miércoles, 15 de mayo de 2019

UN JEQUE CANALLA

                                                     



Por más que esta gaseosa se empeñe en decirme que inventó la navidad, que se quiera arrogar el simbolismo de la reunión familiar y quiera sustraernos a un mundo mágico en el que un señor gordo bonachón baja por las chimeneas y deja regalos no va a lograr nunca separar lo que siento al ver su etiqueta en el envase.
Me podrán  contar historias fantásticas del polo norte, de gnomos que trabajan en talleres fabricando juguetes, podrán mostrarme, incluso, el gps de como va entregando este buen hombre de pómulos enrojecidos y carcajadas grotescas, los regalos alrededor del mundo en un trineo acarreado por renos voladores pero no señor, conmigo no podrá.
Para mi, esta gaseosa, representa a Rosario Central y una historia mucho más fantástica que todo lo que hasta aquí nos han contado.

Toda comenzó una semana en la cual Germán, por motivos laborales, se encontraba en Qatar.

En ese entonces era el gerente general de Coca Cola en Argentina, Paraguay y Uruguay y, como estaba próximo a disputarse el mundial de fútbol en ese país, viajó para hablar con distintos empresarios.
Hacía muy poco que había sido designado en esa función y, con otros representantes de la empresa en sudamérica, más la participación del Ceo Muthar Kent, conformaron una delegación con la cual estuvieron una semana de reuniones en la cual hubo momentos para el ocio y la distensión.
Desde el primer momento sus ojos se maravillaron con la excentricidad y el lujo del país asiático.
La comitiva fue alojada en el hotel Sheraton Doha donde todo iba más allá de lo que hasta ahí había visto en el mundo. 
Los mozos, vestidos con túnicas, le sirvieron café desde una tetera de oro ni bien llegaron, tras dejar sus pertenencias en la habitación y dirigirse a la recepción.
No podía salir de su asombro, estaba completamente maravillado.
Si bien hacía rato que estaba acostumbrado a las "grandes ligas" allí todo era demasiado, y más.
Y él que, si bien estaba acostumbrado a codearse con personas de poder y dinero, nunca dejó de ser un muchacho de barrio. Y eso le daba un plus a la hora de vincularse o entablar negociaciones, dada su capacidad camaleónica.
Sus comienzos en la empresa fueron desde muy abajo.
Estando en los últimos años del secundario, en la Escuela Pestalozzi, comenzó a trabajar en la recordada "Rosario Refrescos" que era la representación de la Coca Cola en Rosario. Su papá era amigo de Juan Campagna, el presidente, y "le llevó al pibe" para que vaya conociendo el mundo  del trabajo.
Desde chico siempre le gustó esa gaseosa, con toda esa mística familiar y navideña que la envuelve.
El era de la época en que una botella de vidrio de un litro retornable bancaba la cena para toda la familia.
Y se enganchó, luego, cuando comenzó a estudiar economía en el trabajo de esa empresa.
Con apenas 20 años se encargaba de casi todo, logística, facturación, relaciones institucionales y otras yerbas. Era una época donde todo era un poco más artesanal.
Además, y esto es muy importante también en esta historia, Coca Cola desde pibe le permitió entrar a la cancha, ya que Campagna le habilitaba a su papá siempre alguna platea. Incluso cumplió el sueño de ingresar al campo de juego una noche de invierno ante Chaco For Ever.
Aún conserva, orgulloso, la foto junto a David Bisconti y Sergio Protti.
Quería una con Lanari, su otro ídolo junto al diez, pero por esas cosas del destino el arquero devenido en médico ese día no pudo jugar.
Por eso más que orgulloso estuvo el día que quedó efectivo en la empresa. Es que lo remitía a todo, a su familia y a Central.
Le recordaba esos vasos de plástico de colores amarillos, azules y verdes que repartían para el centenario Canalla.
Y su carrera en Coca Cola fue meteórica.
Antes de que cierre Rosario Refrescos e, incluso, antes de recibirse, fue llamado desde la planta de Buenos Aires.
Así fue que finalizó la carrera en la UBA mientras iba ascendiendo en la empresa.
Por supuesto, aún viviendo allí, no se perdía las campañas de Central en el estadio que jugase cada quince días, ya sea La Paternal, Sarandí o el Bajo Flores. Allí estaba él , escapándose un rato de sus obligaciones, que eran muchas.
Jamás perdió la humildad y eso es algo clave para cualquier empresa exitosa que uno se proponga en la vida.
Y así lo sabían sus amigos del barrio de Arroyito y de su escuela, porque cada tanto, por supuesto él volvía.

