martes, 7 de mayo de 2019

LA PREVIA DE LA FINAL


Ese día amaneció soleado en Mendoza.
Llegamos al aeropuerto con Fechu, El Astrónomo y el Lito.
Tomamos un taxi rumbo a la finca.
El chofer era de la hinchada de Independiente de Rivadavia de Mendoza, a quien apodan "La Lepra", clásico de Godoy Cruz club que está en primera división.
Atravesamos la ciudad y encaramos para la zona de Reducción una vez más.
Entramos con el auto e invitamos al conductor a tomar unos mates, por lo cual se prolongó la charla de fútbol.
Nuestros amigos que habían llegado el día anterior y Juampi que nunca se fue comenzaban a levantarse y saludaban al desconocido.
Era el día de la final.
De a poco comenzaron a llegar más amigos de Rosario, chicos del club Regatas, entre ellos El Kito Lo Celso quien ya estaba practicando con el plantel de primera división de Central.
Empezaron los movimientos de idas y venidas, compras, encendido de fuego, armado de la mesa frente al lago, foto grupal, música y vaticinios sobre el partido.
Sonaba la voz cantante del Patón Bauza y el cuento del Negro Fontanarrosa una vez más.
Había que suavizar los nervios y la cerveza Los Andes era una buena compania con la Cordillera de fondo.
Por supuesto el vino Buhler no podía estar ausente ante la mirada orgullosa de los hermanos, Wally y Cristian y nuestro amigo León.
Tras el asado vino la sobre mesa y juegos en ronda. Nombrar arqueros de Central u otros puestos, apodos, que hayan jugado en determinados clubes, etc. La parte lúdica donde todos participamos sin importar la edad, el que repetía o no tenía respuesta iba quedando afuera hasta que los dos últimos llegaban a la final.
Me llamó mucho la atención el conocimiento de Kito a pesar de su juventud sobre la historia de Central.
Luego la efervescencia comenzó a subir, la adrenalina y la ansiedad que te hacen vibrar hasta los huesos y por ende los cánticos Canallas, las camisetas y las banderas desplegadas.
Un momento hermoso.
Siempre dijimos que Central es un viaje de ida.
Pero esta vez íbamos por la vuelta, también.
Y llegó la trafic nomás, la cual Wally había reservado con anticipación.
Nos subimos los 20, cargamos provisiones y nos fuimos rumbo al  estadio.
En el techo repiqueteaban las manos y las canciones de todas las épocas salían una atrás de otras.

"No soy pecho frío soy de la acadé, no tiro butacas no rompo carné, yo a Central lo llevo en el corazón... yo soy guerrero, no es un equipo es una pasión, es un sentimiento en el corazón,  y no es un chamuyo de televisión, es verdadero... Esta hinchada es así, la más loca del país, somos locos y borrachos como el Puma y como el Chacho y a alentar llegaron Los Guerreros, auriazul se pinta el carnaval... son de acá El Che y el Negro Olmedo, trajeron fiesta y carnaval.... así es Central"

Mientras cantamos y hago equilibrio para evitar verter el contenido del vaso desde la última fila de asientos se me aparece la voz de mi amigo Román Didoménica diciendo "no se dice fiesta, se dice furia, el che trajo furia y olmedo el carnaval, mirá si el che va a venir con una metralleta a traer fiesta",algo que  más de una vez expresó.
Es que "Máquina", como también le decimos es un estudioso de la hinchada al punto que está haciendo "una documental" con referentes de la tribuna de todos los tiempos, desde la época del Cabezón Fanta, pasando por el Lolo Schamun, al Turco Spid entre otros.


Ya llegando a la ciudad comenzamos a cruzarnos con el color del partido, viendo gente de ambas parcialidades. Hubo un intercambio de señas e insultos con un colectivo de hinchas de Gimnasia pero la cosa quedó ahí.
Incluso el Lito se bajó de la trafic y sacó de vuelo a uno con la remera de Central que se había acercado a la ventanilla baja del colectivo y convocaba a la gente que circulaba en ese momento por la zona, para que se acercase a agitar a los del Lobo.

El tránsito siguió su rumbo y buscamos donde estacionar, ya en la zona del parque donde estaba la entrada de hinchas de Central.

Nos bajamos y nos quedamos un rato con nuestros vasos de fernet bajo un árbol a unos cien metros de la zona de ingreso.
En eso vemos que se aproxima un colectivo y nos acercamos a la calle para ver quienes venían allí.
Era la delegación de Central que llegaba sonriente, saludando por la ventanilla.
Nuestro grupo de amigos, alegre y festivo, encanallados con gorros y remeras devolvió el saludo con cánticos.
El Patón Bauza nos miró feliz, agitando una de sus manos.
Justo, llegamos en el momento justo. Parecía todo cronometrado u organizado. Como esas cosas que te pasan en el centro de Rosario que te encontrás con alguien que hacía mucho que  querías ver, lo recordás y luego aparece. Y para que ello suceda ese día se tienen que dar un montón de combinaciones  y ocurren. Porque si ese día agarrabas una calle distinta, un trámite se demoraba un poco más o un poco menos no pasaba, pero ese día te tenías que cruzar con un amigo, un familiar o alguien que fue importante en tu vida.

Estábamos en la felicidad plena, tomando un aperitivo, al aire libre, en otra ciudad  y con amigos. El Fechu Van Tuyne hacía una video llamada con sus hijos y le mostraba el grato momento.
En eso estábamos cuando  vimos que se aproximaba otro colectivo.

Se me vino a la cabeza lo que acababa de ocurrir días atrás con la segunda final de la libertadores entre River y Boca, la cual fue suspendida por un botellazo al micro del plantel de Boca cuando iba en camino al Monumental.
Hice una asociación simple, un grupo de hinchas de Central, un micro con jugadores del equipo rival, la policía sugestionada que venía en motos por delante, costados y atrás como un escuadrón de la muerte.

Atiné, ni bien vi ese cuadro a decirle al astrónomo, "¡rajemos!"




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