Al cabo de unas horas decidí cambiar de lugar e ir donde me esperaban otros.
Me gusta mucho pasear y hablar con gente distinta. Aprender. Escuchar.
Y, además, siempre tengo alguna historia que contar. Porque la vida es siempre una enseñanza, y no hay nada más insensato que no compartir información.
Entrada la madrugada, luego de tanto compartir, hice una costumbre que me inventé, una costumbre propia que utilizo para meditar, reflexionar e incluso conocer gente nueva: irme sólo a un bar.
Me acerqué a uno rústico en el cual pedí una pinta.
Luego me senté al lado de una ventana, en la parte de adentro, fue por eso que decídi abrirla, porque del lado de la calle estaba lleno de gente.
Fue ahí cuando me percaté que todos buscaban al mejor postor, la fama y la foto.
De repente escuché que una voz femenina me dijo ¿A qué te dedicás?.
Eso me pareció raro, porque mi primer pregunta siempre fue "¿Querés que vayamos a tomar un porrón?"
No contesté y continué mirando por la ventana.
Me pedí otra pinta y se acercó otra mujer que me preguntó exactamente lo mismo : ¿A qué te dedicás?.
Esta vez contesté seguro, le dije: "tomo porrones".
Al instante esta mujer se fue a la mierda.
Más tarde vino una tercera, con la misma pregunta.
Ahi fue cuando reaccioné y le dije; "Soy médico".
Y se quedó.
Hasta que la arruiné.
Al tiempo vino otra y, ya cansado, le contesté que era astronauta.
"¿Si?", preguntó incrédula.
Saqué mi mejor libreto y le conté que mi abuelo lo fue, después mi viejo y yo era el tercero. "Somos una generación".
La niña mujer me miró un rato y se marchó hacia afuera.
Fue ahí cuando caí en la cuenta de que estoy viejo.
Decidí irme, y al salir me crucé con la última chica que me había hablado. Le comenté que me habían llamado, que al otro día tenía un vuelo espacial y que tenía miedo por la alcoholemia que me hacen antes de volar.
Me fui al auto. Estaba puesto.
Puse "She´s so cold" de los Stones y fue ahí cuando volví a tener jóvenes 22.
Que maduren las plantas.

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