Y con toda esa historia a cuestas estaba Germán usando un traje Dolce Gabana, rodeado de abundancia y empresarios petroleros, tomando café.
Pero llevando siempre en su piel el tatuaje con el escudo de Central, las Malvinas argentinas y el de Patricio Rey.

El siempre fue consciente que la vida es muy loca y que está bueno dejarse sorprender.
En esa ocasión, tras el ágape de bienvenida, un jeque con quien entablaron diálogo, traductor mediante, lo invitó a él y a otro de sus compañeros al partido por la final de la copa de Arabia Saudita que se disputaría al otro día.

Sin dudarlo aceptó la invitación.
Fue recibido en un palco del  Estadio Internacional Jalifa, donde hace las veces de local el All Duhaii y lo esperaban con una mesa en la que había carne asada, makbus, tabbouleh, humus y el infaltable mezze.
Vieron el partido con entusiasmo y exaltación, bebiendo Dom Perignom luminoso. El equipo All Duhaii se floreó y salió campeón.
Todo era algarabía.
Esa noche continuaron los festejos en la mansión del jeque, a donde no pude negarse asistir y, entre charlas y emociones exaltadas no pudo evitar contarle sobre la existencia de Rosario Central.
Y así fue que toda la noche le contó sobre el equipo de Arroyito.
Que su estadio está al lado del Paraná, el cual es un río mucho más groso  que el Nilo para la historia de la humanidad, que tiene un montón de predios y hasta un restaurant, le habló de la paloma del Aldo, del partido que le ganó en Italia al Nápoles de Maradona, le contó detalladamente sobre la hazaña de la Conmebol y, también del milagro de Cali. Incluso le dijo que El Che Guevara, que odiaba a los yankees, era Canalla, como para entrar en la onda pro-arábiga. Inclusive le dijo que un turco, de apellido Espip, una vez hizo un boquete en el alambrado y evitó que a Central le hicieran un gol entrando desde la tribuna, y que salió jugando y todo.
En resumen, le transmitió todas esas cosas que decimos los canallas cuando nos entusiasmamos, toda nuestra locura.
Y el árabe que es fana del fútbol, se empezó a contagiar con el entusiasmo y a escucharlo con atención entre el humo del narguile y las burbujas del champán.


Al día siguiente, en el cual no había actividades durante la mañana, Germán se levantó porque un llamado a su habitación solicitaba que bajase.
El jeque quería invertir dinero en ese maravilloso Club del cual le había contado nuestro amigo la noche anterior.
Germán recordó en flashes todo el día anterior de forma instantánea.
Creyó haber escuchado mal lo que el traductor le decía.
Pero no había ninguna duda. El Jeque, el empresario petrolero, ese fanático el fútbol que usaba túnica y turbante, lo estaba despertando y con una sonrisa de oreja a oreja le decía a él, que lo observaba con cara de dormido y dolor de cabeza, producto de una jornada épica, que quería invertir en el club de Arroyito. Le decía todo esto a él que sólo estaba allí con la intención de negociar contratos de Coca Cola.
Pero no había dudas, el jeque, incluso se antepuso al traductor y con un inglés poco fluido dijo algo así como "I want to know more about that crazy thing that you call Rosario Central"

Entre la confusión y la sorpresa, Germán, pidió un café de los que sirven con tetera de oro y, tras colocar las dos palmas de sus manos, tapándose la cara y subir y bajarlas repetidamente e inhalar y exhalar una gran bocanada de aire le dijo : "Yo te voy a hacer el contacto".

Y ahí empezó su preocupación.
La semana estaba plagada de reuniones, había mucho por cerrar. Publicidad en los países de sudamérica por el mundial, viajes, estáticas, entre miles de situaciones que tenían a Coca Cola como su principal responsabilidad.

Pero así y todo el jeque casi que lo acosaba, con miradas en medio de las reuniones, con mensajes al celular. Estaba totalmente obsesionado.
Incluso en una conferencia en la cual estaban sentados en mesas acomodadas como un cuadrado, desde enfrente le hizo el característico saludo de los cuatro dedos, algo bien identificado con el folclore canalla, por el partido en el cual los dirigidos, en ese entonces, por Miguel Angel Russo le hicieron cuatro goles al rival de toda la vida que decidió irse antes que finalizara.

