miércoles, 3 de abril de 2019

ESOTERISMO


Salimos del Mercado de Guaymallén en el mediodía cuyano y esperamos un taxi al lado de una acequia, no pasaba ninguno y el calor no daba respiro.
Iba a dirigirme al puesto de entrada para ver si podían llamar por teléfono cuando por la calle doble mano que intersecta a una circunvalación apareció uno al cual inmediatamente le hicimos señas.

La otra parte del grupo estaba en el operativo Agua Bendita.
Le contamos al taxista de nuestro propósito, a dónde íbamos y que pensábamos hacer.
Nos sugirió una iglesia camino al estadio en la cual había una virgen de la cual era devoto y lo había ayudado en un momento difícil.

Pero como en el trayecto llegó la confirmación de Juampi acerca de que ya tenían dos bidones llenos de no hizo falta, entonces viramos para un minimercado con la finalidad de abastecernos de birras.

Quiero hacer una salvedad, no se si somos un grupo de "creyentes" en lo que a iglesia, curas, y cristianismo se refiere. Por supuesto en nuestro grupo de amigos no todos piensan y sienten lo mismo. Los hay ateos, hay  quienes  creen "hasta ahí", los que sólo creen en el Padre Ignacio, entre otros.
De hecho estábamos por hacer una mezcla de ritual pagano con la ruda macho y algo enmarcado dentro de la cristiandad, si se quiere.

De lo que no tengo ninguna dudas es en que todos creemos en el bien, en pregonarlo y que, a raíz de ello se te abren un montón de portales energéticos que te devuelven lo bueno que vos le tirás al mundo. Desde el mínimo deseo.
Por eso es importantísima la buena onda, una puteada al amanecer, ni bien te levantas, estoy convencido que te condiciona el resto del día.

Y en esta estábamos de acuerdo en que lo que hacíamos sumaba.
O sea ninguno de nosotros va jugar dentro de la cancha y podrá evitar u hacer un gol pero en la antesala tenemos la posibilidad de hacer cosas como esta que tiran buenos augurios e íbamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance. La ocasión era inmejorble, estábamos una semana antes en Mendoza y teníamos muchos días al pedo antes del partido.

También estábamos en concordancia sobre aquello que no íbamos a hacer.
Ya sabíamos de los "gualichos" que hubo en la final de la Conmebol del año 1995 en la que Central remontó un 0-4 y  ante el Atlético Mineiro de Brasil, del estado de Minas Gerais, un sitio plagado de pantanos  y tribus donde los rituales espiritistas están a la orden del día.
Por supuesto en Rosario también tenemos lo nuestro.
Basta acercarse a la playa pública de La Florida y ver la cantidad de "trabajos" que se descartan.
Y en la previa de ese encuentro se habló mucho de hechiceras, magia negra, ritos ancestrales y muñecos vudú. Había un cruce fuerte de energía.

Walter Buhler insiste que hace 23 años que no ganamos nada porque hay un número que tiene que ver con algo de ese partido, algo que pasó en algún minuto, algún hincha que hizo alguna promesa de ganar esa final hipotecando los próximos años sin ganar nada  y plagado de maldiciones.
Es incomprobable pero Wally no puede parar de pensar que en ello algo tienen que ver Vitamina  Sánchez y El Chacho Coudet, quien luego de retirarse como jugador estuvo en dos de las tres finales de Copa Argentina que no pudimos ganar.
Wally insiste que ellos tienen algo fuerte que ver porque tras ese partido se quedaron en el Gigante con la luz apagada, sentados en el círculo central con una linterna, una radio y un champagne hasta el amanecer. Que algo había, que esa promesa algo tenía que ver. Vitamina después se fue caminando hasta la Catedral de Rosario.

Y allí estaba con el Lito,  improvisando en el taxi una heladera con una caja de cartón llena de hielo y latas de Stella Artois. Nuestro instinto de supervivencia para estas cosas es superlativo. Somos los reyes de la improvisación.
Llegamos al estacionamiento del estadio  y allí nos acoplamos a Esteban, Juampi y Wally que llegaron un poco después con los bidones cargados con agua bendita.


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