miércoles, 24 de abril de 2019

BÁSQUET Y ACEITUNAS

Esperamos un taxi en el estacionamiento del aeropuerto. El calor era agobiante.
Apareció un taxi sin aire acondicionado que nos subió.
Ibamos a camino a no sé donde, en silencio los cuatro.
Pensé que me iba a desmayar.
Los festejos exacerbados de la noche anterior, el sol que fulminaba la chapa negra del auto y la lengua seca. Necesitaba agua.
Estaba apretado entre dos desconocidos. La estaba pasando mal.
Tomamos una ruta que no terminaba más.
Realmente fueron momentos de desconcierto total.
Luego de media hora llegamos donde estaba el auto.
Lo tenía en el lugar donde trabajaba, una planta de producción de aceitunas.
Allí estaba el hermano del cordobés.Lo primero que nos llamó la atención cuando nos bajamos fue que en la puerta había un paredón con un aro de básquet y por debajo las líneas de juego perfectamente marcadas.
La puerta de la planta estaba abierta y adentro podría divisarse la silueta de un hombre sentado, alto, con una pelota en la mano a la cual le pasaba un trapo. Era el hermano del cordobés, con quien trabajaba.

- Que haces aca vos no te ibas a un casamiento en córdoba, preguntó el hombre vestido íntegramente de basquetbolista, shorts blancos largos y musculosa de Chicago Bulls.
- si es que perdimos el avión y ahora nos vamos todos juntos en el auto hasta allá, contestó
Leandro le pidió la pelota prestada mientras yo me dirigía a una canilla al costado para tomar agua.

Al volver estaba Leandro con el hincha del Lobo picando la pelota y tirando tiros al arco.
Era todo realmente surrealista, tendríamos que estar llegando a Rosario a esa altura.
Me quedó viendo como esos dos hombres  con resaca, vestidos de remeras negras y jeans botaban la pelota y jugaban como si fuesen amigos de toda su vida.

El cordobés preparaba el auto. Luego el basquetbolista se acercó a quienes jugaban debajo del aro y les pidió que lo hicieran con otra pelota, la cual ofreció, cambiándolas.
Explicó que la que estaban usando estaba nueva y se dañaría en esa superficie de cemento.

El duelo basquetbolístico entre Rosario y La Plata siguió su curso.

Nos acomodamos luego en el auto, un Toyota Corolla modelo 95.
El hermano del córdobes, pelado  y de lentes, flaco, alto, que estaba vestido asi porque jugaba esa noche, no saludaba desde la puerta de la fábrica que tenía un cartel con el apellido de ellos y el dibujo de una aceituna feliz.

Comenzamos el rumbo hacia Córdoba, previo paso por San Luis.

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