Todo era una locura, claro, es que el jeque tenía todo estudiado por internet. Y cada vez sabía más.
Finalmente, el último día en Dubai, le pasó el celular del presidente de Central con quien Germán venía chateando por whatsapp comentándole sobre esta posibilidad.
Antes de saludarlo le aclaró que él no se hacía responsable ni quería participar de nada referido a la negociación que entablase. Que el sólo estaba allí por su empresa.

El jeque lo entendió y tras realizar ambos una reverencia se despidieron pero, mientras caminaba Germán apurado para tomar su vuelo hizo una pausa, dio media vuelta y chistó al jeque, quien miró sorprendido y sonriente mientras unos chinos le mostraban unas víboras fluorescentes que sacaban de un maletín.
Germán volvió a remarcar, mirando al traductor, algo que le había dicho la noche del festejo del campeonato del All Duhaii "mirá que es una locura".
Lo dijo serio, señalándolo con su dedo índice derecho.
El jeque volvió a sonreír.

Al año de este suceso, allá por mediados del 2020 la noticia rompió todo.
Central , una vez más, era el primer club en lograr algo.
Así como fue uno de los primeros clubes en fundarse en el país, el primer campeón argentino e internacional del interior entre tantísimas hazañas, en este caso, iba a ser el primer equipo de Argentina que sería manejado por un jeque árabe, el Jeque Canalla, como lo llamarían los titulares de todos los medios.

Rosario fue una revolución.
 La gente andaba con túnicas azules y amarillas por la Peatonal Córdoba.
El Chino Nosky fumaba un narguille en el Castillo de Grayskul, la casona señoral de alto ubicada en la esquina de Catamarca y  Dorrego. Aunque ahora que lo pienso, El Chino, siempre hizo eso del narguile, con jeque o sin jeque.
Y para la dirigencia la oferta fue imposible de rechazar al igual que cada vez que llegaba una oferta por un pibe que pintaba o ya era crack y los medios repetían "Central recibió una oferta que no puede rechazar" mientras los hinchas hacían lo propio, como si no se pudieran rechazar ofertas en el mundo.


Pero esta vez era en serio.
El club estaba sumido en una de sus tantas crisis, las inferiores no sacaban a ninguna joya, y el pasivo se agigantaba cada vez más con el clásico déficit mensual.
Esta vez, la oferta no se podía rechazar en serio.

El árabe pidió algunas condiciones básicas antes de poner la tarasca.
En primer lugar mandar a la mierda el estatuto. Y en eso hubo consenso. Estábamos entregados.
Hubo alguna puteada del usuario El Pipaul de La People en twitter pero quedó ahí.

La gente más que nada estaba entusiasmada con la idea del equipo competitivo.
El Jeque agarró el club a final de temporada, Central había terminado en mitad de tabla y no clasificó a ninguna copa.
Equipos como Mandiyú de Corrientes jugarían la sudamericana.
Mandiyú por decreto presidencial volvió a primera en un homenaje del gobierno nacional al pueblo guaraní, al que tantas penurias le causamos en la guerra de la tripe alianza.

Pero si bien lo del estatuto fue polémico el bardo se desató cuando el Jeque se llevó puestas a la mierda todas las secretarías que no tenían que ver con el fútbol y el foco se hizo en el hecho de que borró, de un plumazo, actividades sociales, derechos humanos y la secretaría de la mujer.
Ahí si empezó el quilombo.
Las redes sociales desataron toda su furia y los medios nacionales e internacionales se hicieron eco.
Pasó a ser un tema de occidente versus oriente, casi.
El diario La Capital sacaba todos los días algo distinto en la tapa, desgastando su imagen.
El Jeque, que se había instalado en la ciudad deportiva donde planeaba un palacio estaba totalmente en la suya.
Aceptó la visita del diario para hacer una nota de esas largas, que salen en la sección deportiva ,pero no dejó hablar al periodista.
Ante las preguntas inquisitorias del Polaco Elbio Evangeliste, El Jeque sonreía y contaba sus proyectos.
Un hotel flotante en el Caribe Canalla, camellos en la playa de Granadero Baigorria, mega ultra archi palcos vips y, por supuesto, las figuras más importantes del fútbol mundial.
Quería traer a Messi.
El Polaco intentó agregar algo pero no hubo caso, El Jeque estaba convencido que sólo por el hecho de ser rosarino, vendría a Central.
Y ahí comenzaron los memes de los leprosos, las cargadas.
El Jeque, nuestro presidente o dueño, tenía incontinencia verbal y no sabía donde estaba.

