miércoles, 2 de enero de 2019

DE TACO


Salen los equipos a la cancha en Sarandí ante un estadio con sus gradas vacías.
Desde atrás de una de las tribunas se escucha la pirotecnia y se ve el humo azul y amarillo, desde las vías del tren un puñado de canallas se hace sentir.

Los equipos van al círculo de la mitad de cancha y levantan las manos.

El Colo Gil, el lanzador por excelencia de Central acomoda la pelota en el córner, en la esquina izquierda del ataque canalla.
El Colorado tiene ambos brazos en jarra. 
Los jugadores, allá en el área son un remolino de camisetas mezcladas.
El árbitro Patricilio Lousteau pita y el silbato se oye en todo Sarandí.
El Colo le pega con su botín izquierdo al esférico y, al conectarlo, el impacto produce un sonido seco y fuerte.
La pelota viaja hacia el área, pica endiablada en la grama y el Chaqueño Germán Herrera, ese jugador surgido en las inferiores, de gran trayectoria y sacrificio, ese que siempre está, ese que ya le había hecho dos goles en dos clásicos anteriores a Newells, los cuales forman parte de una racha inédita en el historial, se antepone a todos, para rosar con el taco de su botín derecho la pelota y desviarla hacia el arco de Alan Aguerre, elevándola ante la quietud de Héctor Fértoli quien se queda tomado del palo derecho, estático, para toda la eternidad, mientras el balón le pasa por arriba de su humanidad.
Y es Gol.
Y es Gooooool!
Y es Gooooooooooooooooooooooooooooooool!.


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