jueves, 5 de septiembre de 2019
EL CHUECO Y LA COLIMBA
El sabe todo y más. Y lo que no sabe o se le olvidó lo busca rápido en Google.
Sabe perfectamente quien es y fue Carlos.
Lo sabe porque se lo dijeron los profesores de la facultad, lo charló con sus compañeros, lo analizó con amigos en noches de borracheras que resuelven el mundo y porque le contaron.
Todo el universo concluye en que los diez años de Carlos Menem como presidente de Argentina fueron nefastos. Terribles. Una mierda.
Toda la información recolectada a través del tiempo lo lleva a esa conclusión. Una vida hablando al pedo de política en cualquier lado, menos en su casa donde jamás se tocó el tema.
El no sabe ni se imaginó jamás que su familia lo votó porque que nadie votó a Menem.
Las tres veces que se presentó a presidente y sacó más votos que el resto fue una obra divina.
Fue gracias al Corán o a la Biblia, a la fe musulmana o a la cristiana que adoptó después. Pero no fue por ser el más votado, es imposible que gane alguien que nadie votó.
Es más, nadie sabe como estuvo una década en el poder, asumiendo antes de lo establecido en la constitución cuando Alfonsín le entregó el país en llamas entre saqueos e hiperinflación.
Claro, Alfonsín es el padre de la democracia. Un padrazo, che. Un ejemplo.
Pero Menem no, a Menem nada.
Incluso él es culpable del estallido del año 2001, culpable total porque convengamos que Chupete no tuvo nada que ver. El culpable es él que le entregó la banda presidencial tres años antes.
Nada tiene que ver un señor al que le decían Chupete y hablaba lento y, al menos en lo estrictamente mediático, mostraba pocos signos de lucidez.
Sabe todo El Chueco y sabe más.
Porque estudió y se recibió, porque es Licenciado en Ciencias Políticas.
Porque leía esas fotocopias horrendas que subrayaba con fibrones fluorescentes de colores naranja y amarillo.
Esas que compraba con monedas en la copistería de la Siberia.
Hegel, Marx, Durkheim, Smidt y cientos de miles de muertos que dieron sus recetas tiempo atrás y se las hacen atragantar a los estudiantes que llegan en bicicleta.
Y Menem es una mierda. Hasta es mufa, yeta. Mató al hijo e "hizo volar Río Tercero".
Porque una mañana de los noventas se levantó re loco, en pantuflas y una bata roja al estilo Hugh Hefner y, hablando con un movicom gigantesco de esos que tenias que tener pulso de cirujano para abrirle la antenita, mandó a volar todo. Llamó a Corach y le dijo "volemos Río Tercero a la mierda".
Y así, todo esto y mucho más, es culpa de él.
Si hasta el video con la canción que está en youtube es risible. Porque lo que dice la canción es todo mentira, él no hizo nada. Menem no lo hizo.
Ni siquiera sacó la colimba, no señor. La colimba "se sacó por el soldado Carrasco", no fue él quien la eliminó.
Pero hay un secreto.
Este relato esconde un secreto de El Chueco, algo que nunca va a contar.
El todas las mañanas se levanta y mira una foto que tiene en el velador en la que está Carlos en la cual se lo ve sonriente, con el traje con el que recibió a los Rolling Stones, levantando una copa de champán.
El chueco lo ve y sonríe.
Lo mira a Carlitos y sonríe porque, convengamos, uno cuando ve una foto o una entrevista de Il Carlo es inevitable que le transmita un hálito de alegría. Incluso, 20 años después de turbulencias políticas y económicas hay historias de esa época que parecen surrealistas o naif.
Y agradece, el Chueco agradece viendo la foto.
Cada tanto y, sobre todo cuando es verano, se cuela un viento al amanecer por su ventana del barrio que lleva el nombre del rosarino Lisandro de La Torre. Su casa está ahí, cerca del Parque Leandro Nicéfaro Alem, tan cerca el parque de su casa como sus ideas radichetas, porque todo tiene que ver con todo.
Y en ese viento tan placentero con aroma a río que solo tiene ese excepcional barrio bañado en sol, a veces suena una cumbia de Gilda, se oye una carcajada del programa Video Match o llega el humo de su primer porro en Brasil, cuando empezaba a viajar por el "uno a uno".
Y a veces se queda pensando si Menem era tan malo y le agradece no haber tenido que ir a la colimba. El no está hecho para correr, para limpiar y para barrer, él está para analizar cómo se debería hacer eso en función de lo que, a su vez, otros tipos pensaron y escribieron en textos extensos y redundantes.
Vuelve a mirar la foto y agradece, incluso lo dice la voz de su conciencia que es la voz del alma.
Pero se le olvida cuando se sube a la bicicleta rumbo al trabajo, se le olvida rápido porque no está bien visto ni es decoroso hablar bien de Carlos.
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