Ya casi no se veían túnicas auriazules por la calle y estaba totalmente cuestionado.
La gente había perdido la confianza y la esperanza en él.
Para colmo los tan mentados refuerzos no llegaban.
El técnico, que también era árabe, decía que se arreglaba con lo que tenía. El promedio comenzaba a mirarse de reojo.
La pretemporada se hizo en El Cairo y, allí, promediando la misma, comenzaron a caer los nuevos jugadores que iban siendo presentados oportunamente en conferencia de prensa con las Pirámides de fondo.
El primero en llegar fue el Pocho Lavezzi y su solo nombre transmitió en la gente alegría y confianza.
Al Jeque una vez más se comenzaba a mirarlo con cariño.
Y ni hablar cuando Di María puso un mensaje con aire de suspenso en su cuenta de Instagram. Una foto suya con un un turbante en la cabeza.
Era la charla obligada de café, del bar, el pulso de la ciudad se aceleraba.
La muchachada del bar Mediterráneo de Alberdi estaba como loca. "Que de la mano del Loco Jeque todos la vuelta vamos a dar!" , cantaba el Loco de los Tarros.

Era imposible no ilusionarse, había apuestas sobre quien seria el próximo.
Y los de Newells.... nada, calladitos. No decían nada. Pero siempre esperando, atentos, porque en Central siempre, pasa algo más.

Con decirte que ya no se festejó tanto cuando presentaron a Javier Mascherano.
 Es que el hincha lo asociaba mucho con un jugador retirado, "que está de vuelta", "que viene a robar", decían.

Lo concreto es que los canales de Buenos Aires que sólo te hablan de los clubes de allá, ocupaban horas sobre el equipo que estaba armando  Central.
Y el hincha siempre pide, "falta un nueve", decían, " falta un nueve."
Y el nueve llegó.
Y llegó por recomendación de Sebastián Abreu,quien fue designado manager deportivo
El centro delantero que arribó cuando la delegación ya estaba en el último tramo de la pretemporada fue nada más y nada menos que Luis Suarez, el uruguayo.

Y nadie lo podía creer.
Ahí si hizo El Jeque la plancha. Terminó su palacio, el hotel  de siete estrellas en Arroyo Seco, eliminó la ordenanza de la municipalidad que prohibía animales en cautiverio, con la ayuda del concejal  Aldo Pedro Poy,  y llenó el club de camellos y aves exóticas.

Todo era una locura. Como es el mundo Central.

El primer partido jugamos contra Argentinos Juniors de local.
Empatamos cero a cero y, como al técnico no se le entendía nada y no teníamos traductores, en su lugar habló Abreu a la prensa y dijo que "el equipo recién se estaba conociendo".
La otra fecha fuimos contra Vélez y perdimos uno a cero.
No jugó mal Central, incluso tuvo llegadas muy claras. Suárez tiró un tiro en el palo y la mala noticia fue que Di María salió lesionado en el segundo tiempo.

El tercer partido de local la gente fue optimista pero sin euforia, a sabiendas que Central estaba para más pero no pudimos quebrar al pobrísimo Deportivo Mandiyú.
Desde la platea de Cordiviola bajaron algunos murmullos.
La gente insultaba al técnico.
Encima la jornada fue completa porque Mascherano erró un penal que nos habían regalado.
Para ese partido no estuvo Lavezzi que había sido borrado. "Está de joda", comentaban en la tribuna.
"Central sigue sin levantar cabeza", tituló La Capital.

Y para la quinta fecha vino el bochorno.
Sin Lavezzi por decisión del técnico, sin Di María por lesión y sin Luis Suárez, que tuvo que ir a hacer unos trámites personales a Barcelona, caímos goleados por 3 a 0 en el Monumental.

Arroyito iba a ser un hervidero la siguiente fecha de local ante el durísimo Arsenal.
Abreu renunció en la semana previa, "para descomprimir".
Para colmo, después de ese partido, venía el clásico.
La gente iba decididamente enojada. Y cualquier chispazo podría originar una explosión.
Central arrancó mucho mejor, muy superior, teniendo la pelota y jugando casi todo el primer tiempo en terreno del visitante, hasta que por fin vino el gol, antes de ir al descanso, marcado por
Francesco Lo Celso, tras una jugada individual exquisita.
Del joven Lo Celso se rumoreaba que un grupo paquistaní había comprado el 75 por ciento de una de sus medias. "Son los negocios que hace el Jeque", me dijo Román Didoménica en la platea, serio, en cuero mientras comía semillitas.
El gol trajo un poco de tranquilidad para el entretiempo, la gente despidió a los jugadores que iban rumbo al túnel para descansar con canciones vinculadas al clásico de la semana siguiente. De esas que se cantan con bronca, con el puño cerrado y las venas que se salen del cuello "que el domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar".
El Jeque sonreía y tomaba champán en el palco oficial mientras era apantallado por un grupo de hinchas a los cuales les daba a cambio protocolos.

