jueves, 13 de diciembre de 2018
CORDOBA
El miércoles volvimos a salir para Mendoza desde Rosario, como los vuelos se habían ido al carajo en cuanto a costos, encontramos, por iniciativa del astrónomo, un vuelo económico desde Córdoba, por lo cual debíamos llegar primero a esa ciudad.
El astrónomo se fue en horas de la tarde junto a Fechu Van Tuyne, para pasar la noche en Córdoba y reunirse con gente del observatorio de allí, decían que habían encontrado una nueva constelación a la cual bautizaron "Mona Jimenez" y cada estrella que la compone fue nombrada con íconos del cuarteto, tal el caso de Rodrigo Bueno.
Yo viajé desde la terminal de ómnibus junto al Lito, por lo cual tras cenar cada uno con sus novias nos encontramos allí, porrón mediante.
Llegamos a la mañana a la terminal de Córdoba y desde allí tomamos un taxi. El Lito se pone tenso en esas circunstancias donde nuestro destino queda en manos de un chofer desconocido en una ciudad que no es la nuestra. Yo de movida le pregunto cuánto nos cobra al aeropuerto.
Y subo y ya con eso basta para que El Lito haga ademanes, mire con desconfianza.
El chofer lo nota y con acento cordobés nos dice "si los quisiera pasear culiao agarraría por la Circunvalaciòn" o algo asì.
El Lito se relajó.
Llegamos, compré el diario La Voz del Interior y tomamos un café.
Al rato cae mi hermano y el Fechu, quien es el hijo de Jose Daniel Van Tuyne, el Vikingo, quien formó parte de La Sinfónica de 1979 bajo la tutela de Don Ángel Tulio Zof y además integró el plantel de la selección que fue al mundial de España en 1982.
Nos saludamos, hicimos el "check in" y abordamos el avión de la empresa Fly Bondi.
Esta empresa está en sintonía con el gobierno de Cambiemos, es muy pro, colores amarillos, las azafatas buena onda, incluso le hicieron un chiste al Chispa por el micrófono al verlo cargar celosamente el telescopio, todo muy lindo.
Por todo esto es que dudé sino nos íbamos a ir a pique como el país.
El Lito es como los animales, percibe eso, entonces trata de asustarme, me hace muecas, me mira, ríe. Disfruta. Yo pienso que el asustado es él. Es una psicología loca, el siente, extrapolariza, cree saber que sienten los demás y entonces se mofa de ese tercero. Es loco. El Lito es loco.
Mientras ascendemos veo el estadio Mario Kempes, ex Chateau Carreras, el cual mutó el nombre a el cordobés campeón del mundo e ídolo de Central. El matador, máximo artillero en el profesionalismo en Central, ídolo clase A Canalla.
No puedo evitar pensar en las dos finales de Copa Argentina que perdimos ahí mientras miro por la ventanilla, pienso en la del 2016 con Boca, con el árbitro Ceballos y el penal que cobra siendo que el jugador de Boca se tira a una cuadra del área y gol anulado a Marco Ruben.
Y por supuesto, también recuerdo la del año siguiente con River donde Loustau le dio dos penales. Dos penales, dejáme de joder, cuando se vio eso en una final, uno le cobró mancha al suizo Dylan Gysi.
También nosotros..... ¡un suizo!, como olvidarme de ese central de dos metros con cincuenta al cual le picó una pelota desde un lateral y lo sobrepasó.
El avión ascendía y el cuerpo siente una adrenalina producto de lo no cotidiano, otros sonidos, otro aire, lucecitas, alarmitas, y la cara del Lito que me mira desde el asiento de adelante sonriente, feliz, pensando que estoy sufriendo.
Yo me concentro para pensar en otra cosa. Veo una vez más el Kempes, la ciudad de Córdoba y sus sierras.
Pienso que esto es una señal, que teníamos que jugar en Mendoza, que por algo no volvíamos a hacerlo en esta ciudad, que el hecho que nos estemos elevando y dejemos el estadio abajo era todo un simbolismo.
Para que me vine hasta Córdoba si jugamos en Mendoza?
El destino. Cosas locas. Tenia que ver ese estadio desde arriba, casi como en una postal onírica.
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