disimular pero se acercó donde estaba y repitío "jamás!!!!" logrando en mi una piloerección.
Yo nunca le dije a nadie esto pero al año de inaugurar El Riel ya me había comentado un montón de gente sobre la existencia u aparente existencia de este caño.
Beltran me dijo que él no le dijo a nadie. El Tío iba poco de noche y yo que era uno de los principales apuntados por ellos porque soy una persona de muchas palabras les juraba que no había salido de mi.
Y no me creían y yo no les creía a ellos.
La cuestión es que el tema ya estaba instalado.
El dr paiva me lo aseguró que el lo sabía de siempre.
El dr llegaba todos los dias a eso de las siete, en la hora del liso, acompañado de algun musico, algun pintor o su joven novia. Y me lo tiró mientras yo esperaba que me sirviesen un liso.
"viene desde santa fe directo." dijo señalando la cobra.
Claro, pensandolo bien podria referirse al barril. Lo que pasa es que uno estaba sugestionado.
Ya para el segundo año de vida de El riel en la mesa chica que a veces trasnochaba se comentaba.
El arquitecto Perez, Juampi nieto, el Pillo. Digamos, toda nuestra barra de amigos lo sabía.
No se puede guardar nada decía Beltrán.
Y una de esas noches comenté lo de la maldición.
Beltrán sonrió. Nieto lo desacreditó de lleno, avalado por Perez.
Todos se mantuvieron escépticos.
Hasta aquella tarde de fines del año 2018 cuando la canilla se rompió.
Yo estaba pidiendo un "lisito" al hijo de Gonzalo Coronel, Felipe, quien tenía cinco vasos en sus manos.
El Riel ese día explotaba.
Popono, el cantanE de los vandalos ponia musica con discos de vinilos desde la mesa alta.
ike parodi charlaba con coki debernardi.
federico fritchi hablaba del libro sobre la biofrafía de Silvia Suller,
el chino aguilar trataba de sacar una canción con la guitarra criolla.
popono decia que esuchaba una voz que bajaba desde el cielo.
miguel tessandori contaba sobre una plaga que invadía canal tres.
Yo miraba como bailaban los vasos en las manos de Felipe mientras servía
cuando en el espejo lateral que tiene forma de ladrillos me pareció ver la figura de Nilda de Siemenzuck cocinando. El fuego de la hornilla iba increscendo hasta atrapar su rostro y mostrar la cara de satán.
Las puertas del riel se cerraron solas violentamente, la música se cortó y se escuchó una explosión de gas y acto seguido de la cobra comenzó a salir una catarata de cerveza.
Felipe se hizo a un lado con la camisa blanca mojada.
Las botellas de champán Buhler ubicadas en el estante de atrás de la barra comenzaron a explotar de a una.
Hubo gritos, caos, descontrol. Popono se acomodó los lentes y reía.
Desde los bafles comenzó a sonar la música de la colombiana Shakira quien habÍa estado el fin de semana anterior cenando antes del recital que dio en la ciudad.
La gente comenzó a gritar más, había mesas de mujeres abrazadas.
Macarena, la cocinera, quería transmitir tranquilidad y corría con una cuchilla en la mano. Sus ojos estaban fucsias.
Había gente agolpándose contra la puerta.
Alberto Olmedo observaba la situación cruzado de piernas y sonriente desde un banco al otro lado de la Avenida Rivadavia.
Beltrán trataba de hacer un torniquete con su camisa escocesa pero lo que lograba era que salga más bebida, empapando a la clientela.
La fuerza que venía desde 325 kilómetros no se podía frenar.
Intentámnos romper la puerta pero era en vano, no podíamos salir.
Las ventanas resistían nuestras embestidas y sillazos.
Al cabo de varias horas nuestros pies estaban por debajo de una pileta de cerveza.
El liso comenzaba a subir.
Gustavo Postiglione se servía con su vaso, chop del piso. tranquilo, mientras miraba un video en su celular, apoyado contra la barra, con un bolso cruzado y su gorra negra.
"Me compraron los derechos de la película el asadito en Israel", le comentó a Pedro Squillacci
Popono por fin pudo cambiar la música y comenzaron a sonar desde un vinilo los Rolling Stones.
Eeeeee gritó.
Con alegría che!
La gente se fue olvidando de la crecida que pare ese entonces estaba en nuestras cinturas.
Fue una noche muy dura, para la madrugada el alcohol ya estaba en nuestras cabezas y flotábamos en El Riel hasta que se nos hizo de día y el sol secó esa noche que quedó por siempre en nuestras retinas.
Algunos no aparecieron más, otros lo hacen a veces, lo cierto es que nadie, jamás, volvió a hablar sobre el caño que trae la cerveza marca Santa Fe desde su ciudad homónima.
Volví a ver a la viejecilla una noche que salÍ a fumar a la vereda.
Estaba barriendo unas hojas y tenía un poncho arriba de un camisón.
No se si notó mi presencia, yo evité, esta vez, el contacto visual.
Apuré el pucho para meterme rápido al bar cuando la vieja cruzó la calle y comenzó a pegarle escobazos a una camioneta de control urbano que se guarda habitualmente enfrente,
jamás! gritaba
jamás! insitia
En la barra me senté al lado de Javi Sancho, que ahora toma sólo café, y como para sacar tema le pregunté si conocía a esa señora, la vecina y propietaria del inmueble.
"Uy si-", me dijo Javi.
"Está re loca".
Fin
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