Pero la escena cambiaría en el segundo tiempo cuando increíblemente nos empataron ni bien sacaron del medio. Una cosa de locos.
El arquero dominicano Miguel Lloyd, quien había dejado el beísbol para dedicarse al fútbol y tenía el mismo representante que el suizo Dylan Gissy, acomodaba una cinta de papel cuando el cinco de Arsenal pateó tras la orden del referí y tomó por sorpresa a todos, acto seguido salió disparado a festejar el empate ante un Gigante colmado que comenzaba a impacientarse una vez más.
Pero en esta ocasión las miradas se dirigieron por primera vez hacia el palco oficial.
El Jeque era blanco de insultos desde la segunda bandeja y los costados.
"Yo quiero al club quiero la camiseta, que el Jeque loco se vuelva para Qatar", cantaban un puñado de hinchas en la platea del río hasta ir contagiando a todos los que estaban allí, y luego se sumaron los de la popular de Génova y así hasta que el estadio era un sólo grito. Nadie podía disimular.
Los que apantallaban al jeque fueron los primeros en mandarse a mudar.
Y eso al tipo no le gustó.
Por primera vez de su rostro se borró la sonrisa, la cual mutó a unos labios contraídos y cerrados, y sus cejas se enarcaron. Se había enojado.

Decidió irse del estadio antes que finalice el partido y se recluyo en su palacio de la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria.

Se venía la semana previa del clásico y la gente estaba muy ocupada como para pensar en él.

Y el día del derby llegó. Había tensa calma en la ciudad, los dos venían mal y nadie se animaba a augurar un resultado. En Central ninguno de los cuatro refuerzos estaría en cancha.
Por el lado de Newells eran todos jugadores desconocidos, casi ninguno era rosarino. Habían llegado muchos refuerzos de centroamérica y el resto eran todos familiares de Maxi Rodriguez.

Pero esa mañana una avioneta se estrelló contra el Coloso del Parque.
El partido estaba en duda.
La avioneta cayó contra la platea de la visera produciendo daños considerables.
El partido iba a demorarse por los peritajes.
Se especulaba con clausurar el sector.
TyC sports, TN, Crónica, TNT y Fox hablaban sobre si se jugaría o no el clásico.

Una vez más, reinaba la incertidumbre sobre la disputa de un partido en el fútbol argentino.
Desde la dirigencia de Newells aseguraban que estaban dadas todas las condiciones para la disputa del partido, que los restos de la avioneta no habían afectado el terreno de juego y que el humo del incendio producido no impedía la visibilidad, claro sabían que la visita no contaba para este partido con sus refuerzos, por lo cual lo querían jugar cuanto antes.
Pero desde Central, nadie se expedía.
El Jeque no estaba.
Ahí fue que todos se acordaron de él
Creo que fue  Miguel Angel Tessandori el primero que tiró la idea al aire en un llamado telefónico que le hicieron al aire por canal tres
"No se descarta la hipótesis de un atentado" dijo Miguel, el periodista distinguido, en pantuflas desde el sillón de su casa del populoso barrio del Viaducto,
En los foros de internet hablaban de una avioneta narco.

Pero la mayor parte de las sospechas apuntaban al Jeque Canalla.
Y  comenzaron a circular memes por whatsapp, que nunca tardan en llegar, con la cara de Bin Laden, un avión, el escudo Canalla, El Jeque.

Toda una locura, como el mundo Central.


Después de este malogrado clásico hubo problemas con el gobierno nacional al que se acusó de encubrir el atentado por el memorándum de Irán.
Estados Unidos pidió que se investigue el hecho y Venezuela dio su apoyo a la Argentina.

"Central te lleva a la ruina", le comentó el jeque a Germán mucho tiempo después, cuando se cruzaron nuevamente en el Sheraton, esta vez durante el mundial de Qatar. Fue un encuentro casual y breve y se lo dijo en un castellano claro. Había aprendido bastante.
Germán le comentó que tenía entradas para la final del mundo, que podían ir juntos pero el jeque le contestó negando con su cabeza, nervioso, contrariado y apurado, algo poco habitual en él y saludando con una mano, esta vez en inglés, repitió varias veces "no more football, no more football" y se adentró en una limusina que lo aguardaba en la puerta.






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