miércoles, 3 de abril de 2019
LUZ
Nos recibió el guía del estadio con el cual hablé previamente por teléfono para asegurar la visita.
Raúl es un mendocino, bostero, que nos atendió con mucha amabilidad.
Para mi, ni se imaginaba lo que iba a a pasar allí dentro de una semana.
Es más, pensé que podía haber reticencias varias en esta visita, tales como entrar con la planta de ruda, agua bendita y pisar el césped entre otras yerbas.
Pero fue todo muy lejano a ello, faltaban aún varios días para la final, es cierto, y éramos los únicos tarados de Rosario que estaban allí con tanta anticipación.
Primero pasamos por el museo donde están las viejas luminarias del mundial 78, el equipo de altavoces, butacas, imágenes e información sobre la historia de su construcción ordenada de forma cronológica.
Sacamos fotos y me puse a transmitir por Facebook, algo que alteró a mis amigos, quienes a diferencia del guía están por momentos llenos de reticencias. Como las del Lito cuando se sube a un taxi en ciudades que no conoce, esa cosa de miradas, de cuchicheos y de paranoias. Muy de ciudad.
Que ojo lo que salga en la filmación, que ojo lo que decimos, fue todo medio confuso. Es cierto que lo del agua bendita y la ruda macho era un secreto pero mi intención., simplemente, era documentar lo que Raúl nos contaba acerca del estadio.
De alguna forma estaba haciendo un servicio a la comunidad, es que nuestra ciudad estaba ávida de noticias. Todo era importante, desde la capacidad del Malvinas Argentinas hasta el estado de la lesión del Colorado Gil, nuestro número cinco y lanzador.
El periodista Carlos Durand me preguntó por mensaje durante la transmisión si había una rampa para personas con problemas motrices ya que quería llevar a su papá, y Raúl contestó a su inquietud.
Miguel Angel Brulé, el Noke, nos mandó saludos y alguno de de sus habituales comentarios cómicos. Juampi me miraba con cierto recelo portando un bidón lleno de agua bendita.
Caminamos por los los vestuarios, por la zona mixta, la platea y, finalmente, el plato fuerte, el túnel, unos escalones y la luz.
Al final del túnel, La Luz.....el sol y sus rayos amarillos, el verde césped, el celeste cielo, el resplandor azul y rojo de las butacas del frente que en blanco forman la palabra Mendoza.
Estábamos adentro de una nave espacial gigante al pie de las montañas viajando mentalmente por una galaxia auriazul en busca de la sexta estrella.
Corrimos por toda la cancha. Corrimos y corrimos. Como hacen los chicos cuando están en un espacio abierto. Una reacción bien animal, como los perros, correr. Simplemente correr.
Y luego nos sacamos fotos en el círculo central, en el banco de suplentes, con la platea que tiene el nombre de la ciudad de fondo, con la de enfrente techada, y fue, en el medio de tanto alboroto, que el Lito aprovechó para irse sólo detrás de un arco, sería el arco adonde iría la hinchada de Gimnasia y Esgrima de La plata exactamente una semana después, el 6 de diciembre del año 2018.
Allí, el Lito plantó la ruda macho.
Habíamos leído que para que esa planta active sus propiedades mágicas debía ubicarse a la izquierda del jardín por lo cual tomamos como referencia los bancos de suplentes, en uno de los cuales, estaría sentado el Patón Bauza.
Mientras tanto Juampi diseminó los bidones por todo el campo de juego.
Estábamos "ultracanallas", como dice mi amigo el Odontólogo Román Máquina Didomenica, frotándose las manos.
La misión estaba cumplida.
Prometimos, si ganábamos la copa, obsequiar al guía una remera de Central y llevarle unos vinos Buhler. Aquí, tal vez, nos metimos solos en una nueva encrucijada, como aquellos que prometieron cosas antes de la final de la Copa Conmebol del año 1995.
Venía todo muy encaminado, no se jugaba en San Juan donde además de haber perdido una final tuvimos, estando en el Nacional B, dos partidos en una semana los cuales perdimos y no logramos el objetivo de ascender. Como decimos con Esteban son "cosas que sólo le pasan a Central", institución al cual, realmente, le ocurren cosas insólitas, de las buenas y de las no tanto.
Tampoco se jugaba en Córdoba donde perdimos las otras dos finales consecutivas.
Ahora estábamos en Mendoza, algo nuevo, donde estábamos jugando de local, parando en la finca de Wally, donde el vino es de excelencia, donde el aire de la cordillera baja purísimo, donde todo es buena onda, donde está todo bien.
Esta vez se tenía que dar.
Al menos de nuestra parte, más no podíamos hacer.
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