viernes, 4 de mayo de 2018

LA MALDICION DEL MOSQUITO

Capitulo 3
La maldición del mosquito
Llegamos a las 16 de Paraguay, allí hay una hora menos que en Argentina.
Nos recibieron en el Comité Olímpico en la ciudad de Luque, un lugar reservado para deportistas de alto rendimiento donde nos esperaban con el almuerzo, por lo cual dejamos los bolsos en la pieza que a cada uno le había sido asignada y enfilamos hacia el comedor.
Ni bien terminamos, nuevamente subimos a los colectivos para ir a la Conmebol, donde se encuentra el museo del fútbol sudamericano.
Entramos en tres grupos y luego de la recorrida allí nos marchamos hacia una casa quinta que es propiedad de la familia de Alejandro dominguez, presidente de la Conmebol y ex del  Club Olimpia. Bruno Guarnaschelli comenzaba a sospechar sobre una posible maniobra para que estemos todo el tiempo dentro de los colectivos. De hecho hubo algunos que empezaron a sentir agorafobia.
Se manifestaban conductas extrañas. Algunos necesitaban estar cerca de los micros, verlos al menos, para no entrar en pánico. Había conductas animales, algunos se resistían a bajar, como los gatos cuando los quieren sacar de una casa por un tema de mudanza. 
El abuelo Peto preguntaba cuando íbamos a visitar la muralla china paraguaya.

En la quinta que poseía una cancha de once formidable, la cual estaba iluminada. Los niños comenzaron a correrla de un lado al otro, alegres.
Nos habían esperado con un asado para toda la delegación y. luego de ello, nos obsequiaron remeras de la selección paraguaya. Por nuestro lado, Beltrán le entregó banderines e indumentaria del club a los anfitriones, allegados a Dominguez.
Las casacas de la selección las sorteamos entre los más pequeños, alli hubo intercambio de palabras y se habló de confraternidad entre ambos países.
A los tres sitios llegamos más tarde de lo estipulado debido al retraso de la aduana pero en todos los lugares nos recibieron con hospitalidad. El paraguayo es una persona paciente.
Además de esto, esa noche descubrí dos cosas más.
En primer lugar la carne argentina no es la mejor del mundo. Puede que sea parte de las mejores.
El costillar de esa noche en la quinta no tuvo nada de distinto a la carne que solemos comer aquí.
El otro descubrimiento se dio al notar que no había mosquitos.
"O pican con mucha discrecion", sugirió el fotógrafo oficial de la delegación, Marcelo Masuelli, mientras abría la Pilsen 543.
Me acordé de la puta vacuna.
Estábamos rodeado de pasto, con calor y no había señales de ese insecto.

En la isla frente a Rosario es único lugar done  hay, dijo Bruno.

Fue cuando una de las mozas que nos atendía, al escuchar mi comentario nos contó sobre la maldición.
Las luces se apagaron y la luz lunar nos bañó de plata en la oscuridad, se oyeron unos tambores, en un repiqueteo incesante y se iluminaron los ojos azules de esta mujer de tes morena y en un guaraní que entendimos a la perfección porque las palabras las sentimos por dentro, en una experiencia alucinógena, propia de quienes digna de un ritual de ayaguasca.
"El mosquito se lo mandamos a ustedes, tras la guerra de la triple alianza, llego al Río De La Plata y contagió la malaria. Además, los cadáveres en los ríos de nuestros soldados caídos llevaron el cólera para sus tierras. Esa fue la venganza paraguaya tras la guerra"

La luz volvió y uno de los preparadores físicos, empezó a apurar nuestra mesa. Los colectivos partían con destino a Luqu.  Beltrán apenas se había servido el cuarto plato y había muchas latas que necesitaban ser tomadas.
Bruno una vez más repitió su teorìa sobre el encierro en los colectivos: "Fijáte, hacen todo lo posible para que estemos ahí adentro, otra vez nos empiezan a arrinconar entre todos y nos meten como animales, están experimentando con nosotros".

Una vez que llegamos al comité olímpico pudimos, finalmente, descansar.

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