Siempre fue un buen loco El Pájaro Fornisa, piola. Como se decía antes “macanudo”.
Buena onda,y entrador, ganador con las minas y como si esto fuera poco un buen jugador de fútbol. Un tipo muy querido que siempre hizo la suya y nunca jodió a nadie.
Tenía su barra de amigos a la cual apodaban “los barruso”, con quienes pateaba de sol a sol, pasando días enteros en el club.
Se lo podía ver siempre con zapatillas Topper blancas, joggins, un buzo de Fito Paez del disco Tercer Mundo y el pelo bien largo, atado con una colita. Bien a la moda de principio de los noventas
.
Pasaba tardes enteras merodeando el retoño del pino histórico de San Lorenzo, árbol bajo el cual dicen que el General Don José de San Martín durmió una siesta, el cual está emplazado en un sector estratégico de Regatas desde donde se puede observar fútbol, tenis, básquet y vóley, lo que ocurre en el salón social, la vieja pileta y quienes llegan o se van.
Se lo podía ver siempre con zapatillas Topper blancas, joggins, un buzo de Fito Paez del disco Tercer Mundo y el pelo bien largo, atado con una colita. Bien a la moda de principio de los noventas
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Pasaba tardes enteras merodeando el retoño del pino histórico de San Lorenzo, árbol bajo el cual dicen que el General Don José de San Martín durmió una siesta, el cual está emplazado en un sector estratégico de Regatas desde donde se puede observar fútbol, tenis, básquet y vóley, lo que ocurre en el salón social, la vieja pileta y quienes llegan o se van.
Pero el Pájaro estaba ahí por las minas, no estaba pergeñando precisamente ninguna estrategia sanmartiniana ante la llegada de los barcos españoles.
El simplemente estaba “arquereando” o jugando a “la vela” con una pelota contra el paredón, un juego mixto en el cual sino lograbas hacerla picar y tocar determinada altura de la pared que está frente a ese trascendental pino, quedabas afuera hasta que a la final llegaban dos que pugnaban por ganar una “vida”, un bonus.
El simplemente estaba “arquereando” o jugando a “la vela” con una pelota contra el paredón, un juego mixto en el cual sino lograbas hacerla picar y tocar determinada altura de la pared que está frente a ese trascendental pino, quedabas afuera hasta que a la final llegaban dos que pugnaban por ganar una “vida”, un bonus.
Por supuesto que a él no le interesaba esta competencia, ni mucho menos demostrar ningún tipo de aptitud deportiva en ella ya que la clave de un buen “Arquereador” era salir del juego cuanto antes y aprovechar a medida que iban perdiendo las mujeres para sacarles una charla.
Los boludos eran los que ganaban este poco célebre juego y en honor a la verdad debo decir que incluso era medio “border” jugarlo.
Como muchos chicos del club así pasó sana y alegremente su adolescencia el Pájaro.
Hasta que de a poco comenzaron a llegar las responsabilidades de estudiar o trabajar y “los barruso” comenzaron a perder soldados.
Además, la cuota se encarece al cumplir los dieciocho e ir al Club a veces puede no ser el mejor programa.
Todas esas cuestiones atentaron contra la vida en Regatas de ese recordado grupo de amigos.
Pero la salida del Pájaro, su ida, fue inolvidable.
Todos la recuerdan, porque es imposible olvidarse. Además de haber sido una gran pérdida.
Y el que no estuvo el día que él se marchó igual dice haber estado presente.
Es que cuando uno escucha repetidamente historias de las cuales fue contemporáneo y también las cuenta, a través de los años, a veces, termina creyendo que formó parte de ellas.
La tarde que se fue yo estaba tomando una Coca en la terraza en una mesa, al lado de la de él, junto al Camello Martorell, Guido Primo y Luciano Moreno, quienes pueden dar fe de lo que les cuento.
La tarde que se fue yo estaba tomando una Coca en la terraza en una mesa, al lado de la de él, junto al Camello Martorell, Guido Primo y Luciano Moreno, quienes pueden dar fe de lo que les cuento.
Me acuerdo como si fuera hoy, le estaba pidiendo un sándwich refrescante a Roque cuando todo sucedió.
El Pájaro que hablaba animadamente con Natacha y el Negro Julio, lo que quedaba de “los barruso”, empezó a toser exageradamente, tomándose la garganta.
Nosotros que éramos púberes quedamos paralizados ante la situación.
Tacho Jurnet fue el primero que se acercó para asistirlo y atrás de él lo siguió el Prefecto Arana.
La cara del Pájaro estaba roja.
Natacha empezó a los gritos. Julio se agarraba la cabeza.
Comenzó a venir gente de todos lados, corrían socios con toallas desde la pileta, venían con sus reposeras desde el parque y se asomaban desde el vestuario de caballeros que está arriba.
Comenzó a venir gente de todos lados, corrían socios con toallas desde la pileta, venían con sus reposeras desde el parque y se asomaban desde el vestuario de caballeros que está arriba.
El Prefecto Arana que estaba preparado para todo tipo de urgencias metió sus gruesos dedos en la boca de Fornisa desde la cual comenzaron a salir algunas plumas mientras tosía.
Cuando ya había una gran cantidad de gente observando la escena y eran varios tratando de asistirlo El Pájaro, que estaba en cuclillas y con la cabeza gacha, se reincorporó, miró a todos los socios del club que estábamos en ese momento y sonrió.
Luego abrió sus brazos, extendiéndolos cual Jesucristo en la cruz y comenzó a elevarse por el aire mientras aleteaba.
Nos quedamos todos boquiabiertos y maravillados.
Extasiados y risueños.
Mientras contemplábamos su vuelo en dirección al Paraná, el Pájaro Fornisa hizo una pausa y se detuvo, flotando sobre el Paseo ribereño.
Miró por última vez el club mientras todos lo saludábamos, alegremente, apoyados en la baranda y luego se perdió en el cielo que esa tarde de verano estaba más celeste que nunca.
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