miércoles, 24 de abril de 2019
PATRICIA
Venía caminando por Dorrego y me aprestaba a cruzar San Lorenzo, la cuadra donde vive mi mamá.
Me quedé pensando en todas las veces que pasé por ahí y no paré a visitarla.
Siempre estaba apurado y no tenía tiempo.
El no tener tiempo es un sinónimo de algo que no se quiere hacer.
Pensé en que que cambiará el día que ella no esté más, si es que yo no me voy antes.
Y la crucé.
Estaba hablando por teléfono en la puerta de la cochera de San Cristóbal Seguros.
Creo que es la segunda vez que veo a Patricia en el año.
La última vez había sido en la misma zona, ocasión en que mandé al grupo de whatsapp que tengo con mis dos hermanos, Leandro y Patricio una foto que le saqué a ella. Estaba apurada saliendo de un supermercado de calle Santa Fe, con bolsas en la mano. Tras enviar la foto, Patricio me hizo la salvedad sobre la cara de culo que tenía ella. No sé si estaba enojada.
En esta ocasión la hallé hablando por teléfono, también con bolsas en la mano.
La saludé e iba a seguir mi camino rumbo a Tribunales pero me detuve a esperar que termine de hablar, algo que, en realidad, no ocurre nunca.
Cortó la comunicación y, acto seguido, comenzó a narrarme lo que acababa de hablar con su amiga que se encontraba en Carlos Paz.
"Me acaba de contar Blanca, que está en Carlos Paz, que allá hay una tormenta bárbara y que está todo cerrado porque se viene el rally".
Vos como estás, trabajando, preguntó respondiendo a lo cual asentí.
Después, acomodó su abrigo y me dijo: "Me voy a mi casa porque hace frío y ya estuve mucho tiempo afuera".
Nos volvimos a saludar y mientras nos dábamos la espalda me comentó: "Qué lindo sweater que tenés" y volviendo la vista comenté: "Me lo regaló Pato".
Seguí mi camino con la plaza San Martín de frente.
Estaba apurado por llegar a Tribunales
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